(Sección especialmente dedicada a los Apóstoles de la Divina Misericordia)

Actualizado el miércoles 21/JUL/21

Obras de Misericordia

Soportar los defectos. 

¡Cuánto nos santifica el soportar los defectos ajenos, y hasta nuestros propios defectos! Porque todos tenemos defectos, y los hombres tendemos a ver más evidentes los defectos de los demás que los propios.

Suele pasar en el matrimonio, que luego de haberse casado, los cónyuges comienzan a descubrir sus defectos mutuos, que a veces el demonio se encarga de agigantarlos, y así empieza un descontento y un reproche constante, si no con palabras y gritos, al menos con actitudes, miradas, etc.

Hay que aprender a soportarnos mutuamente por amor, porque es necesario que paguemos por nuestros pecados ya sea en este mundo o en el otro. Y si Dios nos quiere acortar el Purgatorio, entonces nos manda modos de sufrir en este mundo, y uno de esos modos es el tener que soportar las miserias de los demás.

Ahora si nosotros nos rebelamos y no queremos sufrir a nadie, entonces perdemos una gran oportunidad de descontar de lo que tenemos que pagar, y nos espera un largo Purgatorio.

¡Qué insensatos que somos, porque no sabemos aprovechar estas gracias que nos da el Señor! Porque el poder padecer algo, es gracia de Dios, ya que con el sufrimiento es como nos salvamos y salvamos a los demás.

Seamos misericordiosos con todos, en especial con los más cercanos, con los que convivimos cada día. Porque a veces nos olvidamos de aplicar lo que sabemos de Dios y del Catecismo, con nuestros propios familiares y seres queridos.

También Jesús tuvo que soportar a los apóstoles, que se ve muy claro en el Evangelio que no entendían a Jesús, tenían miles de defectos, algunos eran testarudos, etc., y el Señor los soportó y los amó. Hagamos también nosotros lo mismo con las personas con las que nos relacionamos, y seremos apreciados por Dios y por los hombres.

Jesús, en Vos confío.


Dijo Jesús a Santa Faustina Kowalska: “Si un alma no practica la misericordia de alguna manera, tampoco la alcanzará en el día del juicio. Oh, si las almas supieran acumular los tesoros eternos, no serían juzgadas, porque la misericordia anticiparía mi juicio”.

Recordemos que las obras de misericordia son las siguientes:

Espirituales: enseñar al que no sabe, dar buen consejo al que lo necesita, consolar al triste, corregir al que yerra, perdonar las injurias, sufrir pacientemente los defectos ajenos, orar a Dios por vivos y difuntos.

Corporales: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, dar posada al peregrino, visitar a los enfermos, redimir al cautivo, enterrar a los muertos.

Dijo también Jesús: "Hija Mía, necesito sacrificios hechos por amor, porque sólo éstos tienen valor para Mí. Es grande la deuda del mundo contraída Conmigo, la pueden pagar las almas puras con sus sacrificios, practicando la misericordia espiritualmente".

La Misericordia divina es infinita, pero la podemos limitar con nuestra falta de confianza en Dios o nuestra falta de misericordia con el prójimo.

¡Qué menos que un acto de misericordia hacia el prójimo cada día! Sea de obra, palabra o con la oración.

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