Actualizado el jueves 16/MAY/19

Vivir el Evangelio

La añadidura. 

Muchas veces estamos preocupados por los bienes materiales y las cosas de este mundo, es decir, lo que el Señor llama en el Evangelio la “añadidura”, pero descuidamos el Reino de Dios.

Y eso es lo que debemos hacer para vivir bien el Evangelio, obedecer a Jesús que nos dice que busquemos primero el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se nos dará por añadidura.

Lo que pasa es que a veces somos muy desconfiados y tomamos el Evangelio como algo muy lindo para leer, pero difícil o imposible de practicar, y es ahí cuando nos equivocamos, pues el Evangelio, sobre todo, es algo para practicar, para vivir, ya que el mismo Cristo nos dice en una de sus parábolas que si no vivimos lo que dice el Evangelio, entonces todo nos saldrá mal, y terminaremos mal: en el mundo perdiéndolo todo, y en el más allá, condenados para siempre en el Infierno.

Está bien que somos hombres y necesitamos de lo material. Pero entonces no lo busquemos aisladamente, sino hagamos el propósito de comenzar a evangelizar el mundo, nuestros ambientes, a trabajar sinceramente por nuestra santificación personal y entonces comprobaremos cómo esas palabras y promesas del Señor son verdaderas, y tendremos lo necesario para vivir y aún más. Pero lo que sucede muchas veces con nosotros es que nos preocupamos sólo por la añadidura, y poco o nada del Reino de Dios en el mundo y, sobre todo en nosotros mismos.

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Todos los males individuales, familiares, nacionales y mundiales, vienen de no practicar lo que dice el Santo Evangelio.

Ya lo dice Jesús mismo, que el hombre que escucha sus palabras pero no las practica, se parece a uno que edificó su casa sobre arena, y que al soplar los vientos, desbordarse los ríos y embestir contra la casa, ésta se desmorona y queda una gran ruina.

Pues así sucederá con aquel que oiga o lea el Evangelio, pero que no se esfuerce en practicarlo. Se encontrará que al final de su vida, su casa, es decir, su alma, estará en ruinas. Y ya sabemos para qué son buenas las ruinas, para demolerlas del todo porque no sirven para nada. Y así será para nuestra alma, que será desechada para siempre en el Infierno.

Obrar de acuerdo al Evangelio, es lo que nos hará felices en el Cielo y ya desde esta vida, porque no hay nadie que sea más feliz que aquél a quien su conciencia no le reprocha nada.

Y por otro lado, quien no actúe de acuerdo al Evangelio, será infeliz para siempre en el Infierno, y su infelicidad ya comenzará desde esta vida terrena.

Por eso en esta sección, creada el 11 de Septiembre de 2011, iremos exponiendo las enseñanzas del Evangelio y el modo de llevarlas a la práctica en nuestra vida cotidiana, para hacerlas carne en nosotros y así edificar la casa sobre roca.