Actualizado el sábado 8/ENE/22

Signos de los tiempos

Confusión. 

A pesar de que la Iglesia nunca estuvo tan iluminada como en estos últimos tiempos, la confusión reina tanto fuera como dentro de ella.

Es que Satanás se ha introducido con su humo, que es la soberbia, entre los ministros del Señor, y cosecha víctimas entre sacerdotes, obispos, teólogos, fieles, y nadie se salva de esta avalancha de errores que quieren desviar a los hombres del camino de la salvación.

Estamos en un tiempo en que se verán caer incluso a los que se creían más seguros en la fe. Por eso es necesario que cuanto antes nos consagremos al Inmaculado Corazón de María, ya que Ella misma protegerá a sus consagrados, para que no pierdan la fe, y no se pierdan en este caos que ha generado el Maligno.

Dice Jesús en el Evangelio que si los tiempos de la gran tribulación no se acortaran, ni siquiera los mismos elegidos resistirían. Que esto nos sirva como referencia para saber que nos encaminamos a acontecimientos realmente difíciles, que solo podremos superar con la ayuda de lo alto, con la ayuda de María Santísima, Conductora de los ejércitos de Dios, y que nos encierra en su Corazón Inmaculado para salvarnos de las garras del Infierno.

¡Ven Señor Jesús!


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Sepan, en primer lugar, que en los últimos días vendrán hombres burlones y llenos de sarcasmo, que viven de acuerdo con sus pasiones, y que dirán: "¿Dónde está la promesa de su Venida? Nuestros padres han muerto y todo sigue como al principio de la creación". Al afirmar esto, ellos no tienen en cuenta que hace mucho tiempo hubo un cielo, y también una tierra brotada del agua que tomó consistencia en medio de las aguas por la palabra de Dios. A causa de esas aguas, el mundo de entonces pereció sumergido por el diluvio. Esa misma palabra de Dios ha reservado el cielo y la tierra de ahora para purificarlos por el fuego en el día del Juicio y de la perdición de los impíos. Pero ustedes, queridos hermanos, no deben ignorar que, delante del Señor, un día es como mil años y mil años como un día. El Señor no tarda en cumplir lo que ha prometido, como algunos se imaginan, sino que tiene paciencia con ustedes porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan.  (II Pedro 3, 3-9)

(Vea cómo Consagrarse al Corazón Inmaculado de María)