Actualizado el lunes 28/NOV/22

Vivir católico

La Redención continúa. 

Cada vez que celebramos la Semana Santa y la Pascua, no es que recordamos lo que pasó hace ya unos dos mil años, sino que revivimos, en el verdadero sentido de la palabra, aquello que sucedió.

Porque ante nuestros ojos se repite el prodigio de Cristo sufriendo y muriendo por los hombres, pues misteriosamente Jesús vuelve a sufrir y a entregarse por nosotros, ya que los hechos de la vida de Jesús ya no pertenecen sólo al tiempo, sino que están como fuera del tiempo, para que los hombres de todas las épocas puedan favorecerse de ello, y consolar al Señor como si hubieran sido contemporáneos de Él.

Cada Santa Misa es el Calvario en que Cristo junto a su Madre vuelve a padecer por nosotros. Por eso es tan grave no concurrir a la Misa dominical, o a las funciones litúrgicas de los diversos tiempos, pues misteriosamente Cristo vuelve a padecer lo mismo nuevamente aunque de forma incruenta.

Esto nos debe dar un gran sentido de respeto hacia toda la liturgia, y nos debe hacer participar con fervor de todas las fiestas de la Iglesia Católica, porque en cada Misa asistimos a la Redención obrada hace unos dos mil años. Y Cristo sigue redimiendo, y sigue sufriendo misteriosamente y también su Madre, como lo ha hecho notar en sus distintas lacrimaciones, incluso de sangre, de muchas de sus imágenes.

La Redención está en acto. Entonces no desaprovechemos el precioso tiempo que nos da Dios, que es el tiempo de nuestro vivir terreno, para acercarnos más al Señor y sufrir y gozar con Él, porque Cristo está realmente presente en las funciones litúrgicas, y ante nuestros ojos se lleva a cabo la obra maestra de la Redención.

Entonces no despilfarremos todo el torrente de gracias que Dios nos quiere conceder a través de las celebraciones que sabiamente nos presenta la Iglesia.

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"El que no vive como piensa, termina pensando como vive"

Jesús dijo a sus discípulos: No son los que me dicen: “Señor, Señor”, los que entrarán en el reino de los cielos, sino los que cumplen la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Así, todo el que escucha las palabras que acabo de decir y las pone en práctica, puede compararse a un hombre sensato que edificó su casa sobre roca. Cayeron las lluvias, se precipitaron los torrentes, soplaron los vientos y sacudieron la casa; pero ésta no se derrumbó, porque estaba construida sobre roca. Al contrario, el que escucha mis palabras y no las practica, puede compararse a un hombre insensato, que edificó su casa sobre arena. Cayeron las lluvias, se precipitaron los torrentes, soplaron los vientos y sacudieron la casa: ésta se derrumbó, y su ruina fue grande. (Mt 7, 21. 24-27)

Se acercó un hombre a Jesús y le preguntó: “Maestro, ¿qué obras buenas debo hacer para conseguir la Vida eterna?”. Jesús le dijo: “¿Cómo me preguntas acerca de lo que es bueno? Uno solo es el Bueno. Si quieres entrar en la Vida eterna, cumple los Mandamientos”. “¿Cuáles?”, preguntó el hombre. Jesús le respondió: “No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, honrarás a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo”. (Mt 19, 16-19)

Esta sección es creada el 26 de enero de 2010, memoria de los Santos Timoteo y Tito, a quienes se la encomendamos. En ella iremos viendo todo lo que necesitamos saber para un vivir católico, es decir, para vivir en gracia de Dios hasta la muerte y salvarnos e ir al Cielo y evitar el Infierno.