Actualizado el miércoles 19/DIC/18

Confidencias de Jesús a un Sacerdote

Mons. Ottavio Michelini

7 de abril de 1976 

HIJOS MIOS ¡VALOR! 

Hijo mío, escribe: Soy Yo, la Madre, la que completo la serie de los mensajes de estos días.

Son voces que vienen del Cielo. Son voces que atentamente debéis acoger y meditar con fe.

Son Gracias que Él y Yo, Madre suya y vuestra, hemos predispuesto para que podáis proceder con serenidad y solicitud a adaptaros a la Voluntad divina siguiendo los impulsos y las sugerencias tan claramente dadas.

Hijos míos, no debéis, no podéis dudar más. La duda en vosotros, se vuelve ingratitud culpable. No os detengáis en una lectura simple, superficial, sino reflexionad atentamente, rezad fervorosamente, ofreced generosamente. Buscad el intensificar vuestra unión con Él y Conmigo que soy para vosotros realmente madre.

Hijos míos, ya no es tiempo de ligerezas. Mis lágrimas son lágrimas de dolor y de amor. Los hijos verdaderamente buenos funden las lágrimas de la madre que los ama tiernamente, con las suyas. Quiero decir que los hijos verdaderamente buenos no se contentan con saber o deplorar que la Madre llore, sino que lloran con la Madre, porque el dolor de la Madre es su dolor.

Hijos míos, ¡animo! Estáis en mi Corazón Inmaculado, estáis en el Corazón Misericordioso del mío y vuestro Jesús. Las nubes precursoras de tormenta se amontonan cada vez más en el cielo. Recemos y reparemos, a fin de que el temporal no estalle antes del tiempo.

Las iniquidades se multiplican, los sacrilegios van en aumento, los pecados y las provocaciones son más numerosos que las arenas del mar. Si no se contrapone penitencia, oración y reparación, la hora de las tinieblas puede ser anticipada. 

Reaccionar contra el mal 

La humanidad, puesta en la balanza, se ha encontrado pavorosamente en deuda con la Justicia divina.

Vosotros, hijos míos, podéis y debéis reaccionar contra el mal ofreciendo vuestra efectiva colaboración a las fuerzas del bien. No prevalecerán, porque Yo intervendré una vez más, como ejército formado para la batalla.

Bajo el impulso y la influencia de Satanás y de sus formaciones, la humanidad pecadora se ha organizado. También las fuerzas del bien, superando todas las dificultades, se deben unir para rechazar el ataque del Enemigo.

¡Todos sois hijos de Dios! Esto debe bastar y ser más que suficiente para unirnos en defensa de la verdad y de la Iglesia, que es y será siempre una Madre amorosa para vosotros.

¡Estemos unidos con Jesús, nuestra Cabeza, nuestro Rey Divino!

Os bendigo, hijitos míos, os bendigo. Con vosotros bendigo a los que os son queridos.

(Confidencias de Jesús a un Sacerdote – P. Ottavio Michelini)

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