(Sección especialmente dedicada a los Apóstoles de la Divina Misericordia)

Actualizado el miércoles 5/MAY/21

Obras de Misericordia

Miserias en el mundo. 

Dios ha dejado miserias en el mundo. Vemos por todas partes hombres, mujeres y niños que sufren hambre, sed, desnudez, ignorancia, tristeza, dolor, sufrimiento. ¿Y por qué Dios no lo arregla todo de una vez? Porque él espera que lo arreglemos nosotros, haciendo obras de misericordia con nuestros hermanos más necesitados, ya que de esa forma nos hacemos misericordiosos y tenemos ese parecido con Dios, cuyo mayor atributo es la Misericordia.

Tenemos tesoros de infinito valor a nuestro alcance. No se trata de oro ni plata, sino de los hombres, mujeres y niños que sufren en el mundo. Ellos son los tesoros de que disponemos para socorrerlos y ganarnos enormes premios en el Cielo, pero no sólo en el Cielo, sino que ya tendremos nuestra recompensa en la tierra.

¡Ay de los que pasen por esta vida sin mirar siquiera a los que padecen necesidades! No tendrán con Dios la nota de la misericordia, y tampoco hallarán misericordia en el Juicio.

No hace falta tener dinero o poder para hacer obras de misericordia, porque también están las obras de misericordia espirituales, que están al alcance de todos. Así que si no aprovechamos este regalo que nos hace Dios, de poder ejercitar la misericordia con los hermanos, entonces nosotros seremos los más pobres entre los pobres, pero no de una pobreza santa, sino de una pobreza que causa horror a los ángeles.

Estamos a tiempo todavía. Si fuimos duros, descuidados o insensibles con nuestros prójimos, es tiempo de revertir esa situación y comenzar ya mismo a practicar el amor con los demás.

Jesús, en Vos confío.


Dijo Jesús a Santa Faustina Kowalska: “Si un alma no practica la misericordia de alguna manera, tampoco la alcanzará en el día del juicio. Oh, si las almas supieran acumular los tesoros eternos, no serían juzgadas, porque la misericordia anticiparía mi juicio”.

Recordemos que las obras de misericordia son las siguientes:

Espirituales: enseñar al que no sabe, dar buen consejo al que lo necesita, consolar al triste, corregir al que yerra, perdonar las injurias, sufrir pacientemente los defectos ajenos, orar a Dios por vivos y difuntos.

Corporales: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, dar posada al peregrino, visitar a los enfermos, redimir al cautivo, enterrar a los muertos.

Dijo también Jesús: "Hija Mía, necesito sacrificios hechos por amor, porque sólo éstos tienen valor para Mí. Es grande la deuda del mundo contraída Conmigo, la pueden pagar las almas puras con sus sacrificios, practicando la misericordia espiritualmente".

La Misericordia divina es infinita, pero la podemos limitar con nuestra falta de confianza en Dios o nuestra falta de misericordia con el prójimo.

¡Qué menos que un acto de misericordia hacia el prójimo cada día! Sea de obra, palabra o con la oración.

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