Actualizado el domingo 20/ENE/19

Palabras de Jesús

Los que lloran. 

Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. (Mt 5, 5)  

Comentario: 

Si queremos ser buenos cristianos, en este mundo vamos a llorar, porque esta vida es prueba y Satanás pone pruebas en el camino para hacernos desistir de los buenos propósitos. Por eso si queremos ser fieles a Dios, tendremos que derramar lágrimas, pero ya el Señor nos dice que este llanto, estas lágrimas, serán enjugadas por su amor y misericordia en el Cielo. Pero ya aquí en la tierra será enjugado este llanto, pues quien sufre sobre el Corazón de Jesús ya tiene alivio en sus penas, y así debemos sufrir estas penas de la vida, sobre el Corazón divino de Cristo. Jesús lloró muchas veces, y María también derramó muchas lágrimas. ¿Y nosotros queremos pasar la vida sin llanto? Esto no puede ser porque si ellos lloraron, nosotros también deberemos sufrir y llorar, pero ese llanto se convertirá en gozo perfecto en el Cielo, donde seremos felices para siempre, con una alegría que no podemos imaginar en este mundo.

Jesús, en Vos confío.

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"Jesús, en el Tabor, se manifestó con toda su majestad y con toda su gloria a sus tres discípulos preferidos. De la nube luminosa que los envolvía resonó repentinamente una voz, la voz del Padre celestial: «Este es mi Hijo muy amado, en quien he puesto mis complacencias: escuchadlo».

Otro hecho evangélico.

Sucedió en las bodas de Caná. La delicadeza atenta de Nuestra Señora acaba de adivinar el aprieto de quienes la han invitado. Ella, y Ella sola, conoce la omnipotencia de Jesús. Y va a abogar por la causa de sus amigos. «Hijo, no tienen vino». A primera vista Jesús parece desechar el pedido; en realidad, y como siempre, la oración de su Madre va a ser escuchada. María lo ha comprendido enseguida. Apaciblemente dice a los servidores: «Haced lo que El os diga».

Por eso en esta sección se irán colocando frases de Jesús tomadas del Santo Evangelio, para seguir el consejo que nos dio el Padre eterno y la Santísima Virgen, es decir escuchar al Señor y obrar de acuerdo a sus enseñanzas.