Actualizado el sábado 15/ENE/22

(Sección especialmente dedicada para el Grupo ALMAS APOSTÓLICAS)

Mensaje sobre el apostolado

QUINTA PARTE

ALGUNOS PRINCIPIOS Y AVISOS PARA LA VIDA INTERIOR

2. La Oración, elemento indispensable de la Vida interior y, por consiguiente, del Apostolado

Un deseo vago de vida interior, sentido a causa de la rápida lectura de un volumen, no daría NINGÚN RESULTADO.
Es preciso fijar ese deseo en una resolución precisa, ardiente y práctica.
Muchas personas de obras nos han pedido que les facilitemos los medios de realizar sus propósitos de llevar vida interior, exponiendo algunas resoluciones generales.
Satisfacer esos deseos es agregar una suerte de apéndice a ese volumen.
Lo haremos, sin embargo, con gusto, persuadidos por una parte de que ningún hombre de obras, sea sacerdote o seglar, sacará provecho de la lectura de este libro si no está resuelto a dedicar todas las mañanas unos instantes a la oración mental, y por otra, de que todo sacerdote, para progresar en la vida interior, debe utilizar la Vida litúrgica y ejercitarse en la Guarda del corazón.
Creemos que será más práctico exponer estos tres puntos en forma de resoluciones personales.
No presumimos de enseñar un método nuevo de oración; nos limitamos a extraer el meollo de los métodos mejores.

RESOLUCIÓN DE ORAR

YO QUIERO SER FIEL A LA RESOLUCIÓN DE HACER ORACIÓN TODAS LAS MAÑANAS

I. ¿SE IMPONE ESTA FIDELIDAD?

Yo, SACERDOTE, escuché en los ejercicios espirituales que precedieron a mi ordenación estas graves palabras: Sacerdos, alter Christus y entendí entonces, que de no vivir especialmente de Jesús, no sería un sacerdote según su corazón, ni un alma sacerdotal.
Yo, SACERDOTE, debo vivir en la intimidad de Jesús. Él lo espera de mí. Jam non dicam vos servos... Vos autem dixi amicos
Pero MI VIDA CON JESÚS, Principio, Medio y Fin, se desarrolla en la medida en que El es la Luz de mi razón y de todos mis actos internos y externos; el AMOR que regula todas las afecciones de mi corazón; mi FUERZA en las pruebas, luchas y obras. Y el ALIMENTO de esa Vida sobrenatural que me permite participar de la misma vida de Dios.
Ahora bien; esa Vida con Jesús, ASEGURADA POR MI FIDELIDAD A LA ORACIÓN., es moralmente IMPOSIBLE sin oración.
¿Me negaré a hacerla sabiendo que mi negativa es un ultraje al Corazón de Aquel que me ofrece este Medio de vivir en amistad con Él?
Otro aspecto importante, aunque negativo, de la necesidad que tengo de hacer oración: Según la Economía del Plan divino, la oración es EFICAZ para evitar los peligros inherentes a mi fragilidad, a mis relaciones con el mundo y a algunas de mis obligaciones.
La oración me revestirá de una armadura de acero, que me hará INVULNERABLE a las flechas del enemigo. Sin oración, ellas se me clavarán seguramente. Por tanto, muchas faltas que no advierto, o de que apenas me doy cuenta, me serán imputadas en su causa.
"El sacerdote que está en contacto con el mundo,
SI NO ORA, CORRE UN GRAN PELIGRO DE CONDENARSE, decía sin titubear el piadoso, docto y prudente P. Desurmont, uno de los más experimentados predicadores de Retiros eclesiásticos.
A su vez el Cardenal Lavigerie, escribe: "Para el apóstol no hay término medio entre la santidad adquirida, o al menos deseada y fomentada (sobre todo con la oración diaria), y la perversión progresiva."
Todo sacerdote puede aplicar a la oración que hace, estas palabras Inspiradas por el Espíritu Santo al Salmista: Nisi quod LEX TUA MEDITATIO mea est, tunc forte PERIISSEM IN humilitate mea . Pero esta ley impone al sacerdote la obligación hasta de reproducir el espíritu de Jesucristo.

UN SACERDOTE VALE LO QUE SU ORACIÓN. DOS CATEGORÍAS DE SACERDOTES:

1. ° Los sacerdotes que tienen la resolución firme de ni siquiera retrasar la oración con el pretexto de conveniencia, ocupaciones, etc. Únicamente en algún caso RARÍSIMO de fuerza mayor, la dejarán para hacerla más tarde durante la mañana. Pero nada más.
Estos verdaderos sacerdotes tienen el empeño decidido de obtener resultados apreciables de su oración, que distinguen de la acción de gracias de la Misa, de la lectura espiritual y, a fortiori, de la preparación de un sermón.
Estos poseen la santidad deseada eficazmente. Mientras sigan así, su Salvación está moralmente asegurada.
2. ° Los sacerdotes que sólo tienen una semi-resolución de hacer oración, y la retrasan y omiten con facilidad, desnaturalizando su fin o no haciendo esfuerzo alguno para alcanzarlo.
CONSECUENCIA: tibieza, ilusiones sutiles, embotamiento de conciencia o conciencia falsa... Peligro de resbalar hacia el abismo.
¿A cuál de estas dos categorías quiero pertenecer? Si dudo en la elección es que no hice bien los ejercicios espirituales.
Todo se encadena. Si abandono la media hora de oración de la mañana, pronto la Santa Misa, y por tanto la Comunión, no me serán de provecho personal, y podrán hasta imputárseme a pecado. El rezo penoso y casi mecánico del Breviario no será la cálida y alegre expresión de mi Vida litúrgica. Abandonaré la vigilancia, el recogimiento y, por tanto, las jaculatorias. Y, desgraciadamente, también la lectura espiritual. Mi apostolado irá perdiendo en fecundidad. Ni haré un examen sincero de mis faltas, y mucho menos el examen particular. Mis confesiones
SERÁN DE RUTINA O TAL VEZ DUDOSAS, y EL SACRILEGIO...
¡no se hará esperar!
La ciudadela, cuya defensa va abandonándose día por día, acabará por ser entregada al asalto de una legión de enemigos. Comenzarán por abrir brechas en ella, y acabará todo en un montón de ruinas.

 (De "El alma de todo apostolado", Dom Chautard)

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