(Sección especialmente dedicada a los Apóstoles de la Divina Misericordia)

Actualizado el domingo 5/JUN/22

Obras de Misericordia

Amparar a un niño. 

Si Jesús promete grandes premios a quienes socorran a quienes están necesitados, ¡cuánto mayor premio dará a quien ampare a un pequeño, a un niño desamparado material o moralmente!

Porque los niños son los predilectos del Señor, y los ángeles de los niños están constantemente viendo el rostro de Dios en el Cielo. Por eso lo que hacemos de bueno o malo a un niño, será premiado o castigado inmediatamente por Dios, que lo ve todo y que recuerda lo que se hizo en bien o en mal de una de sus criaturas.

Ya lo ha dicho el Señor en el Evangelio que quien recibe a un niño en su Nombre, lo recibe a Él mismo. Y recibir a un niño no sólo quiere decir darle un alojamiento y comida, sino también Jesús se refiere a ese otro alojamiento y comida significados por el amparo moral de los pequeños. Cuando un niño está desamparado o en grave peligro moral, ya sea porque sus padres se han separado, o está sometido a una situación de escándalo, si nosotros lo amparamos con la oración, el cariño, la guía y haciéndolos reír y olvidar un poco la triste realidad a la que está sometida su vida, entonces Jesús, que es Dios, nos dará un premio tan grande que seremos felices ya desde este mundo, porque no hay nada que llene más el corazón del hombre, que el sentirse amados por el Señor, y el saber que estamos haciendo lo que a Él le agrada, y que estamos haciendo el bien.

Jesús, en Vos confío.


Dijo Jesús a Santa Faustina Kowalska: “Si un alma no practica la misericordia de alguna manera, tampoco la alcanzará en el día del juicio. Oh, si las almas supieran acumular los tesoros eternos, no serían juzgadas, porque la misericordia anticiparía mi juicio”.

Recordemos que las obras de misericordia son las siguientes:

Espirituales: enseñar al que no sabe, dar buen consejo al que lo necesita, consolar al triste, corregir al que yerra, perdonar las injurias, sufrir pacientemente los defectos ajenos, orar a Dios por vivos y difuntos.

Corporales: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, dar posada al peregrino, visitar a los enfermos, redimir al cautivo, enterrar a los muertos.

Dijo también Jesús: "Hija Mía, necesito sacrificios hechos por amor, porque sólo éstos tienen valor para Mí. Es grande la deuda del mundo contraída Conmigo, la pueden pagar las almas puras con sus sacrificios, practicando la misericordia espiritualmente".

La Misericordia divina es infinita, pero la podemos limitar con nuestra falta de confianza en Dios o nuestra falta de misericordia con el prójimo.

¡Qué menos que un acto de misericordia hacia el prójimo cada día! Sea de obra, palabra o con la oración.

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