Actualizado el sábado 3/NOV/18

(Sección especialmente dedicada para el Grupo ALMAS APOSTÓLICAS)

Mensaje sobre el apostolado

d) LA VIDA INTERIOR PRODUCE ALEGRÍA Y CONSUELO

Sólo un amor ardiente e inquebrantable llena de luz una existencia, porque el amor posee el secreto de dilatar el corazón aun en medio de los grandes dolores y de las fatigas más abrumadoras.

La vida del hombre apostólico es una trama en que se cruzan los sufrimientos y los trabajos. Si no está convencido de que Jesús le ama, qué tristes, qué inquietas y sombrías son sus horas, aun en el de carácter más alegre, a no ser que el astuto e infernal cazador haga brillar a sus ojos el espejuelo de los consuelos humanos y de los éxitos aparentes, para cazar la cándida alondra en sus redes enmarañadas. Únicamente el Hombre-Dios llena el alma de la satisfacción inmensa que la impulsa a lanzar este grito sobrehumano: Superabundo gaudio in omni tribulatione nostra . En medio de mis pruebas más íntimas y duras, dice el apóstol lo más elevado de mi ser, como Jesús en el huerto de Getsemaní, goza de una dicha que, aunque no trasciende a los sentidos, es tan viva, que, a pesar de las agonías de la parte inferior, no la cambiaría por todas las alegrías humanas.

Y el alma acepta las cruces de las pruebas, contradicciones, humillaciones, sufrimientos, pérdidas de bienes y hasta la muerte de los seres queridos, de muy distinta manera que al principio de su conversión.

Va creciendo en la caridad de día en día. Aunque su amor no tenga fulguraciones y el Maestro la lleve, como a las almas fuertes, por el camino del anonadamiento o por los senderos más arduos, de la expiación por sus culpas o las del mundo, poco importa. Con los favores del recogimiento y el alimento de la Eucaristía, su amor va creciendo sin cesar, manifestándose en la generosidad con que el alma se sacrifica y abandona; y en la entrega total de si misma que la impulsa a ir, sin preocuparse de sus penas, a buscar almas para ejercer con ellas su apostolado, con tal paciencia, prudencia, tacto y discreción, que sólo puede explicarse porque vive ya la vida de Jesús: Vivit vero in Christus.

El sacramento del amor debe ser el sacramento de la alegría. No puede haber alma interior que no sea eucarística y que no saboree íntimamente el don de Dios, gozando de su presencia y paladeando la dulzura del ser amado que posee y adora.

La vida del hombre apostólico es vida de oración. "La vida de oración, dice el Santo Cura de Ars, es la dicha mayor de este mundo. ¡Oh vida maravillosa, Unión encantadora del alma con nuestro Señor! La eternidad será demasiado corta para comprender esta felicidad... La vida interior es un baño de amor en que el alma penetra... sintiéndose como ahogada en el amor... Dios la toma entre sus manos como una madre sostiene la cabeza de su hijo para cubrirle de besos y caricias".

El hombre apostólico conoce también otra clase de dichas. Porque es un alimento de alegría contribuir a que el objeto de su amor sea servido y colmado de honores.

Las obras que practica, al aumentar su amor, hacen crecer al mismo tiempo sus alegrías y sus consuelos. "Venator animarum", tiene la satisfacción de contribuir a la salvación de muchos semejantes que hubieran sido condenados, y, como consecuencia, la alegría de consolar a Dios, dándole corazones de que hubiera estado separado eternamente, y el gozo inefable de saber que con ello recibe la seguridad de progresar en el bien y las más sólidas garantías de la gloria eterna.

(De "El alma de todo apostolado", Dom Chautard)

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