Actualizado el viernes 24/MAY/19

REFLEXIÓN DEL DÍA

Santa Comunión

La Eucaristía es el Pan de los fuertes. En ella encontramos todo lo necesario para poder seguir en el combate de esta vida. Nunca debemos dejar la comunión a menos que estemos completamente seguros de que estamos en pecado grave. Pero si estamos dudosos tenemos que seguir comulgando, pues el demonio hará todo lo posible por alejarnos de la Eucaristía, porque sabe que si seguimos fieles a la Comunión estaremos perdidos para él.

Hagamos el propósito de comulgar todos los días que podamos, si es posible diariamente, porque allí está toda nuestra fuerza y salvación y, si dejamos de comulgar tarde o temprano entrará la tibieza en nosotros y despaciosamente nos iremos precipitando en el pecado. No dejemos la Comunión por ligereza o descuido, ya que en ella está el mismo Cristo que se nos da en alimento y con Él vienen todos los dones y gracias para el alma.

Cuando comemos un alimento común, nuestro cuerpo asimila el alimento y transformamos ese alimento en nuestro propio cuerpo, es decir, lo transformamos en carne y sangre. Pero cuando comulgamos sucede al revés, pues en lugar de nosotros asimilar a Cristo, es Cristo el que nos transforma y asimila a Él, y así nos vamos cristificando cada vez más, hasta que al final llegamos a ser otros Cristos.

La Eucaristía es el Corazón de Jesús, y con esto ya está todo dicho.

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