Actualizado el martes 14/SEP/21

Vivir católico

No nos olvidemos del amor. 

A veces, preocupados por cumplir los mandamientos y los preceptos de la Iglesia, nos olvidamos del amor. Porque la religión católica es la religión del amor: amor a Dios y amor al prójimo.

Nos puede suceder como a ese levita o a ese sacerdote que pasaron junto al hombre herido por los salteadores, y no lo socorrieron, de tan ocupados que estaban con las “cosas” de Dios. Así también nosotros podemos estar muy enfrascados en “cumplir” las cosas de Dios, y nos olvidamos de la Caridad, del amor a los hermanos y, sobre todo, del amor a Dios.

Entonces de vez en cuando detengámonos un momento en esta carrera alocada y elevemos el pensamiento a Dios, digámosle que lo amamos, y seamos amorosos con los que están cerca de nosotros, y también con los lejanos, porque de lo contrario seremos unos autómatas incapaces de compadecernos y de tener misericordia del prójimo sufriente.

No es que debamos dejar de cumplir los mandamientos y los preceptos de la Iglesia, sino que debemos darle un corazón: el amor, para que todo lo que hagamos tenga valor para el Cielo, y Dios nos mire complacido.

Hagamos el esfuerzo porque Dios espera de nosotros caridad, ya que el fin de la doctrina cristiana es hacer hombres buenos, pero buenos de verdad, a imitación de Dios Padre, que es la Bondad infinita.

Si vamos a la Iglesia frecuentemente y no somos buenos, no dejemos de ir a la Iglesia, sino sigamos yendo y tratemos de hacernos buenos, porque de lo contrario todas las ayudas que Dios nos da para ser buenos, se convertirían en piedras de condenación para nosotros, que no supimos aprovecharlas ni usarlas como era debido.

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"El que no vive como piensa, termina pensando como vive"

Jesús dijo a sus discípulos: No son los que me dicen: “Señor, Señor”, los que entrarán en el reino de los cielos, sino los que cumplen la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Así, todo el que escucha las palabras que acabo de decir y las pone en práctica, puede compararse a un hombre sensato que edificó su casa sobre roca. Cayeron las lluvias, se precipitaron los torrentes, soplaron los vientos y sacudieron la casa; pero ésta no se derrumbó, porque estaba construida sobre roca. Al contrario, el que escucha mis palabras y no las practica, puede compararse a un hombre insensato, que edificó su casa sobre arena. Cayeron las lluvias, se precipitaron los torrentes, soplaron los vientos y sacudieron la casa: ésta se derrumbó, y su ruina fue grande. (Mt 7, 21. 24-27)

Se acercó un hombre a Jesús y le preguntó: “Maestro, ¿qué obras buenas debo hacer para conseguir la Vida eterna?”. Jesús le dijo: “¿Cómo me preguntas acerca de lo que es bueno? Uno solo es el Bueno. Si quieres entrar en la Vida eterna, cumple los Mandamientos”. “¿Cuáles?”, preguntó el hombre. Jesús le respondió: “No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, honrarás a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo”. (Mt 19, 16-19)

Esta sección es creada el 26 de enero de 2010, memoria de los Santos Timoteo y Tito, a quienes se la encomendamos. En ella iremos viendo todo lo que necesitamos saber para un vivir católico, es decir, para vivir en gracia de Dios hasta la muerte y salvarnos e ir al Cielo y evitar el Infierno.