Actualizado el lunes 14/ENE/19

Vivir católico

Eternidad. 

Si cada día dedicáramos cinco minutos a meditar esta palabra: “eternidad”, ¡cuántas cosas cambiarían en nuestra vida!, ¡qué diferente actuaríamos con los demás!, ¡cómo aprovecharíamos mejor el tiempo!

La meditación de esta palabra hizo que muchas personas se retiraran a los desiertos a hacer vida de oración y penitencia. ¡Cuántos santos han llegado a serlo por el solo hecho de meditar esta palabra!

Es que nosotros somos eternos. No eternos como Dios es eterno, sino que somos sempiternos, es decir, que Dios, desde el momento en que nos creó, ya no dejaremos de existir por los siglos de los siglos, por toda la eternidad.

El tema es dónde queremos pasar esa eternidad, porque hay solo dos lugares o estados en que pasaremos la eternidad, en que estaremos para siempre: en el Cielo, o en el Infierno. Y el destino depende de cómo vivamos en este mundo y, sobre todo, de cómo muramos: si en gracia de Dios o en pecado mortal.

Somos nosotros en carne y hueso y con nuestra propia alma que estaremos en uno o en otro lugar. Por eso es tiempo de reflexionar seriamente qué es lo que estamos haciendo de nuestra vida, qué hacemos con el tiempo de vida que Dios nos ha concedido.

Abramos los ojos porque Dios nos ha creado sin nosotros, pero no nos salvará sin nosotros. Él, en un acto de amor infinito, ha querido que existamos, y ya no dejaremos de existir jamás. Pensemos esto porque es una cosa muy seria. Estamos embarcados en una aventura que puede terminar en felicidad inimaginable y eterna, o en horror indescriptible y también eterno.

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"El que no vive como piensa, termina pensando como vive"

Jesús dijo a sus discípulos: No son los que me dicen: “Señor, Señor”, los que entrarán en el reino de los cielos, sino los que cumplen la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Así, todo el que escucha las palabras que acabo de decir y las pone en práctica, puede compararse a un hombre sensato que edificó su casa sobre roca. Cayeron las lluvias, se precipitaron los torrentes, soplaron los vientos y sacudieron la casa; pero ésta no se derrumbó, porque estaba construida sobre roca. Al contrario, el que escucha mis palabras y no las practica, puede compararse a un hombre insensato, que edificó su casa sobre arena. Cayeron las lluvias, se precipitaron los torrentes, soplaron los vientos y sacudieron la casa: ésta se derrumbó, y su ruina fue grande. (Mt 7, 21. 24-27)

Se acercó un hombre a Jesús y le preguntó: “Maestro, ¿qué obras buenas debo hacer para conseguir la Vida eterna?”. Jesús le dijo: “¿Cómo me preguntas acerca de lo que es bueno? Uno solo es el Bueno. Si quieres entrar en la Vida eterna, cumple los Mandamientos”. “¿Cuáles?”, preguntó el hombre. Jesús le respondió: “No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, honrarás a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo”. (Mt 19, 16-19)

Esta sección es creada el 26 de enero de 2010, memoria de los Santos Timoteo y Tito, a quienes se la encomendamos. En ella iremos viendo todo lo que necesitamos saber para un vivir católico, es decir, para vivir en gracia de Dios hasta la muerte y salvarnos e ir al Cielo y evitar el Infierno.