Actualizado el viernes 18/ENE/19

Signos de los tiempos

A nivel mundial. 

Vemos cómo a nivel mundial se está orquestando una persecución a Dios y a su Iglesia, preparando así el terreno a quien puede llamarse Negación, es decir, al Anticristo, que todo lo negará. Es tiempo de sacudirnos las mantas de encima y despertarnos de este sueño en que estamos los católicos y los cristianos en general, para empuñar las armas de la oración y de la penitencia, del apostolado y de la extrema llamada a la conversión, antes de que sea demasiado tarde. Sabemos que la victoria será de Cristo y su Madre, pero eso no quiere decir que no sea cruda la batalla, porque el mismo Señor ha dicho que si aquellos días no se abreviaran, nadie podría resistir, ni siquiera los mismos elegidos. Entonces preparémonos concienzudamente, sin tener miedo y consagrándonos al Corazón Inmaculado de María, donde tenemos nuestro refugio. Ha llegado el tiempo de la valentía y del heroísmo. Con María de la mano podremos todo y debemos lanzarnos al combate, porque hoy más que nunca se cumple aquello que dijo el Señor en su Evangelio: “El que quiera salvar su vida, la perderá, pero el que entregue su vida por mí y por el Evangelio, la salvará”. Despreciemos nuestra vida en este mundo y, aunque en este mundo parezcamos a los ojos de los hombres unos fracasados, en realidad lo que importa es lo que somos ante los ojos de Dios. ¡Ave María y adelante!

¡Ven Señor Jesús!


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Sepan, en primer lugar, que en los últimos días vendrán hombres burlones y llenos de sarcasmo, que viven de acuerdo con sus pasiones, y que dirán: "¿Dónde está la promesa de su Venida? Nuestros padres han muerto y todo sigue como al principio de la creación". Al afirmar esto, ellos no tienen en cuenta que hace mucho tiempo hubo un cielo, y también una tierra brotada del agua que tomó consistencia en medio de las aguas por la palabra de Dios. A causa de esas aguas, el mundo de entonces pereció sumergido por el diluvio. Esa misma palabra de Dios ha reservado el cielo y la tierra de ahora para purificarlos por el fuego en el día del Juicio y de la perdición de los impíos. Pero ustedes, queridos hermanos, no deben ignorar que, delante del Señor, un día es como mil años y mil años como un día. El Señor no tarda en cumplir lo que ha prometido, como algunos se imaginan, sino que tiene paciencia con ustedes porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan.  (II Pedro 3, 3-9)

(Vea cómo Consagrarse al Corazón Inmaculado de María)