Actualizado el domingo 10/FEB/19

Quince minutos con el Divino Niño Jesús

Mi gran Amigo.

Divino Niño Jesús tú eres mi gran Amigo. Quiero tratar todos los días contigo para aprender a ser pequeño y sencillo. Tú eres el Amigo que no falla. ¡Son innumerables los milagros y testimonios que hablan de los admirables favores con que tú premias a los que tienen su fe y esperanza puesta en ti! Yo también quiero ser del número de estos devotos tuyos, que confían ciegamente en ti. Yo también te quiero pedir, por los méritos de tus doce años de infancia, los favores que tanto necesito y que tú me quieres conceder. Te amo, Pequeño Niño Jesús, y sé que nunca me dejarás, pase lo que pase siempre estarás a mi lado, y contigo no temo nada, porque sé que siempre a tu lado también está María, tu Madre, que es el terror del Infierno, y con ustedes Dos yo seré feliz en este mundo y en el otro. Divino Niño, de hoy en adelante quiero confiar cada día más en ti, porque hasta ahora no he tenido la suficiente confianza en ti y por eso tal vez no he obtenido grandes milagros tuyos en mi favor y en favor de los que amo. Pero a partir de hoy te prometo tener más fe en ti y en tu poder, y serte fiel devoto hasta la hora de mi muerte, momento en que espero que tú estés a mi lado en tan difícil trance. ¡Te amo, Niño Jesús, y quiero ser siempre tuyo y agradarte en todo, cada día más!


Del Diario de Santa Faustina Kowalska: 

+ La Hora Santa. Durante esta hora procuraba meditar la Pasión del Señor. No obstante mi alma fue inundada de gozo y de repente vi al pequeño Niño Jesús.  Y su Majestad me penetró y dije: Jesús, Tú eres tan pequeño, pero yo sé que Tú eres mi Creador y Señor. Y Jesús me contestó: Lo soy y trato contigo como un niño para enseñarte la humildad y la sencillez. (Diario # 184) 

+ Jueves.  Al empezar la Hora Santa, quería sumergirme en la agonía de Jesús en el Huerto de los Olivos. De repente oí en el alma la voz: Medita los misterios de la Encarnación. Y de pronto, delante de mi apareció el Niño Jesús de una belleza resplandeciente.  Me dijo cuánto agradaba a Dios la sencillez del alma. Aunque Mi grandeza es inconcebible, trato solamente con los pequeños, exijo de ti la infancia del espíritu. (Diario # 332) 

Ahora veo claramente cómo Dios obra por medio del confesor y cómo es fiel a sus promesas. Hace dos semanas el confesor me ordenó meditar sobre la infancia del espíritu. Al principio eso me resultaba algo difícil, sin embargo, el confesor sin hacer caso a mi dificultad, me ordenó continuar la meditación sobre la infancia del espíritu. En la práctica esta infancia debe manifestarse así: El niño no se ocupa del pasado ni del futuro, sino que aprovecha el momento presente. Deseo destacar esta infancia del espíritu en usted, hermana, y doy a eso mucha importancia. (Diario # 333) 

Veo cómo [el Señor Jesús] se inclina a los deseos del confesor, ya que en este período no se me aparece como maestro en la plenitud de fuerzas y de humanidad como adulto, sino que se me aparece como un niño pequeño. Este Dios infinito, se humilla hasta mí bajo la apariencia de un niñito pequeño. Pero la mirada de mi alma no se detiene en la superficie. Aunque tomas la apariencia de un niñito pequeño, yo veo en Ti al Inmortal, al Infinito Señor de los señores, adorado (141) día y noche por los espíritus puros, para el cual arden los corazones de los serafines con el fuego del amor purísimo. Oh Cristo, oh Jesús, deseo superarlos en el amor hacia Ti. Les pido el perdón, oh espíritus puros, por haber osado compararme con ustedes. Yo, un abismo de miseria, una vorágine de miseria, pero Tú, oh Dios, que eres un abismo inconcebible de misericordia, absórbeme como el ardor del sol absorbe una gota de rocío. Tu mirada amorosa allana todo abismo. Me siento sumamente feliz de la grandeza de Dios. Ver la grandeza de Dios, es para mi absolutamente suficiente para sentirme feliz por toda la eternidad. (Diario # 334) 

Una vez, al ver a Jesús bajo la apariencia de un niñito pequeño, pregunté: Jesús, ¿por qué ahora tratas conmigo tomando el aspecto de un niñito pequeño?  Después de todo, yo veo en Ti a Dios Infinito, al Creador y a mi Señor.  Jesús me contestó que hasta que yo no aprendiera la sencillez y la humildad, trataría conmigo como a un niño pequeño. (Diario # 335)

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