Actualizado el miércoles 5/DIC/18

Signos de los tiempos

Comienzo de los dolores de parto. 

Ya nos ha dicho Jesús en su Evangelio que cuando comiencen a suceder terremotos y desgracias en muchas partes, esos serán los primeros dolores de parto. Con esto que sucedió en Haití, debemos tomar conciencia de que estamos entrando en los tiempos predichos por el Señor, en que los sufrimientos se hacen mayores para todos, estamos entrando en el tiempo de la Gran Tribulación, luego de la cual vendrá a la tierra el Reino de Cristo. No debemos tener miedo sino consagrarnos al Corazón de María y prepararnos a estos acontecimientos con mucha oración. No seamos como los apóstoles que, a pesar de que Jesús les anunció muchas veces de su pasión y muerte, no estuvieron preparados y fueron vencidos. A nosotros ya se nos ha anunciado muchas veces por la Virgen en sus apariciones, que estamos cerca de los tiempos difíciles y de la persecución a la Iglesia. Estemos sobrios y orando, para escapar salvos de esta prueba que vendrá sobre todo el mundo.

¡Ven Señor Jesús!


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Sepan, en primer lugar, que en los últimos días vendrán hombres burlones y llenos de sarcasmo, que viven de acuerdo con sus pasiones, y que dirán: "¿Dónde está la promesa de su Venida? Nuestros padres han muerto y todo sigue como al principio de la creación". Al afirmar esto, ellos no tienen en cuenta que hace mucho tiempo hubo un cielo, y también una tierra brotada del agua que tomó consistencia en medio de las aguas por la palabra de Dios. A causa de esas aguas, el mundo de entonces pereció sumergido por el diluvio. Esa misma palabra de Dios ha reservado el cielo y la tierra de ahora para purificarlos por el fuego en el día del Juicio y de la perdición de los impíos. Pero ustedes, queridos hermanos, no deben ignorar que, delante del Señor, un día es como mil años y mil años como un día. El Señor no tarda en cumplir lo que ha prometido, como algunos se imaginan, sino que tiene paciencia con ustedes porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan.  (II Pedro 3, 3-9)

(Vea cómo Consagrarse al Corazón Inmaculado de María)