Actualizado el martes 30/ABR/19

Vivir católico

Misericordiosos. 

A veces nos ponemos a pensar por qué Dios permite tanto sufrimiento en el mundo.

Es que el sufrimiento no lo causa Dios, sino que es consecuencia del pecado original y de todos los pecados que le siguieron; y el mal, de cualquier naturaleza que sea, siempre es provocado por los demonios. Pero Dios permite que los hombres sufran porque sabe sacar del dolor, un bien para las almas. Si no fuera así, el Señor no lo permitiría.

Pero hay otra poderosa razón por la que Dios permite el sufrimiento humano, y es la de dar la oportunidad a sus hijos de que practiquen la misericordia.

Es necesario que nosotros, que somos los hijos adoptivos de Dios, tengamos con Dios la semejanza de la misericordia. Así como Dios es Misericordioso, también nosotros, sus hijos, debemos ser misericordiosos. ¿Y cómo podríamos practicar la misericordia con el prójimo, si no hubiera sufrimientos de todo tipo, si no existieran miserias de todas clases?

Dios quiere que tengamos un corazón compasivo, y en esta vida que vivimos sobre la tierra, lo que verdaderamente importa es que nos forjemos un corazón misericordioso, ya que al final de la vida nos examinarán en el amor, y si no tuvimos amor para con los desdichados y los que sufren en la tierra o en el Purgatorio, tampoco el Señor tendrá misericordia de nosotros, e iremos al Infierno eterno.

Cualquier cosa, menos ser duros de corazón, porque Dios quiere que seamos buenos, y si permite que haya miserias en el mundo, es para que nosotros las aliviemos, practicando las obras de misericordia corporales y espirituales.

Recordemos que quien sufre no es tal o cual persona, sino que es el mismo Jesucristo. Y cuando socorremos al necesitado, estamos atendiendo al mismo Jesús, Hijo de Dios.

Pensemos en estas cosas y no cerremos nuestro corazón al prójimo que sufre de cualquier modo.

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"El que no vive como piensa, termina pensando como vive"

Jesús dijo a sus discípulos: No son los que me dicen: “Señor, Señor”, los que entrarán en el reino de los cielos, sino los que cumplen la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Así, todo el que escucha las palabras que acabo de decir y las pone en práctica, puede compararse a un hombre sensato que edificó su casa sobre roca. Cayeron las lluvias, se precipitaron los torrentes, soplaron los vientos y sacudieron la casa; pero ésta no se derrumbó, porque estaba construida sobre roca. Al contrario, el que escucha mis palabras y no las practica, puede compararse a un hombre insensato, que edificó su casa sobre arena. Cayeron las lluvias, se precipitaron los torrentes, soplaron los vientos y sacudieron la casa: ésta se derrumbó, y su ruina fue grande. (Mt 7, 21. 24-27)

Se acercó un hombre a Jesús y le preguntó: “Maestro, ¿qué obras buenas debo hacer para conseguir la Vida eterna?”. Jesús le dijo: “¿Cómo me preguntas acerca de lo que es bueno? Uno solo es el Bueno. Si quieres entrar en la Vida eterna, cumple los Mandamientos”. “¿Cuáles?”, preguntó el hombre. Jesús le respondió: “No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, honrarás a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo”. (Mt 19, 16-19)

Esta sección es creada el 26 de enero de 2010, memoria de los Santos Timoteo y Tito, a quienes se la encomendamos. En ella iremos viendo todo lo que necesitamos saber para un vivir católico, es decir, para vivir en gracia de Dios hasta la muerte y salvarnos e ir al Cielo y evitar el Infierno.