(Sección especialmente dedicada a los Apóstoles de la Divina Misericordia)

Actualizado el martes 23/ENE/24

Obras de Misericordia

Dar buen ejemplo. 

Si bien el “dar buen ejemplo” no es propiamente una de las catorce obras de misericordia, sí cae bajo la órbita de “enseñar al que no sabe”, y de “dar buen consejo al que lo necesita”, porque el dar buen ejemplo hace todo esto y más, ya que permite enseñar sin “sermonear”, sino con la actitud que uno tiene ante las cosas.

Por eso dar buen ejemplo en todo, vivir cristianamente y de manera intachable, es una gran obra de misericordia para quienes nos ven, ya que debemos recordar que, como dice un dicho popular: “Hay personas para quienes quizás nuestra vida sea la única Biblia que lean”. ¡Qué tremenda responsabilidad tenemos los católicos!, porque el mundo entero nos está mirando. Somos esa ciudad colocada en la cima del monte, o como la lámpara en lugar elevado de que habla el Señor en el Evangelio.

Por ello es tan conveniente recordar siempre que Dios nos mira constantemente, para que así seamos conscientes de que debemos actuar bien en todo y con todos, pues Dios nos mira y es quien nos juzgará: “Mira que Dios te mira, mira que te está mirando, mira que vas a morir, mira que no sabes cuándo”.

Recordemos las tremendas palabras de Jesús dirigidas a los escandalosos, que son lo opuesto al que vive virtuosamente y da buen ejemplo. El escandaloso hace las veces de demonio.

Jesús, en Vos confío.


Dijo Jesús a Santa Faustina Kowalska: “Si un alma no practica la misericordia de alguna manera, tampoco la alcanzará en el día del juicio. Oh, si las almas supieran acumular los tesoros eternos, no serían juzgadas, porque la misericordia anticiparía mi juicio”.

Recordemos que las obras de misericordia son las siguientes:

Espirituales: enseñar al que no sabe, dar buen consejo al que lo necesita, consolar al triste, corregir al que yerra, perdonar las injurias, sufrir pacientemente los defectos ajenos, orar a Dios por vivos y difuntos.

Corporales: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, dar posada al peregrino, visitar a los enfermos, redimir al cautivo, enterrar a los muertos.

Dijo también Jesús: "Hija Mía, necesito sacrificios hechos por amor, porque sólo éstos tienen valor para Mí. Es grande la deuda del mundo contraída Conmigo, la pueden pagar las almas puras con sus sacrificios, practicando la misericordia espiritualmente".

La Misericordia divina es infinita, pero la podemos limitar con nuestra falta de confianza en Dios o nuestra falta de misericordia con el prójimo.

¡Qué menos que un acto de misericordia hacia el prójimo cada día! Sea de obra, palabra o con la oración.

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