Actualizado el domingo 9/AGO/20

Signos de los tiempos

Descuido de la oración. 

Gran parte de los males que nos aquejan se debe a que se ha descuidado la oración. No sólo por los fieles, sino incluso por los que tienen como vocación la oración, es decir, los religiosos y sacerdotes. Por eso hay que tratar de revertir esta situación y, los que estemos más o menos fieles todavía, debemos tratar de rezar más y mejor, porque la vida del mundo, el futuro de la humanidad depende no de las reuniones de los “grandes” de este mundo, sino de la oración, en especial del Santo Rosario. Porque necesitamos una intervención del Cielo que arregle las cosas, y esta intervención solo se dará si rezamos mucho. Ya la humanidad ha caído en un pozo del cual no se puede levantar sola, y necesita la ayuda de la Misericordia de Dios que la levante. Pues bien, esa misericordia divina es la que tenemos que implorar en la oración cotidiana. Ya que la Virgen se ha aparecido en tantísimos lugares y nos ha invitado siempre a la oración, es tiempo de hacerle caso y comenzar a orar cada vez más. Y si hemos dejado la oración, éste es el tiempo de volver a retomarla, porque nuestra salvación y la del mundo depende de la oración.

¡Ven Señor Jesús!


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Sepan, en primer lugar, que en los últimos días vendrán hombres burlones y llenos de sarcasmo, que viven de acuerdo con sus pasiones, y que dirán: "¿Dónde está la promesa de su Venida? Nuestros padres han muerto y todo sigue como al principio de la creación". Al afirmar esto, ellos no tienen en cuenta que hace mucho tiempo hubo un cielo, y también una tierra brotada del agua que tomó consistencia en medio de las aguas por la palabra de Dios. A causa de esas aguas, el mundo de entonces pereció sumergido por el diluvio. Esa misma palabra de Dios ha reservado el cielo y la tierra de ahora para purificarlos por el fuego en el día del Juicio y de la perdición de los impíos. Pero ustedes, queridos hermanos, no deben ignorar que, delante del Señor, un día es como mil años y mil años como un día. El Señor no tarda en cumplir lo que ha prometido, como algunos se imaginan, sino que tiene paciencia con ustedes porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan.  (II Pedro 3, 3-9)

(Vea cómo Consagrarse al Corazón Inmaculado de María)