Actualizado el viernes 1/OCT/21

Vivir el Evangelio

Atesorar para el Cielo. 

Cuando nos llegue el momento de la muerte, tendremos una mirada distinta a la actual, porque veremos que los bienes materiales que hemos acumulado y no utilizamos para hacer buenas obras, serán una gran oportunidad perdida.

Ya que nos damos cuenta de que no podremos llevarnos el dinero al Cielo, ¿por qué no lo empleamos en hacer obras de misericordia, y así hacernos con un tesoro ilimitado, que será plenamente nuestro y del cual gozaremos para toda la eternidad?

Lo que sucede es que a veces no pensamos en la palabra “eternidad”, pues si lo pensáramos un poco nomás, usaríamos no sólo el dinero y los bienes materiales, sino también el tiempo y todos los demás dones que el Señor nos regaló, para hacer el bien, para acrecentar ese tesoro en el Cielo.

Recordemos también aquellas palabras del Señor vertidas en el Evangelio, que nos dicen que allí donde esté nuestro tesoro, allí también estará nuestro corazón. ¿No es lamentable que en este mundo tengamos puesto nuestro corazón en una caja fuerte, en la cuenta del banco, en un automóvil o en una casa?

Dios quiere que seamos libres, y lo seremos en la medida en que empleemos bien el dinero y los bienes de este mundo, realizando obras de caridad y amor, para convertir el tesoro material en tesoro espiritual.

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Todos los males individuales, familiares, nacionales y mundiales, vienen de no practicar lo que dice el Santo Evangelio.

Ya lo dice Jesús mismo, que el hombre que escucha sus palabras pero no las practica, se parece a uno que edificó su casa sobre arena, y que al soplar los vientos, desbordarse los ríos y embestir contra la casa, ésta se desmorona y queda una gran ruina.

Pues así sucederá con aquel que oiga o lea el Evangelio, pero que no se esfuerce en practicarlo. Se encontrará que al final de su vida, su casa, es decir, su alma, estará en ruinas. Y ya sabemos para qué son buenas las ruinas, para demolerlas del todo porque no sirven para nada. Y así será para nuestra alma, que será desechada para siempre en el Infierno.

Obrar de acuerdo al Evangelio, es lo que nos hará felices en el Cielo y ya desde esta vida, porque no hay nadie que sea más feliz que aquél a quien su conciencia no le reprocha nada.

Y por otro lado, quien no actúe de acuerdo al Evangelio, será infeliz para siempre en el Infierno, y su infelicidad ya comenzará desde esta vida terrena.

Por eso en esta sección, creada el 11 de Septiembre de 2011, iremos exponiendo las enseñanzas del Evangelio y el modo de llevarlas a la práctica en nuestra vida cotidiana, para hacerlas carne en nosotros y así edificar la casa sobre roca.