Actualizado el lunes 19/JUL/21

Mensaje espiritual 

Eficacia de la oración. 

Pidan y se les dará, ha dicho el Señor en el Evangelio, y es una promesa solemne, y Dios siempre cumple lo que promete. Entonces ¿qué esperamos para pedir a Dios todo lo que necesitamos?

Pero Jesús no dice que recibiremos lo que pedimos, sino que si pedimos algo, también algo se nos dará, aunque no sabemos si será lo mismo que hemos pedido. Pero será igual o mejor, porque Dios, a veces, no nos da lo que le pedimos por distintas razones que solo comprenderemos bien en el Cielo, aunque siempre nos da lo que necesitamos y es una ayuda para alcanzar el Paraíso.

Lo que hoy nos parece un bien, tal vez en el futuro sea un estorbo y hasta causa de nuestra ruina temporal y eterna. No sabemos el futuro, pero Dios sí que lo sabe, y por eso a veces no nos concede lo que le pedimos.

Entonces lo que tenemos que practicar aquí es la confianza ciega en Dios, sabiendo que Él es la Bondad infinita y que quiere solo el bien para nosotros, y que Él es “Padre”, con todo lo dulce que es esta palabra en el mejor de los sentidos.

En otra ocasión Jesús nos ha dicho en su Evangelio que cuando pedimos algo, debemos creer en lo profundo del corazón que ya lo hemos recibido, y lo recibiremos. Así que cuando pidamos algo, sepamos que Dios SIEMPRE nos escucha, y nos concederá lo que sea mejor para nosotros y para nuestros hermanos.

A veces el Señor podrá demorar en concedernos una gracia para que la sepamos apreciar mejor cuando la concede, y no la desperdiciemos, porque Él quiere que seamos perseverantes en la oración. Si recibimos esa gracia en seguida, luego nos olvidamos de rezar y así nos hacemos débiles ante los ataques del enemigo. Pero cuando pedimos todos los días una gracia, así vamos rezando cada día y nos hacemos fuertes contra las tentaciones del Maligno; y Dios, además, por nuestra oración insistente nos va concediendo otras gracias, a veces hasta incluso mayores de la que nosotros pedimos.

No desconfiemos de Dios y recemos todo lo más que podamos, porque Dios nos escucha y la oración nunca vuelve estéril, sino que alcanza el trono de Dios y nos obtiene toda clase de gracias y dones para vivir bien esta vida en la tierra, y luego alcanzar la gloria del Paraíso.

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