Actualizado el jueves 29/ABR/21

(Sección especialmente dedicada para el Grupo ALMAS APOSTÓLICAS)

Mensaje sobre el apostolado

b) La Vida interior hace al Apóstol santificador por el buen ejemplo

En el sermón de la Montaña, el divino Maestro llama a sus apóstoles sal de la tierra y luz del mundo .
Somos sal de la tierra en la medida en que somos santos. Si la sal se desvanece, ¿para qué sirve? Ab inmundo quid mundabitur? . Sólo vale para ser arrojada y pisada. En cambio, el apóstol piadoso, verdadera sal de la tierra, será un eficaz agente de conservación, en medio de este mar corrompido que es la sociedad humana. Faro que brilla en la noche, lux mundi, la luz de su ejemplo, mejor que su palabra, disipará las tinieblas acumuladas por el espíritu del mundo, y hará que resplandezca el ideal de la verdadera dicha, que trazó Jesús en el Sermón de las ocho Bienaventuranzas.
Lo que más anima a los fieles a practicar una vida verdaderamente cristiana es precisamente la virtud de quien tiene la misión de enseñársela. En cambio sus flaquezas les alejan del Señor de una manera inevitable: Nomen Dei per vos blasphematur inter gentes . Por eso todo apóstol debe tener en las manos la antorcha del ejemplo antes que en los labios las palabras brillantes, y practicar el primero las virtudes que predica. Quien tiene la misión de decir cosas grandes, está obligado a practicarlas, según la palabra de San Gregorio .
Se ha dicho con razón que los médicos de los cuerpos pueden curar a los enfermos de la enfermedad que ellos padecen; pero para curar las almas es indispensable tener el alma sana, porque la cura se realiza por el don de sí. Los hombres están en su derecho al ser exigentes con quien tiene la pretensión de enseñarles a reformarse. Al momento observan si hay conformidad entre sus palabras y sus obras o si la moral de que se reviste el apóstol es una envoltura de hipocresía y en conformidad con el resultado de sus observaciones, dan o retiran su confianza.
¡Con qué autoridad podrá hablar de la oración aquel sacerdote a quien el pueblo ve con frecuencia cerca del Huésped del Tabernáculo, tantas veces solitario! ¡Con qué eficacia será escuchada la palabra del hombre trabajador y mortificado, cuando predique el trabajo y la penitencia! Y si hace la apología de la caridad fraterna, encontrará corazones que se ablandan, si él cuidó de infundir en su rebaño el buen olor de Cristo y cuida de que se reflejen en su conducta la dulzura y la humildad del divino Modelo. Forma gregis ex animo .
El profesor que no tiene vida interior creerá haber cumplido su deber, limitándose a la explicación del programa de su asignatura. Pero si es hombre interior, una frase escapada de sus labios o de su corazón, una emoción reflejada en su rostro, un gesto expresivo, menos aún, la forma de hacer la señal de la cruz o de rezar la oración del comienzo o del final de la clase, aunque se trate de una clase de matemáticas, pueden ser más eficaces para sus discípulos que un sermón.
La Hermana de la Caridad o la Religiosa de un asilo dispone de poder y medios eficaces para infiltrar en las almas el amor y las enseñanzas de Jesucristo, sin extralimitarse en sus atribuciones. Pero como les falte la vida interior, no llegarán ni a sospechar siquiera que tenían ese poder y se limitarán a fomentar los actos de piedad puramente exterior.
La propagación del Cristianismo se realizó no por medio de largas y frecuentes discusiones, sino por el ejemplo de las costumbres cristianas, tan opuestas al egoísmo, a la injusticia y a la corrupción paganas.
En su famosa obra "Fabiola", el Cardenal Wiseman pone de relieve el poder del ejemplo de los primeros cristianos en las almas de los paganos más prevenidos contra la religión cristiana. En dicha obra asistimos al avance progresivo e irresistible de un alma hacia la luz. Los nobles sentimientos y las virtudes modestas o heroicas que la hija de Fabio observa en personas de toda condición, impresionan a la joven. Pero qué cambio se opera en ella y qué revelación es para su alma el descubrimiento de que todas aquellas personas caritativas, abnegadas, modestas, dulces, mensuradas, que practican la justicia y la castidad, pertenecen a aquella secta que se le ha presentado siempre como la más execrable. Desde aquel momento es ya cristiana.
Al acabar la lectura del libro, piensa uno: ¡Ah si los católicos, o al menos los hombres de obras, conservasen algo de aquel esplendor de vida cristiana que describe el ilustre Cardenal, que no es otra cosa que la práctica del Evangelio! ¡Qué influencia más irresistible ejercería su apostolado sobre esos paganos modernos tan prevenidos a veces contra el Catolicismo, a causa de las calumnias de los sectarios o del carácter acerbo de las polémicas, o también del modo que tenemos de reivindicar nuestros derechos que hace pensar si nacerá de nuestro orgullo herido más que del afán de defender los intereses de Jesucristo!
¡Oh irradiación del alma unida a Dios, qué poderosa eres! Tú decidiste entrar en la Congregación del Santísimo Redentor, que tanto había de ilustrar al joven Desurmont, al ver cómo celebraba la misa el Padre Passerat.
El pueblo tiene intuiciones infalibles. Si predica un hombre de Dios, acude en tropel a oírle. Pero como la conducta de un hombre de obras no se ajuste a lo quo se esperaba de él, por muy hábilmente que organice y dirija su obra, ésta queda irremisiblemente comprometida y acaso desaparecida al poco tiempo.
Ut videant opera vestra bono, et glorificent Patrem , decía Nuestro Señor. San Pablo insiste en la recomendación del buen ejemplo, con sus discípulos Tito y Timoteo: In ómnibus teipsum pruebe exemplum bonorum operum ; Exemplum esto fidelium in verbo, in conversatione, in charitate, in fide, in castitate .
Y les dice: Quae vidistis in me, haec agite . Imitatores mei estote, sicut et ego Christi . Y su palabra, toda verdad, se apoya en aquella seguridad y aquel celo humildísimos, por otra parte, que hicieron prorrumpir a Jesús en este apostrofe: Quis ex vobis arguet me de peccato? .
Si el apóstol sigue el ejemplo de aquel de quien está escrito Coepit facere et docere , será Operarium inconfusibilem .
Sobre todo, hijos amantísimos, escribía León XIII, no os olvidéis de que la condición indispensable verdadero celo, que garantiza sus resultados, es la pureza y santidad de vida .
Un hombre santo, perfecto y virtuoso, decía Santa Teresa, hace a las almas un bien mayor que un gran número de otros que son más instruidos y mejor dotados que él, pero nada más.
Como el espíritu no se somete a la regla de una conducta cristiana y santa, declara Pío X, será muy difícil que promueva el bien en los demás. Y añade: Todos cuantos son llamados a las obras católicas, han de ser hombres de vida ejemplar y sin tacha, para que sirvan de ejemplo a los demás

 (De "El alma de todo apostolado", Dom Chautard)

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