Actualizado el jueves 31/ENE/19

(Sección especialmente dedicada para el Grupo ALMAS APOSTÓLICAS)

Mensaje sobre el apostolado

f) LA VIDA INTERIOR ES UN ESCUDO CONTRA EL ABATIMIENTO

Esta frase de Bossuet: Cuando Dios quiere que una obra sea producto exclusivo de su mano, empieza por reducir todo a la impotencia o a la nada, y obra después, es incomprensible para el apóstol que ignora lo que debe ser el alma de su apostolado.

Lo que más hiere a Dios es la soberbia. Pero cuando buscamos el éxito, podemos fácilmente, por carecer de pureza de intención, llegar a erigir nos en una especie de divinidad, considerándonos como el principio y el fin de nuestros actos.

Dios siente horror por la idolatría. Cuando ve que la actividad de su apóstol carece de esa impersonalidad que su gloria exige a sus criaturas, a veces deja el campo libre a las causas segundas, y el edificio no tarda en venirse abajo.

Imaginemos a un obrero activo, abnegado e inteligente que ha puesto manos a la obra con todo el ardor de su naturaleza; que ha conocido el triunfo en toda su brillantez, complaciéndose en él. ¿Por qué no, si es su obra? Podría hacer suya la célebre frase de César: Veni, vidi, vici. Pero esperemos un poco. Un acontecimiento permitido por Dios, o la acción directa de Satanás o del mundo vienen a herir su obra o su misma persona, ¡y se sigue la ruina total! Pero más lamentable que esto es el estrago de su espíritu, fruto de la tristeza y anonadamiento de ese desgraciado, que ayer era un valiente. Su abatimiento es tanto más profundo, cuanto más exuberante fue su júbilo.

Sólo Nuestro Señor podría restaurar esas ruinas. "Levántate, le dice a ese apóstol sin alientos, y en vez de obrar por tu cuenta, emprende de nuevo tu trabajo conmigo, por Mí y en Mí".

Pero el desgraciado no puede escuchar esta voz. Se encuentra tan anulado interiormente, tan exteriorizado, que para percibirla sería menester un milagro de la gracia, con el cual no tiene derecho a contar por sus muchas infidelidades. A ese hombre infortunado, en medio de su desolación no le queda sino una vaga convicción de la Omnipotencia de Dios y de su Providencia paternal; pero eso no basta para disipar las olas de tristeza que van asaltándole continuamente.

¡Qué distinto espectáculo ofrece el verdadero sacerdote que tiene como ideal reproducir a Nuestro Señor! ¡Sus dos grandes palancas para actuar sobre los corazones de Dios y de los hombres, son la oración y la santidad de su vida! Trabajó mucho, acaso hasta el agotamiento; pero el espejismo del éxito le pareció una perspectiva indigna de un verdadero apóstol; si en cambio las borrascas azotan su obra, reflexiona que las causas segundas tienen muy poca importancia. En medio del montón de ruinas, por haber trabajado con Nuestro Señor, siente resonar en el fondo de su corazón el mismo Noli timere que durante la tempestad dio a los discípulos pusilánimes, la paz y la seguridad.

Y el resultado de esa prueba es un impulso mayor hacia la Eucaristía y una devoción más íntima a Nuestra Señora de los Dolores.

Así su alma no queda aplastada por el fracaso; al contrario, sale rejuvenecida de su aplastamiento: Sicut aquilae juventus renovabitur .

¿Dónde encontrar el secreto de ese humilde triunfo en medio de la derrota? Buscadlo en su unión con Jesús y en la inquebrantable confianza que tiene en su omnipotencia, las cuales pusieron en los labios de San Ignacio de Loyola esta frase que escalofría: "Sí la Compañía fuese disuelta sin culpa mía me bastaría un cuarto de hora de oración con mi Dios para recobrar la calma y la paz". "El corazón de las almas interiores, en medio de sus humillaciones y sufrimientos, es como una roca en medio del mar" .

Ciertamente el apóstol sufre porque se perderán muchas de sus ovejas al esterilizarse sus esfuerzos y destruirse su obra, pero su tristeza, por amarga que sea, nunca disminuirá su ardor para recomenzar la empresa, porque sabe muy bien que toda redención, aunque sea de una sola alma, se realiza por medio del sufrimiento. Además, basta para sostenerlo la certeza de que los contratiempos y las amarguras soportados con generosidad, hacen progresar en la virtud y dan a Dios una gloria mayor.

Por lo demás, sabe perfectamente que Dios, a menudo, le pide únicamente que haga la siembra. Otros vendrán más tarde para recoger los frutos abundantes de la cosecha, y acaso creerán que a ellos se les debe; pero el cielo sabrá discernir al autor, en aquella labor ingrata y estéril en apariencia que precedió a los recolectores.
Misi vos metere quod vos non laborastis; alii laboraverunt et vos in labores eorum introistis .

Nuestro Señor, autor de los triunfos de sus apóstoles, realizados después de Pentecostés, no quiso durante su vida pública, sino lanzar la semilla por medio de sus lecciones y ejemplos; y predijo a sus apóstoles que harían obras mayores que las suyas: Opera quae ego facio, et ipse faciet, et majora horum faciet .

¿Cómo va a desanimarse el verdadero apóstol, ni a dejarse arrastrar por las palabras de los pusilánimes? Pretender que los fracasos le condenan a la inacción, es no comprender ni su vida íntima, ni su fe en Jesucristo. Abeja infatigable, va con alegría a hacer nuevos panales en la colmena devastada.

(De "El alma de todo apostolado", Dom Chautard)

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