Actualizado el sábado 3/NOV/18

Ser santos

Querer ser santo.

La hermana de Santo Tomás de Aquino preguntó al santo qué hacía falta para llegar a la santidad. Y él respondió que para ser santo hay que querer.

Y esta es la verdad, ya que para llegar a la santidad hay que querer llegar a la santidad. Cada día, cada hora, cada minuto, debemos tener la voluntad firme de ser santos.

Por eso los ángeles en Belén cantaron “Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad”. Quien tiene buena voluntad, tendrá paz, logrará la salvación y la santidad, porque Dios ayuda a quien quiere ser santo, ya que es el deseo de Dios que seamos santos.

No se trata de voluntarismo, ya que por nuestras propias fuerzas no podemos llegar a ningún lado. Pero con nuestras fuerzas y asistidos por la gracia santificante, somos todopoderosos, porque es el mismo Dios quien nos ayuda. Y lo importante no es tanto “hacer” por nuestra cuenta, sino “dejar hacer” a Dios en nosotros, abandonarnos a su voluntad.

No es complicado ser santos. No se reduce a hacer un determinado número de prácticas piadosas, o de ejercicios espirituales o de meditación. Porque la santidad, como Dios, es simple, es sencilla, y para alcanzarla debemos ser muy simples y sencillos.

La clave está en amar. Amar a Dios con toda el alma, y al prójimo como Dios nos ama. Amar es desear el bien a alguien. Entonces la santidad es tratar de ser buenos, como Bueno es Dios. Y a pesar de que los reveses del mundo quieran volvernos malos y resentidos, no hay que dejar vencerse por el mal, sino vencer al mal con el bien, y así saldremos vencedores.

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