(Sección especialmente dedicada a los Apóstoles de la Divina Misericordia)

Actualizado el viernes 21/ENE/22

Obras de Misericordia

Aprovechemos el tiempo. 

¡Hay tantas miserias en el mundo! Y no creamos que Dios no las podría remediar en un abrir y cerrar de ojos, sino que por un designio de su Providencia infinita, ha querido, o al menos permite, que haya estas miserias de todas clases, para darnos la oportunidad a nosotros de practicar la compasión y la misericordia.

A veces estamos deseosos por hacernos de una fortuna material y buscamos cielo y tierra para ganar dinero o bienes materiales. Y no nos damos cuenta de que al alcance de la mano tenemos una fortuna mucho mayor, que son nuestros prójimos sufrientes, que si los socorremos con caridad, entonces nos hacemos de una fortuna incorruptible que nos esperará en el Cielo.

Pero no creamos que esto nos traerá sólo bienes espirituales para gozar en el Paraíso, porque ya aquí en la tierra gozaremos de esos bienes, ya que el Señor no se deja ganar en generosidad y a Él le gusta que tengamos para dar, por eso volcará en nuestro regazo un cúmulo de bienes espirituales, morales y hasta materiales, para que socorramos cada vez mejor a nuestros hermanos menos favorecidos y alcanzados por la desgracia.

Busquemos los tesoros donde hay que buscarlos, en los que sufren, en los pobres no sólo materiales sino sobre todo en los pobres espirituales, los abandonados, los despreciados, los pecadores.

Si hacemos así, entonces no sólo que nadaremos en la abundancia, incluso material cuando sea conveniente, sino que tendremos una conciencia tranquila, limpia, y viviremos felices, con un fuego de amor en el corazón y la alegría de estar haciendo que este mundo sea menos triste y amargo de lo que es.

Jesús, en Vos confío.


Dijo Jesús a Santa Faustina Kowalska: “Si un alma no practica la misericordia de alguna manera, tampoco la alcanzará en el día del juicio. Oh, si las almas supieran acumular los tesoros eternos, no serían juzgadas, porque la misericordia anticiparía mi juicio”.

Recordemos que las obras de misericordia son las siguientes:

Espirituales: enseñar al que no sabe, dar buen consejo al que lo necesita, consolar al triste, corregir al que yerra, perdonar las injurias, sufrir pacientemente los defectos ajenos, orar a Dios por vivos y difuntos.

Corporales: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, dar posada al peregrino, visitar a los enfermos, redimir al cautivo, enterrar a los muertos.

Dijo también Jesús: "Hija Mía, necesito sacrificios hechos por amor, porque sólo éstos tienen valor para Mí. Es grande la deuda del mundo contraída Conmigo, la pueden pagar las almas puras con sus sacrificios, practicando la misericordia espiritualmente".

La Misericordia divina es infinita, pero la podemos limitar con nuestra falta de confianza en Dios o nuestra falta de misericordia con el prójimo.

¡Qué menos que un acto de misericordia hacia el prójimo cada día! Sea de obra, palabra o con la oración.

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