Actualizado el domingo 9/DIC/18

Milagro Eucarístico

CORTEJO ANGÉLICO 

Año 1240 Cordona España 

Ramón de Liconat, de Foix y de Cardona, llamado vulgarmente San Ramón Nonato, glorioso ornamento de su nobilísima familia y de la esclarecida Orden de la Merced, fue muy devoto de la Sagrada Eucaristía.

Deseando el Papa Gregorio IV tenerle cerca de sí, le ordenó fuera a Roma, y el Santo, como verdadero obediente, se puso al punto en camino, pero le llamó Dios a la gloria cuando su Vicario le llamaba a Roma, porque yendo a Cardona a despedirse de los Vizcondes sus parientes, que se lo rogaron , al tercer día de su estancia en palacio le sobrevino una gravísima enfermedad, y conociendo que se le acercaba la hora de partir de este mundo, hizo llamar a algunos Religiosos del Convento de Barcelona para morir entre hermanos de Religión.

Pidió luego el sacramento de la Eucaristía por Viático, pero deteniéndose mucho el sacerdote que se lo había de administrar, por providencia de Dios que iba a honrarle con un singular favor, y viendo el Santo que daba prisa su enfermedad, suplicó al Señor no le desamparase ni le negase aquel consuelo.

Oyó Dios la fervorosa plegaria de su humilde siervo, y al instante entró por la puerta de la pieza donde estaba el enfermo, una hermosísima procesión de ángeles vestidos en hábito de la Merced, con velas blancas en las manos, cerrando el angélico cortejo un varón de aspecto muy venerable, que se creyó era Cristo, con ornamentos sacerdotales y la custodia del Sacramento en la mano.

En viendo la procesión, el siervo de Dios se arrojó de la cama, y puesto de hinojos a los pies de aquel divino sacerdote, recibió de su mano el santísimo Viático con gran devoción y dulzura.

Únicamente San Ramón mereció gozar de esta venerable visita: los demás vieron una muy intensa claridad que cegaba los ojos, hasta que al salir la procesión se hizo a todos visible la majestad y extremada belleza de tantos ángeles que se dirigían hacia un cercano río llamado Cardoner, el cual pasaron sobre el agua sin haber barca ni puente, desapareciendo luego hasta perderse de vista.

Volvió el Santo lleno de inefable gozo a la cama y levantando los ojos y las manos al cielo con mucha devoción y voz clara, dijo: In manus tuas, Dómine, commendo spiritum meum; y entregó su espíritu en manos de su Criador, el último domingo de agosto del año 1240. 

(P. Pedro Rivandeira, S. J., Flos Sanctorum)


Suscríbase al Grupo AMIGOS DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO - CLIC AQUÍ.