(Sección especialmente dedicada a los Apóstoles de la Divina Misericordia)

Actualizado el martes 2/OCT/18

Obras de Misericordia

Dar posada al peregrino. 

Todos somos peregrinos en este mundo, y vamos golpeando en las puertas de los santos y de los ángeles para que nos vayan dando ayuda y alojamiento mientras vamos de camino por la vida. Pues así como nos gusta que ellos nos abran y nos den todo lo necesario para seguir en la senda de la vida, así también debemos saber abrir nuestra casa al hombre cansado y que nos pide un lugar para dormir o descansar y tomar fuerzas. Como dice el Apóstol: “Muchos, sin saberlo, han dado alojamiento a ángeles”.

Se puede decir que en estos tiempos hay tanta maldad que los peregrinos tal vez sean ladrones o asesinos encubiertos. Puede ser. Pero no quedará sin recompensa el que les hayamos abierto nuestra morada, y si nos roban o nos matan, seremos mártires del amor y Dios nos coronará en el Cielo como a verdaderos mártires.

Pero, además, debemos confiar en Dios que nos sabrá defender de los malvados. ¿O no creemos en el poder de Dios que, en un momento puede poner multitud de ángeles para defendernos, si fuera necesario?

El posadero de Belén no quiso dar posada a la Sagrada Familia y se quedó en la oscuridad. Porque se cerró al prójimo, se cerró a Dios. ¡Qué diferente habría sido para él si les hubiera conseguido un lugar a José y a María! ¡Que no nos pase algo similar a nosotros por cerrarle las puertas al peregrino, en quien debemos ver SIEMPRE a Jesús!

Jesús, en Vos confío.


Dijo Jesús a Santa Faustina Kowalska: “Si un alma no practica la misericordia de alguna manera, tampoco la alcanzará en el día del juicio. Oh, si las almas supieran acumular los tesoros eternos, no serían juzgadas, porque la misericordia anticiparía mi juicio”.

Recordemos que las obras de misericordia son las siguientes:

Espirituales: enseñar al que no sabe, dar buen consejo al que lo necesita, consolar al triste, corregir al que yerra, perdonar las injurias, sufrir pacientemente los defectos ajenos, orar a Dios por vivos y difuntos.

Corporales: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, dar posada al peregrino, visitar a los enfermos, redimir al cautivo, enterrar a los muertos.

Dijo también Jesús: "Hija Mía, necesito sacrificios hechos por amor, porque sólo éstos tienen valor para Mí. Es grande la deuda del mundo contraída Conmigo, la pueden pagar las almas puras con sus sacrificios, practicando la misericordia espiritualmente".

La Misericordia divina es infinita, pero la podemos limitar con nuestra falta de confianza en Dios o nuestra falta de misericordia con el prójimo.

¡Qué menos que un acto de misericordia hacia el prójimo cada día! Sea de obra, palabra o con la oración.

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