Actualizado el martes 9/OCT/18

Vivir católico

Deseos de ir al Cielo. 

A veces nos sucede que no tenemos deseos de ir al Cielo, porque estamos tan bien aquí en la tierra, que nos olvidamos de que este lugar terreno es un exilio y que nuestra verdadera patria es el Paraíso. Es que estamos tan felices que no pensamos en la eternidad.

Pero a veces sucede que los sufrimientos se dan cita en nuestra vida y, a medida que nos vamos haciendo mayores, la vida nos va desengañando cada vez más, y nos damos cuenta de que nunca podremos ser plenamente felices en este mundo, porque estamos hechos para Dios, que es infinito, y que es el Único que puede llenar nuestro corazón humano, que tiene deseos de infinito.

Ya sea que estemos bien aquí en la tierra, o estemos en medio de situaciones difíciles y dolorosas, no dejemos de desear ir al Cielo, porque esa es nuestra verdadera casa, nuestro hogar definitivo.

¡Y ojalá la felicidad en este mundo no nos haga atar tanto a esta tierra que olvidemos el Cielo y vivamos pensando en el aquí y ahora, sin reflexionar que todo lo de aquí abajo es pasajero!

Por eso hagamos caso a San Pablo que nos dice que el que tiene, que viva como si no tuviera; el que ríe, como si no riera; el que disfruta de este mundo, como si no disfrutara de él, porque la figura de este mundo pasa y todo lo terreno pasa también.

El que no desea ir al Cielo no lo alcanzará, porque lo que no se desea, no se alcanza.

Recordemos que la vida en la tierra no es nuestra morada definitiva sino tiempo de paso y de prueba para alcanzar lo verdadero, lo eterno.

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"El que no vive como piensa, termina pensando como vive"

Jesús dijo a sus discípulos: No son los que me dicen: “Señor, Señor”, los que entrarán en el reino de los cielos, sino los que cumplen la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Así, todo el que escucha las palabras que acabo de decir y las pone en práctica, puede compararse a un hombre sensato que edificó su casa sobre roca. Cayeron las lluvias, se precipitaron los torrentes, soplaron los vientos y sacudieron la casa; pero ésta no se derrumbó, porque estaba construida sobre roca. Al contrario, el que escucha mis palabras y no las practica, puede compararse a un hombre insensato, que edificó su casa sobre arena. Cayeron las lluvias, se precipitaron los torrentes, soplaron los vientos y sacudieron la casa: ésta se derrumbó, y su ruina fue grande. (Mt 7, 21. 24-27)

Se acercó un hombre a Jesús y le preguntó: “Maestro, ¿qué obras buenas debo hacer para conseguir la Vida eterna?”. Jesús le dijo: “¿Cómo me preguntas acerca de lo que es bueno? Uno solo es el Bueno. Si quieres entrar en la Vida eterna, cumple los Mandamientos”. “¿Cuáles?”, preguntó el hombre. Jesús le respondió: “No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, honrarás a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo”. (Mt 19, 16-19)

Esta sección es creada el 26 de enero de 2010, memoria de los Santos Timoteo y Tito, a quienes se la encomendamos. En ella iremos viendo todo lo que necesitamos saber para un vivir católico, es decir, para vivir en gracia de Dios hasta la muerte y salvarnos e ir al Cielo y evitar el Infierno.