Guerra.
La guerra es castigo que Dios permite por los pecados del mundo. Cuando aumenta el pecado, entonces llega el momento en que Dios pone a unos contra otros, tanto entre las naciones, como entre los pueblos, y hasta en las propias familias; y sucede como en las tormentas, que por un momento reina el caos, viento y furia, pero luego se calma y viene la paz. Así también sucede con las guerras, que estallan como un castigo por las maldades de los hombres, y después viene la paz.
Por eso la mejor forma de trabajar por la paz es evitar el pecado propio y ajeno, es decir, tratar de no pecar, e intentar que los demás hombres no pequen, entonces así no se acumulan montañas de pecado que luego se convierten en castigos sobre la humanidad, con guerras y calamidades de todo tipo.
Uno puede evitar su propio pecado, pero a veces no puede evitar que los demás pequen; entonces se puede recurrir a la reparación. Podemos reparar tantos pecados. Si el pecado produce placer, entonces podemos reparar con dolor, haciendo sacrificios, renuncias, penitencias, y también con la oración, pues así invocamos a Dios y su ayuda, ya que de Él depende la conversión de los pecadores, y la situación a la que ha llegado el mundo en la actualidad ya no se puede arreglar con las solas fuerzas humanas, sino que necesitan la intervención directa de Dios, y ésta la podemos pedir en la oración.
Oración y penitencia salvarán el mundo.
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En esta sección se irán tratando distintos temas de actualidad, según el Evangelio y las enseñanzas de la Iglesia Católica.