Actualizado el sábado 3/SEP/22

Signos de los tiempos

Pasión de la Iglesia. 

Los Apóstoles no quisieron entender a Jesús cuando Él les hablaba de su próxima Pasión, Muerte y Resurrección, y así no estuvieron preparados para ese momento y huyeron cobardemente y fueron víctimas de Satanás, que sembró miedo en ellos y los hizo traicionar o renegar de Jesús.

Ahora la Virgen, en todas sus apariciones, nos viene dando mensajes que anuncian la inminencia de la Pasión de la Iglesia Católica, porque así como Jesús tuvo que sufrir tanto, también la Iglesia, que es el Cuerpo Místico del Señor, deberá pasar por lo que pasó su Cabeza, Cristo, y tendrá que derramar su sangre en estos próximos tiempos que se aproximan.

El tema es cómo nos preparamos para estos acontecimientos, porque tal vez, algunos de nosotros debamos sufrir y morir por Cristo, y para no traicionar, es bueno que nos vayamos preparando con una vida de intensa oración y penitencia, porque lo que se prepara bien y con anticipación, generalmente sale bien.

No es para asustarnos. Pero en todo caso, si nos asustamos, es mejor asustarnos ahora que hay todavía tiempo para prepararnos bien, que aterrorizarnos cuando lleguen los momentos en que ya no quedará más tiempo de preparación.

¡Ven Señor Jesús!


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Sepan, en primer lugar, que en los últimos días vendrán hombres burlones y llenos de sarcasmo, que viven de acuerdo con sus pasiones, y que dirán: "¿Dónde está la promesa de su Venida? Nuestros padres han muerto y todo sigue como al principio de la creación". Al afirmar esto, ellos no tienen en cuenta que hace mucho tiempo hubo un cielo, y también una tierra brotada del agua que tomó consistencia en medio de las aguas por la palabra de Dios. A causa de esas aguas, el mundo de entonces pereció sumergido por el diluvio. Esa misma palabra de Dios ha reservado el cielo y la tierra de ahora para purificarlos por el fuego en el día del Juicio y de la perdición de los impíos. Pero ustedes, queridos hermanos, no deben ignorar que, delante del Señor, un día es como mil años y mil años como un día. El Señor no tarda en cumplir lo que ha prometido, como algunos se imaginan, sino que tiene paciencia con ustedes porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan.  (II Pedro 3, 3-9)

(Vea cómo Consagrarse al Corazón Inmaculado de María)