Actualizado el miércoles 6/OCT/21

Ser santos

Ser buenos.

La santidad no es otra cosa que ser buenos. Pero ¡cuánto cuesta ser buenos en este mundo malvado, que nos tienta constantemente a la violencia, a la venganza y al odio! Por eso ser santo es la cosa más difícil en este mundo, pero a su vez es la empresa más gloriosa que podemos emprender, y que está avalada por Dios, que quiere que seamos santos.

Si Dios lo quiere, entonces hay que intentarlo, porque por nuestra parte lo único que tenemos que hacer es no oponer resistencia a la gracia de Dios que nos irá conduciendo por el camino de la santidad, ya que la santidad consiste no tanto en hacer cosas, sino más bien en dejar hacer a Dios en nosotros, en nuestra vida.

Sin amor no llegaremos muy lejos, porque solo el amor es el motor para las acciones heroicas y en lo que consiste la santidad, que es amar a Dios sobre todo y sobre todos, y amar al prójimo como a sí mismo.

Si no amamos, entonces no vamos por el camino correcto, y antes o después fracasaremos, porque esta vida sin amor es un infierno.

Tenemos que seguir siendo buenos a pesar de todo el mal que nos hagan las criaturas, porque ya lo ha dicho Cristo que el que persevere hasta el fin, ése se salvará. Y lo mismo puede decirse de la santidad: quien persevere cada día en alcanzarla, al final la alcanzará, y cuando menos lo espere se encontrará en la cima del monte y contemplará desde allí la belleza del camino recorrido y el panorama de Cielo que se abre a su alma.

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