(Sección especialmente dedicada a los Apóstoles de la Divina Misericordia)

Actualizado el lunes 26/SEP/22

Obras de Misericordia

Dar ánimo al desanimado. 

No es una obra de misericordia enumerada entre las comunes, pero es necesario que la practiquemos en estos tiempos, pues son muchos los que están desanimados por la gran maldad que hay en el mundo, y bajan los brazos y de descorazonan. Incluso a veces nos pasa también a nosotros mismos, que al ver los pocos frutos del apostolado, o el gran mal que hay en la humanidad, nos damos por vencidos y bajamos los brazos. Y el demonio ayuda no poco a que esto se dé así, pues el diablo tiene experiencia en desalentar almas, y sabe que el desaliento es el paso previo al pecado, porque la tristeza atrae la influencia diabólica.

Jesús experimentó el desánimo especialmente en el Huerto de los Olivos, pero no sucumbió a él. Efectivamente el demonio le mostró, y Jesús también lo intuyó con su inteligencia divina, para cuántos sería inútil su Pasión y Muerte. Y este saber lo abatió a tal punto que sólo con el consuelo del ángel, pudo recuperarse y enfrentar la realidad, e ir al encuentro del traidor con entereza y valor.

Jesús sabe muy bien que nos desalentamos con facilidad, y por eso quiere usarnos a nosotros para que demos ánimo a los hermanos, pues sabemos por experiencia que es fácil caer en el desánimo.

No nos dejemos ganar por el desánimo, porque Cristo es el único vencedor, y nosotros vencemos con Él, aunque los frutos sean pocos o ninguno, el Señor premia por el trabajo y el sufrimiento, y no por los frutos obtenidos.

Jesús, en Vos confío.


Dijo Jesús a Santa Faustina Kowalska: “Si un alma no practica la misericordia de alguna manera, tampoco la alcanzará en el día del juicio. Oh, si las almas supieran acumular los tesoros eternos, no serían juzgadas, porque la misericordia anticiparía mi juicio”.

Recordemos que las obras de misericordia son las siguientes:

Espirituales: enseñar al que no sabe, dar buen consejo al que lo necesita, consolar al triste, corregir al que yerra, perdonar las injurias, sufrir pacientemente los defectos ajenos, orar a Dios por vivos y difuntos.

Corporales: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, dar posada al peregrino, visitar a los enfermos, redimir al cautivo, enterrar a los muertos.

Dijo también Jesús: "Hija Mía, necesito sacrificios hechos por amor, porque sólo éstos tienen valor para Mí. Es grande la deuda del mundo contraída Conmigo, la pueden pagar las almas puras con sus sacrificios, practicando la misericordia espiritualmente".

La Misericordia divina es infinita, pero la podemos limitar con nuestra falta de confianza en Dios o nuestra falta de misericordia con el prójimo.

¡Qué menos que un acto de misericordia hacia el prójimo cada día! Sea de obra, palabra o con la oración.

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