Actualizado el martes 20/NOV/18

Mensaje sobre la oración 

Para salvarse.

He querido, amado lector, poner por delante estas solemnes afirmaciones que luego escribiré, para que agradezcas a Dios que por medio de este librito mío te dé la gracia de una mayor reflexión sobre la importancia de este gran medio de la oración; porque, todos los que se salvan – hablando de los adultos – ordinariamente por este único medio se salvan.

 “El gran medio de la oración” - San Alfonso María de Ligorio.

Comentario: 

Dice también San Alfonso María de Ligorio que: “El que reza se salva, y el que no reza se condena”. Siendo esto así no sé cómo es que a veces todavía somos tan negligentes en la oración, cómo es que la dejamos para el último momento del día, en que nos encontramos tan cansados que ya no tenemos fuerzas para rezar. Nos pasa algo parecido a lo que les sucedió a los apóstoles en el Huerto de los Olivos, que mientras el Señor sudaba sangre, ellos dormían. Pero Cristo les había dicho que velaran y no durmieran, que rezaran porque el espíritu está dispuesto pero la carne es débil. ¿Y cómo terminó todo? Los apóstoles sucumbieron a la tentación y a la prueba, y en el momento preciso no estuvieron preparados.

A nosotros también nos sucederá algo parecido si no rezamos todos los días, ya que en el momento de la tentación y de la prueba, y lo que es peor aún, en el mismo momento de la muerte, no nos encontraremos dispuestos y preparados y podemos pasar a la eternidad en malas condiciones de alma, esperándonos allí el Infierno eterno.

Es cierto que Dios puede ser misericordioso también para aquel que no haya rezado, como sucedió al Buen Ladrón, que se salvó misericordiosamente en el último momento. Pero también es cierto que si él no había rezado nunca, sí rezó en los últimos momentos con esas hermosas palabras que le dijo a Jesús Crucificado.

El medio ordinario para salvarse es la oración, y así como cuando tenemos un bien lo aseguramos por temor a perderlo, así también la oración es como un seguro espiritual con el que aseguramos nuestra vida eterna. Y no sólo aseguramos nuestra eternidad feliz, sino también nuestra vida temporal y la vida de nuestros seres queridos.

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