Actualizado el sábado 15/JUN/19

(Sección especialmente dedicada para el Grupo ALMAS APOSTÓLICAS)

Mensaje sobre el apostolado

a) La Vida interior atrae las bendiciones de Dios

Inebriabo animam sacerdotum pinguedine, et populus meus bonis meis adimplebitur . Notemos la relación de las dos partes de este texto. No dice Dios: "Daré a mis sacerdotes más celo ni más talento", sino "Henchiré su alma." ¿Qué significa esto sino que los llenará de su espíritu y les comunicará gracia de elección, para que "su pueblo reciba la plenitud de sus bienes"?
Dios hubiera podido distribuir su gracia según su beneplácito, sin mirar a la piedad de su ministro ni a las disposiciones de los fieles. Así obra en el bautismo de los niños. Pero, por ley ordinaria de su Omnipotencia, esos dos elementos miden los dones celestiales.
Sine me nihil potestis facere . Tal es el principio. Corrió la sangre redentora en el Calvario; ¿cómo asegurará Dios su primera fecundidad? Por un milagro de difusión de la vida interior. Antes de Pentecostés, los apóstoles tienen una cerrazón de ideal y de celo que espantan; desciende sobre ellos el Espíritu Santo; los transforma en hombres de vida Interior, y su predicación hace maravillas. Por vía ordinaria Dios no renovará el prodigio del Cenáculo, sino que vinculará sus gracias a la libre y esforzada correspondencia de sus criaturas.
Pero al hacer de Pentecostés la fecha oficial del nacimiento de la Iglesia, ¿no da a entender su deseo de que sus ministros sean santos, antes de asumir la tarea de corredentores?
Por esto, los verdaderos obreros apostólicos confían más en sus sacrificios y oraciones que en su actividad. El P. Lacordaire hacía una larga oración antes de subir al pulpito, y de vuelta a su celda, se disciplinaba. El P. Monsabré no predicaba sus conferencias de Nuestra Señora de París sin antes rezar de rodillas los quince misterios del rosario. A un amigo que le hablaba de esto, le contestó: "Es la última infusión que tomo antes de subir al pulpito." Estos dos religiosos vivían de este principio enunciado por San Buenaventura: Los secretos de un apostolado fecundo se encuentran al pie del crucifijo, mejor que en el despliegue de las cualidades más brillantes. Manent tria haec: verbum, exemplum et oratio, major autem his, est oratio , dice San Bernardo. Expresión muy fuerte, pero exacto comentario de la resolución que tomaron los apóstoles de dejar ciertas obras para dedicarse a la oración. Orationi primero y después el ministerio de la palabra: Ministerio verbi .
¿Hemos subrayado bastante a este propósito la importancia primordial que el Salvador da al espíritu de oración? Dirigiendo su mirada al mundo y a los siglos que vendrían después, y viendo la muchedumbre c.e almas llamadas a recibir loe beneficios del Evangelio, dice entristecido: La mies es mucha y los obreros pocos. Messis quidem multa, operarii autem pauci . ¿Qué medios escoge para extender su doctrina con mayor rapidez? ¿Ordenará a sus discípulos que frecuenten las escuelas de Atenas o que vayan a Roma a escuchar de labios del César la estrategia para conquistar y administrar los imperios?... Hombres de celo, escuchad al Maestro. Su programa se cifra en este principio luminoso que va a descubrirnos.
Rogate ergo Dominum messis ut mittat operarios in messem suam . Para nada menciona las organizaciones sabias, ni los recursos, ni los templos y escuelas que deben construirse. Rogate ergo. El principio fundamental es la oración; el espíritu de oración. El Maestro no cesa de repetirlo. Todo lo demás se dará por añadidura.
¡Rogate ergo! Si el tímido murmurio de la oración de un alma santa puede suscitar más legiones de apóstoles que la voz elocuente de un reclutador de vocaciones que tiene menos espíritu de Dios, hemos de confesar que la fecundidad de los trabajos de los verdaderos apóstoles tiene su origen en el espíritu de oración que los informa, el cual corre parejas con su celo.
¡Rogate ergo! Comenzad por orar; después es cuando Nuestro Señor añade: Euntes docete..., praedicate . Dios sin duda utilizará el medio de la predicación, pero las bendiciones que hacen fecundos los ministerios están reservadas a las plegarias del hombre de oración; plegarias que tienen el poder de extraer del seno del Padre los efluvios ardientes de una acción irresistible sobre las almas.
Pío X, con su autorizada palabra, pone de relieve la tesis de nuestra modesta obra, cuando dice:
Para restaurar todas las cosas en Cristo por medio del apostolado de las obras, es necesaria la gracia de Dios, y el apóstol no la recibe si no está unido a Cristo. Formemos a Jesucristo en nosotros, para poder devolvérselo a las familias y a las sociedades. Cuantos participan en el apostolado están obligados a ser verdaderamente piadosos .
Lo que hemos dicho de la oración ha de aplicarse al otro elemento de la vida interior, o sea al sufrimiento, dentro del cual entra todo cuanto contraria a la naturaleza interior o exteriormente.
Un hombre puede sufrir como un pagano, como un condenado o como un santo. Para sufrir con Jesús hay que aspirar a sufrir como un santo. Sólo entonces nos aprovecha el sufrimiento y sirve para que la Pasión pueda aplicarse a las almas.
Adimpleo ea quae desunt passionum Christi in carne mea, pro corpore ejus, quod est Ecclesia . Impletae erant, dice S. Agustín comentando este pasaje, impletae erant omnes, sed in capite restabant adhuc passiones Christi in membris . Praecessit Christus in capite; Jesucristo sufrió como Cabeza. Sequitur in corpore: Ahora le toca sufrir a su cuerpo místico. Todo sacerdote puede decir: Ese cuerpo soy yo; soy un miembro de Cristo y debo completar para su cuerpo, que es la Iglesia, lo que les falta a los sufrimientos de Grieto.
El dolor, dice el P. Fáber, es el más excelso de los Sacramentos. Este profundo teólogo muestra la necesidad del dolor y explica sus glorias. Todos los argumentos que expone pueden ser aplicados a la fecundidad de las obras, en virtud de los sacrificios del obrero evangélico, unidos al sacrificio del Gólgota, mediante los cuales participa en la eficacia infinita de la Sangre divina.

 (De "El alma de todo apostolado", Dom Chautard)

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