Actualizado el martes 30/DIC/25

Repasando el Catecismo

57. Si Dios es todopoderoso y providente ¿por qué entonces existe el mal?

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Al interrogante, tan doloroso como misterioso, sobre la existencia del mal solamente se puede dar respuesta desde el conjunto de la fe cristiana. Dios no es, en modo alguno, ni directa ni indirectamente, la causa del mal. Él ilumina el misterio del mal en su Hijo Jesucristo, que ha muerto y ha resucitado para vencer el gran mal moral, que es el pecado de los hombres y que es la raíz de los restantes males.

 (Del Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica)

 

Comentario:

 

El mal nació por sí solo. Cuando el ángel más poderoso, bello e inteligente se rebeló contra Dios y quiso ser semejante a Dios o incluso superior, ahí nació el mal. Fue Lucifer, el ángel caído que se convirtió en demonio y con él arrastró un discreto y enorme número de otros ángeles, que fueron también transmutados en demonios horrendos. Esto sucedió antes del tiempo, antes de que fuera creada la Tierra y el Hombre.

Dios, que es infinitamente inteligente y sabio, sabía que esto iba a suceder, como sabía también que el Hombre pecaría en los primeros. ¿Y por qué lo permitió?

Esta pregunta nos la haremos infinidad de veces, no sólo con respecto a la permisión de la rebelión de los demonios y al pecado original, sino cada vez que en nuestra vida o en el mundo veamos un mal, suframos un dolor, tengamos una prueba, etc.

Lo que sucede es que Dios ha dado libertad a sus criaturas, y el Señor demuestra su poder, haciendo que hasta el mismo mal sirva al proyecto que Él tiene.

Es como un músico en cuya orquesta hay alguien que ha desafinado. Si es hábil el músico, entonces hace que todo el concierto cambie de nota y, aceptando ese desafinar, lleve a toda la orquesta a producir una buena obra.

Dios no es malo, ni puede querer el mal, ni puede desearlo, porque el mal es una imperfección, un defecto, y Dios es perfecto.

Recordemos esto cuando suframos algún mal, no echándole la culpa a Dios, sino más bien al demonio y a los pecados, los nuestros y los de todos, porque es el diablo quien causa todo el mal en el universo.

¡Alabado sea Dios!

 

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Aquí transcribo unas palabras del fallecido Obispo Manuel González, que nos hablan de la importancia del Catecismo:

"Decía yo en el año 33 en plena república laica: Al grito de moda oficial de "¡Nada de Catecismo!", que muchas veces se traduce en "¡Todo contra el Catecismo!", no creo que haya católico ni católica de veras, y, a fuer de tal, enterado y persuadido de lo que es y vale su Doctrina, que no oponga con todo su corazón el suyo de "¡Todo por el Catecismo!"

Nuestro deber y nuestra conciencia de católicos nos dicen que, no solamente hay que suplir el Catecismo que deja de enseñarse en las escuelas laicas oficiales, sino que hay que inundar a las almas de chicos y grandes con enseñanzas de Doctrina cristiana.

¿Quién, que quiera un poco, no más, a su Religión y a su Patria puede impasible ver venir generaciones, irreligiosas, sin temor ni esperanza, sin fe ni conciencia, sin ley de Dios ni freno de respeto a la Autoridad de los hombres que de Él viene?

Repito hoy en plena recristianización de España: hay que dar Catecismo a todos y mientras más mejor y en todas las formas que la conciencia, el celo y el ingenio dicten porque quedan muchos laicos y muchos emboscados, y la salvación completa no puede venir sino del Catecismo bien sabido y practicado."