Actualizado el viernes 1/OCT/21

Signos de los tiempos

Que el santo se santifique más... 

Han llegado los tiempos predichos por el Apocalipsis en que se dice: “Que el santo se santifique más, y que el pecador peque más todavía”. Y evidentemente la humanidad cada vez se va dividiendo más, entre los que suben y se purifican, y los que descienden y se contaminan.

Los que suben cada vez son menos, porque la mayoría se va corrompiendo por las malas costumbres y la televisión y todos los medios de comunicación social que inundan de impureza y maldad las almas de los hombres.

Pero ya el Señor ha dicho en su Evangelio: “No temas pequeño rebaño, porque el Padre se ha complacido en daros su Reino”. Así que no debemos temer si cada vez somos menos los que seguimos por el camino del fiel cumplimiento de los Diez Mandamientos y las enseñanzas del Evangelio, porque aunque seamos pocos, el Señor ha puesto en nosotros su mirada y nos ha elegido desde toda eternidad para estos momentos difíciles.

Tratemos de ayudar a salvar a cuantos más podamos, antes de que sea demasiado tarde y ya no se pueda lograr la conversión.

¡Ven Señor Jesús!


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Sepan, en primer lugar, que en los últimos días vendrán hombres burlones y llenos de sarcasmo, que viven de acuerdo con sus pasiones, y que dirán: "¿Dónde está la promesa de su Venida? Nuestros padres han muerto y todo sigue como al principio de la creación". Al afirmar esto, ellos no tienen en cuenta que hace mucho tiempo hubo un cielo, y también una tierra brotada del agua que tomó consistencia en medio de las aguas por la palabra de Dios. A causa de esas aguas, el mundo de entonces pereció sumergido por el diluvio. Esa misma palabra de Dios ha reservado el cielo y la tierra de ahora para purificarlos por el fuego en el día del Juicio y de la perdición de los impíos. Pero ustedes, queridos hermanos, no deben ignorar que, delante del Señor, un día es como mil años y mil años como un día. El Señor no tarda en cumplir lo que ha prometido, como algunos se imaginan, sino que tiene paciencia con ustedes porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan.  (II Pedro 3, 3-9)

(Vea cómo Consagrarse al Corazón Inmaculado de María)