Actualizado el viernes 7/DIC/18

Quince minutos con María

Contento contigo. 

¡Qué contento estoy, María, de que seas mi Madre que tanto me ama! Aunque todos me abandonasen, yo seguiría siendo feliz porque sé que tú no me abandonarás jamás, y si tú no me abandonas, tampoco me abandonará Dios, pues él está siempre contigo y, donde estás tú, también está Dios, está Jesús. Quiero emprender grandes obras por tu amor. Dame fuerzas para ser tu apóstol, para darte a conocer a todas las gentes. En la medida de mis posibilidades quisiera darte a conocer a mis hermanos para que te amen y experimenten ellos mismos la alegría de amarte y de sentirse amados por ti. ¡Qué dulce es recostarse sobre tu pecho, Madre querida! ¡Qué gran regalo nos ha hecho Jesús al darnos a ti como Madre de todos los hombres! ¡Y hay tantos hombres que no te conocen! Yo quiero darte a conocer. Purifica mis labios y mi corazón para que hable dignamente de ti a mis hermanos y los lleve a todos a tu Corazón Inmaculado.


Así como todos los días debemos tener por lo menos unos quince minutos de oración personal con Jesús, de ser posible frente al Santísimo Sacramento; así también es necesario que empleemos por lo menos quince minutos de nuestro día a tratar con nuestra dulcísima Madre la Virgen, de ser posible frente a una de sus imágenes benditas.

Es por eso que hoy, 25 de marzo de 2009, comienzo a publicar estos sencillos textos que tratarán de ser una ayuda en la conversación que mantendremos con Nuestra Señora durante esos quince minutos diarios.

Con esta práctica nos acostumbraremos a hablar con María y con el paso del tiempo nuestro hablar con Ella se hará ininterrumpido.

¡Ojalá estos textos den sus frutos y que cada vez amemos más a nuestra Madre del Cielo!

¡Ave María Purísima!

¡Sin pecado concebida! 

 

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