(Sección especialmente dedicada a los Apóstoles de la Divina Misericordia)

Actualizado el miércoles 12/FEB/25

Obras de Misericordia

Dar de comer al hambriento. 

El estómago es como el “segundo cerebro”, ya que como dice el dicho: “Panza llena, corazón contento”. Y esto lo sabe Dios, que quiere que todos los hombres tengan lo necesario para alimentarse, y alimentarse bien, y así estar felices y alabar a Dios.

Pero Dios ha permitido que en el mundo haya miseria para dar la oportunidad a los hombres de que se ejerciten en la misericordia. Y así hay gente que tiene hambre, y Dios esto lo permite para que los que tienen bienes suficientes socorran a estos hambrientos, y así practiquen la misericordia, siendo imitadores del Padre celestial que es misericordioso.

Jesús mismo daba de comer a los hombres porque el Señor sabe muy bien que el hombre no es solo espíritu, sino espíritu y cuerpo, y para el cuerpo necesita del sustento.

Dios nos manda también comer más abundantemente los días de fiesta, para que nos alegremos en esos días y exultemos de gozo. Por eso nosotros debemos tratar de dar de comer a los hambrientos que llegan hasta nuestra puerta, e incluso salir a buscar hambrientos de pan, para aliviarlos en sus necesidades materiales y de esa forma, ellos también canten las grandezas del Señor, y alaben a Dios dándole gracias.

Porque debemos saber que cuando alimentamos a un hambriento, el hambriento que calma su hambre, enseguida piensa en la bondad de Dios, porque tal vez hasta ese momento él pensaba que Dios no lo tenía en cuenta y que lo había olvidado. En cambio nosotros, con nuestra obra de misericordia, le hemos ayudado a recuperar la confianza en la bondad amorosa de Dios, que socorre a sus criaturas a través de nosotros.

Jesús, en Vos confío.


Dijo Jesús a Santa Faustina Kowalska: “Si un alma no practica la misericordia de alguna manera, tampoco la alcanzará en el día del juicio. Oh, si las almas supieran acumular los tesoros eternos, no serían juzgadas, porque la misericordia anticiparía mi juicio”.

Recordemos que las obras de misericordia son las siguientes:

Espirituales: enseñar al que no sabe, dar buen consejo al que lo necesita, consolar al triste, corregir al que yerra, perdonar las injurias, sufrir pacientemente los defectos ajenos, orar a Dios por vivos y difuntos.

Corporales: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, dar posada al peregrino, visitar a los enfermos, redimir al cautivo, enterrar a los muertos.

Dijo también Jesús: "Hija Mía, necesito sacrificios hechos por amor, porque sólo éstos tienen valor para Mí. Es grande la deuda del mundo contraída Conmigo, la pueden pagar las almas puras con sus sacrificios, practicando la misericordia espiritualmente".

La Misericordia divina es infinita, pero la podemos limitar con nuestra falta de confianza en Dios o nuestra falta de misericordia con el prójimo.

¡Qué menos que un acto de misericordia hacia el prójimo cada día! Sea de obra, palabra o con la oración.

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