Actualizado el domingo 1/AGO/21

Ser santos

Devoción al Espíritu Santo.

No podemos ser santos con nuestras solas fuerzas, sino que la santificación de un alma es obra del hombre, pero, sobre todo, es obra de Dios, del Espíritu Santo, que es el Santificador.

Por eso no hay nada más eficaz para ser santos que tener una tierna y constante devoción al Espíritu Santo, ya que Él es quien nos da todas sus gracias y luces para que escalemos el monte de la santidad, y nos lleva de la mano y nos empuja con su soplo divino hacia las cumbres de la perfección.

Y si somos devotos del Espíritu Santo, entonces también obedeceremos sus inspiraciones y las luces que nos concede. Y sabemos muy bien que la santidad consiste en hacer la voluntad de Dios y seguir con fidelidad las mociones del Espíritu Santo.

No dejemos pasar ni una sola inspiración sin seguirla, sin secundar a este Espíritu de Amor que nos quiere hacer semejantes a Jesús.

La fidelidad a las inspiraciones del Espíritu divino es lo que nos lleva, casi sin darnos cuenta, hasta la cima de la santidad. No rechacemos la voluntad de Dios, porque ser santos consiste en adecuar nuestra voluntad y hacerla coincidir con la Voluntad de Dios.

Digámosle frecuentemente esta oración: “Ven Espíritu Santo, ven por medio del Inmaculado Corazón de María, tu amadísima Esposa”.

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