Actualizado el miércoles 26/FEB/20

Signos de los tiempos

Las lágrimas de María 

En  muchas apariciones y manifestaciones milagrosas, la Virgen derrama lágrimas, incluso de sangre. Y con ello nos quiere hacer comprender los difíciles momentos que estamos viviendo y que nos acercamos a tiempos aún más difíciles en que solo permanecerán fieles los que se hayan consagrado a su Inmaculado Corazón.

Si uno ve a su madre que llora, ¡cuánto se conmueve y trata de consolarla! Pero ante el llanto de la Virgen, que es nuestra Madre, muchísimos hombres, incluso de iglesia, han quedado indiferentes y hasta han atacado estas manifestaciones. ¿Qué más puede hacer María por nosotros los hombres? Todo lo ha hecho. Por lo menos nosotros, los que leemos estos mensajes, tomemos conciencia de que los tiempos son duros y preparémonos a vivirlos con una constante oración, porque a través de la oración es como se reciben toda clase de gracias y dones del Cielo, y así estaremos preparados para lo que se acerca.

Pero no vivamos pendientes de lo que pasará ni angustiados por el futuro, porque en realidad todo puede ser cambiado todavía por la fuerza de la oración, por la penitencia y el amor. Tengamos esperanza y gran confianza en María, que nos cuidará en todo momento, y si estamos consagrados a Ella, nos esconderá en lo profundo de su Corazón Inmaculado para defendernos de todo mal.

Aprovechemos este tiempo de gracia y de misericordia que Dios todavía concede al mundo, para convertirnos más profundamente y evitar cuidadosamente todo tipo de pecado, y no tengamos miedo que con María de la mano estamos seguros y llegaremos a buen puerto.

¡Ven Señor Jesús!


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Sepan, en primer lugar, que en los últimos días vendrán hombres burlones y llenos de sarcasmo, que viven de acuerdo con sus pasiones, y que dirán: "¿Dónde está la promesa de su Venida? Nuestros padres han muerto y todo sigue como al principio de la creación". Al afirmar esto, ellos no tienen en cuenta que hace mucho tiempo hubo un cielo, y también una tierra brotada del agua que tomó consistencia en medio de las aguas por la palabra de Dios. A causa de esas aguas, el mundo de entonces pereció sumergido por el diluvio. Esa misma palabra de Dios ha reservado el cielo y la tierra de ahora para purificarlos por el fuego en el día del Juicio y de la perdición de los impíos. Pero ustedes, queridos hermanos, no deben ignorar que, delante del Señor, un día es como mil años y mil años como un día. El Señor no tarda en cumplir lo que ha prometido, como algunos se imaginan, sino que tiene paciencia con ustedes porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan.  (II Pedro 3, 3-9)

(Vea cómo Consagrarse al Corazón Inmaculado de María)