Actualizado el sábado 18/MAY/19

Quince minutos con María

Ser como tú, María. 

María, Madre mía, enséñame a ser como tú, que hacías los trabajos más humildes y también tenías las contemplaciones y oraciones más sublimes. Ayúdame a hacer bien todos mis deberes de estado, a no ser nunca impaciente y amar a todos. Estar siempre alegre y disponible para mis hermanos, ser servicial con todos como tú lo fuiste en las bodas de Caná. También quiero ser dulce como tú, porque la dulzura atrae y convierte. Decía San Francisco de Sales que se cazan más moscas con una gota de miel que con un barril de vinagre. Y yo quiero ser dulce. No importa que los demás se burlen de mi bondad. Prefiero ser bueno y “pasarme” de bueno, que ser iracundo, pendenciero, violento, vengativo. Que siempre tenga delante de mis ojos tu rostro sereno, para que en los momentos de tempestad tus ojos de me den la paz y la tranquilidad. Contigo, Madre mía, yo ya soy feliz aquí en la tierra. ¡Y lo que será en el Cielo! Te amo, querida Mamá.


Así como todos los días debemos tener por lo menos unos quince minutos de oración personal con Jesús, de ser posible frente al Santísimo Sacramento; así también es necesario que empleemos por lo menos quince minutos de nuestro día a tratar con nuestra dulcísima Madre la Virgen, de ser posible frente a una de sus imágenes benditas.

Es por eso que hoy, 25 de marzo de 2009, comienzo a publicar estos sencillos textos que tratarán de ser una ayuda en la conversación que mantendremos con Nuestra Señora durante esos quince minutos diarios.

Con esta práctica nos acostumbraremos a hablar con María y con el paso del tiempo nuestro hablar con Ella se hará ininterrumpido.

¡Ojalá estos textos den sus frutos y que cada vez amemos más a nuestra Madre del Cielo!

¡Ave María Purísima!

¡Sin pecado concebida! 

 

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