Actualizado el sábado 15/ENE/22

Ser santos

Amor a la cruz.

Para ser santos debemos amar la cruz.

Es muy difícil amar la cruz. Con las fuerzas humanas es imposible, pero con la gracia de Dios es posible. Por eso tenemos que pedirle al Señor que nos muestre el valor tan grande de la cruz, que nos ayude a sufrir con generosidad, porque la salvación de las almas y nuestra propia salvación dependen de cómo llevemos nuestra cruz.

A ninguno nos gusta sufrir, y nuestra naturaleza se rebela ante el sufrimiento. Es natural. Pero cuando uno descubre que con el sufrimiento de una hora, se salvan muchas almas de muchos males, entonces comienza a animarse a ofrecer sacrificios y renuncias por amor a los hermanos.

Y cuando uno ve la vida de Jesús, que se ofreció a la muerte por la salvación del género humano, le vienen ganas de inmolarse por los demás. Pero aquí suele suceder lo que les pasó a Pedro, Santiago y Juan en el Huerto de los Olivos, que por no estar despiertos, velando y orando, fueron vencidos por la tentación. Ya el Señor les avisaba que debían estar en vela y orando para no caer en tentación porque, les dijo, el espíritu está pronto pero la carne es débil. Así que si nosotros en un momento de fervor nos damos cuenta de que es bueno sufrir para salvar almas, tenemos que darnos cuenta también de que tenemos que acompañar esta buena intención con una ferviente y frecuente, casi diría continua, oración, porque naturalmente somos débiles y el amor al sufrimiento es de orden sobrenatural, ya que el Señor lo concede a los que le siguen de cerca.

No podemos llegar a ser santos sin probar el sufrimiento, porque se ama en la medida en que se sufre, y el demonio nos hará sufrir en este mundo, pero solo conseguirá hacernos crecer en virtud y en frutos de vida eterna.

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