Actualizado el sábado 16/NOV/19

Signos de los tiempos

La persecución. 

Un signo de que nos estamos acercando al Fin de los Tiempos es el recrudecimiento de la persecución. A través de los medios de comunicación social se está atacando a la Iglesia y al Papa, como previo trámite para una persecución sangrienta. No hay que tener miedo porque el que tenga que dar su sangre por Cristo, estará fortalecido por el Señor, que no lo dejará solo y, como a todos los mártires, lo ayudará con su gracia y su poder. Porque los mártires no habrían podido resistir las torturas si el Señor no los hubiera sostenido. Entonces vivamos tranquilos, sin inquietarnos por nada, en paz y rezando mucho. Consagrémonos al Corazón Inmaculado de María si todavía no lo hemos hecho, y preparémonos a la persecución y al contraataque, porque tiene que cumplirse en el cuerpo místico de Cristo, que es la Iglesia Católica, algo similar a lo que sucedió en el cuerpo de Cristo, es decir, la Pasión, Muerte y Resurrección. La Iglesia, como Esposa del Cordero, debe pasar horas semejantes a las de su Esposo divino. No perdamos el ánimo y confiemos en Dios y en su Madre, que en los momentos difíciles estarán junto a nosotros.

¡Ven Señor Jesús!


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Sepan, en primer lugar, que en los últimos días vendrán hombres burlones y llenos de sarcasmo, que viven de acuerdo con sus pasiones, y que dirán: "¿Dónde está la promesa de su Venida? Nuestros padres han muerto y todo sigue como al principio de la creación". Al afirmar esto, ellos no tienen en cuenta que hace mucho tiempo hubo un cielo, y también una tierra brotada del agua que tomó consistencia en medio de las aguas por la palabra de Dios. A causa de esas aguas, el mundo de entonces pereció sumergido por el diluvio. Esa misma palabra de Dios ha reservado el cielo y la tierra de ahora para purificarlos por el fuego en el día del Juicio y de la perdición de los impíos. Pero ustedes, queridos hermanos, no deben ignorar que, delante del Señor, un día es como mil años y mil años como un día. El Señor no tarda en cumplir lo que ha prometido, como algunos se imaginan, sino que tiene paciencia con ustedes porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan.  (II Pedro 3, 3-9)

(Vea cómo Consagrarse al Corazón Inmaculado de María)