Actualizado el jueves 16/MAY/19

Signos de los tiempos

La Señal en el cielo. 

En estos tiempos hay una Señal en el cielo, es la Santísima Virgen, que en sus numerosas apariciones por todas partes del mundo, invita a una urgente conversión, porque el tiempo de la Misericordia está para ceder al tiempo de la Justicia. El mundo ha rechazado el llamado de María, e incluso muchos que debían aprobar y recomendar sus apariciones y mensajes, cobardemente se han dejado vencer por el miedo o el respeto humano, y por una falsa prudencia, que no es más que imprudencia. Así hemos llegado a este límite en que el pecado no puede aumentar más sin que sea vilipendiada la misma Justicia de Dios. Tenemos que saber que Dios no envía ningún mal, sino que todo el mal viene del demonio y de los hombres unidos al demonio. Por ejemplo estos terremotos que se están dando en diversos lugares del mundo, no son causados por Dios, sino por el Maligno, que puede obrar con la fuerza que le otorga el pecado de los hombres, y que Dios permite para punición y castigo de la humanidad que se ha alejado del Señor. Dios no quiere la hora terrible que se avecina, sino que ésta será provocada por la misma locura de los hombres, que han perdido de vista el Amor y cada vez odian más. Nosotros no tengamos miedo pero tampoco seamos sonsos y atendamos las advertencias de la Virgen que viene anunciando esta gran tribulación que se avecina y en la cual ya estamos entrando. No seamos como los Apóstoles que, a pesar de todas las advertencias que les hizo Jesús sobre su Pasión, no estuvieron preparados y claudicaron.

¡Ven Señor Jesús!


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Sepan, en primer lugar, que en los últimos días vendrán hombres burlones y llenos de sarcasmo, que viven de acuerdo con sus pasiones, y que dirán: "¿Dónde está la promesa de su Venida? Nuestros padres han muerto y todo sigue como al principio de la creación". Al afirmar esto, ellos no tienen en cuenta que hace mucho tiempo hubo un cielo, y también una tierra brotada del agua que tomó consistencia en medio de las aguas por la palabra de Dios. A causa de esas aguas, el mundo de entonces pereció sumergido por el diluvio. Esa misma palabra de Dios ha reservado el cielo y la tierra de ahora para purificarlos por el fuego en el día del Juicio y de la perdición de los impíos. Pero ustedes, queridos hermanos, no deben ignorar que, delante del Señor, un día es como mil años y mil años como un día. El Señor no tarda en cumplir lo que ha prometido, como algunos se imaginan, sino que tiene paciencia con ustedes porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan.  (II Pedro 3, 3-9)

(Vea cómo Consagrarse al Corazón Inmaculado de María)