Actualizado el miércoles 5/MAY/21

Reflexionando con la Biblia

Caín y Abel. 

Conoció Adán a Eva, su mujer, la cual concibió y dio a luz a Caín, y dijo: “He adquirido un varón con el favor de Yahvé.” Otra vez dio a luz y tuvo a Abel, su hermano. Fue Abel pastor de ovejas y Caín labrador. Pasado algún tiempo, presentó Caín a Yahvé una ofrenda de los frutos de la tierra. Y también Abel ofreció de los primogénitos de su rebaño, y de la grasa de los mismos. Yahvé miró a Abel y su ofrenda; pero no miró a Caín y su ofrenda, por lo cual se irritó Caín en gran manera, y decayó su semblante. (Génesis 4, 1-5). 

Reflexión: 

Las ofrendas agradan a Dios cuando son ofrecidas por hombres y mujeres que obran bien, o si son pecadores, por lo menos que tienen la intención y el propósito de comenzar a obrar bien en adelante; pero Dios no acepta las ofrendas de los malvados, y Caín era malvado, era envidioso, y por eso el Señor no aceptó su ofrenda.

El Señor lo ha dicho en su Evangelio, que si vamos a presentar la ofrenda ante el altar, y recordamos que un hermano tiene alguna queja contra nosotros, que dejemos la ofrenda allí, ante el altar, y vayamos primero a reconciliarnos con nuestro hermano, y luego sí volvamos a presentar la ofrenda. Es decir, que Dios acepta la ofrenda cuando tenemos un corazón reconciliado con el hermano y cuando no tenemos odio ni envidia, cosa que no ocurría con Caín, que ya tenía deseos de matar a su hermano.

Caín demudó su rostro, porque la envidia afea la cara y hace que uno se parezca al demonio.

Esto nos enseña que debemos obrar siempre bien si queremos que Dios acepte nuestras ofrendas y atienda nuestras oraciones, y que no debemos tener envidia de nadie y ser humildes y pedir perdón, si hemos pecado, con humildad.

Si desea recibir esta Reflexión en su correo electrónico, por favor
SUSCRÍBASE AQUÍ