Actualizado el domingo 9/MAY/21

Mensaje sobre la oración 

El hombre depende de Dios. 

A este propósito hace un sabio escritor esta ingeniosa observación: A unos animales dio el Creador patas ágiles para correr, a otros garras, a otros plumas, y esto para que puedan atender a la conservación de su ser ... pero al hombre lo hizo el Señor de tal manera que El mismo quiere ser toda su fortaleza. Por esto decimos que el hombre por sí solo es completamente incapaz de alcanzar la salvación eterna, porque dispuso el Señor que cuanto tiene y pueda tener, todo lo tenga con la ayuda de su gracia.

Y apresurémonos a decir que esta ayuda de la gracia, según su providencia ordinaria, no la concede el Señor, sino a aquel que reza, como lo afirma la célebre sentencia de Gennadio: Firmemente creemos que nadie desea llegar a la salvación si no es llamado por Dios ... que nadie camina hacia ella sin el auxilio de Dios ... que nadie merece ese auxilio, sino el que se lo pide a Dios.

Pues si tenemos, por una parte, que nada podemos sin el socorro de Dios y por otra que ese socorro no lo da ordinariamente el Señor sino al que reza ¿quién no ve que de aquí fluye naturalmente la consecuencia de que la oración es absolutamente necesaria para la salvación? Verdad es que las gracias primeras, como la vocación a la fe y la penitencia las tenemos sin ninguna cooperación nuestra, según San Agustín, el cual afirma claramente que las da el Señor aun a los que no rezan. Pero el mismo doctor sostiene como cierto que las otras gracias, sobre todo el don de la perseverancia, no se conceden sino a los que rezan.

De aquí que los teólogos con San Basilio, San Juan Crisóstomo, Clemente Alejandrino y otros muchos, entre los cuales se halla San Agustín, sostienen comúnmente que la oración es necesaria a los adultos y no tan sólo necesaria como necesidad de precepto, como dicen las escuelas, sino como necesidad de medio. Lo cual quiere decir que, según la providencia ordinaria de Dios, ningún cristiano puede salvarse sin encomendarse a Dios pidiéndole las gracias necesarias para su salvación. Y lo mismo sostiene Santo Tomás con estas graves palabras: Después del Bautismo le es necesaria al hombre continua oración, pues si es verdad que por el bautismo se borran todos los pecados, no lo es menos que queda la inclinación desordenada al pecado en las entrañas del alma y que por fuera el mundo y el demonio nos persiguen a todas horas.

He aquí como el Angélico Doctor demuestra en pocas palabras la necesidad que tenemos de la oración. Nosotros, dice, para salvamos tenernos que luchar y vencer, según aquello de San Pablo: El que combate en los juegos públicos no es coronado, si no combatiere según las leyes. Sin la gracia de Dios no podemos resistir a muchos y poderosos enemigos ... Y como esta gracia sólo se da a los que rezan, por tanto sin oración no hay victoria, no hay salvación.

 “El gran medio de la oración” - San Alfonso María de Ligorio. 

Comentario: 

Y esto de que el hombre depende completamente de Dios, lo vemos también en el niño recién nacido, pues todas las especies de animales más o menos vienen apertrechados con lo necesario para sobrevivir solos, pero el niño, si no recibe los cuidados de sus padres, moriría de frío o de calor o de hambre, y no sabe hacer nada solo.

Con este ejemplo el Señor nos quiere decir que todos los hombres en realidad somos como niños recién nacidos, que tenemos un Padre en el Cielo que quiere cuidar de nosotros, y que sin Él no podemos arreglarnos solos.

¡Ay de los que creen que sin Dios se pueden valer solos! Así le va al mundo de hoy por haber dejado de lado a Dios. Ya que si un niño es dejado por sus padres, muy pronto será cadáver o presa de animales. Así también este mundo que se ha alejado de Dios, muy pronto será aniquilado si un milagro de la Divina Misericordia no lo salva. Y este milagro lo podemos obtener con la oración, pues Dios nos dará lo necesario para salvarnos y salvar al mundo, siempre y cuando se lo pidamos insistentemente en la oración.

Dependemos en todo de Dios, aunque algunos no lo crean, y tanto más recibiremos de Él, cuanto más le pidamos en la oración.

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