Actualizado el viernes 17/JUN/22

Signos de los tiempos

El materialismo. 

El materialismo es encarnación de Satanás, porque el demonio quiere llevar a toda la humanidad a creer que con los bienes materiales se puede obtener la felicidad perfecta.

Pero ya sabemos los cristianos que el Paraíso, el verdadero Paraíso, no podrá nunca estar en la tierra.

¿Y cómo caemos en las garras del materialismo, o sea, de Satanás? Sencillamente con el descuido en la oración. Porque sin oración el alma se va volviendo raquítica y ya no tiene fuerzas ni interés por las cosas espirituales y baja su mirada hacia las cosas materiales. Por eso ya lo decía San Alfonso María de Ligorio: “El que reza se salva y el que no reza se condena”.

Y nos puede ocurrir a cualquiera esto de caer en el materialismo, como bien lo dice la parábola del sembrador, ya que las espigas que brotaron fueron ahogadas por los espinos, es decir, por la sed de riquezas y las preocupaciones del mundo. O sea que cualquiera puede caer, incluso los que están adelantados en el camino del Señor. No caerán nunca los que se hayan consagrado al Inmaculado Corazón de María y recen el Rosario todos los días.

¡Ven Señor Jesús!


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Sepan, en primer lugar, que en los últimos días vendrán hombres burlones y llenos de sarcasmo, que viven de acuerdo con sus pasiones, y que dirán: "¿Dónde está la promesa de su Venida? Nuestros padres han muerto y todo sigue como al principio de la creación". Al afirmar esto, ellos no tienen en cuenta que hace mucho tiempo hubo un cielo, y también una tierra brotada del agua que tomó consistencia en medio de las aguas por la palabra de Dios. A causa de esas aguas, el mundo de entonces pereció sumergido por el diluvio. Esa misma palabra de Dios ha reservado el cielo y la tierra de ahora para purificarlos por el fuego en el día del Juicio y de la perdición de los impíos. Pero ustedes, queridos hermanos, no deben ignorar que, delante del Señor, un día es como mil años y mil años como un día. El Señor no tarda en cumplir lo que ha prometido, como algunos se imaginan, sino que tiene paciencia con ustedes porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan.  (II Pedro 3, 3-9)

(Vea cómo Consagrarse al Corazón Inmaculado de María)