Actualizado el sábado 8/ENE/22

Vivir el Evangelio

Trascendencia. 

Para vivir el Evangelio, primero hay que leerlo, y comprenderlo, teniendo de él la mirada sobrenatural y trascendente.

Porque el Santo Evangelio nos muestra el camino para llegar al Cielo, y por lo tanto, para vivir bien en la tierra, de modo que alcancemos el Paraíso.

En el mundo de hoy, el materialismo reinante, nos quiere hacer olvidar que somos hombres, y por lo tanto tenemos cuerpo y alma. Y si bien para el cuerpo necesitamos alimentos y comodidades, mucho más alimento y bienestar necesitamos para nuestra alma, cosa que nos quiere ocultar el demonio en este tiempo.

Si tenemos la santa costumbre de leer y meditar cada día al menos una página del Evangelio, entonces tendremos sobre la vida una mirada sobrenatural y trascendente, es decir, que miraremos todas las cosas con los ojos de Dios, con los ojos de la fe. ¡Y qué necesario es para nosotros el tener esta mirada, especialmente hoy en día, en que la fe se ha perdido en muchos, incluso en aquellos que deberían ser luces que iluminan, pero que ya son sólo astros apagados!

Así como el cuerpo se alimenta todos los días, también debemos alimentar el alma con la Palabra de Dios, leyendo el Evangelio todos los días, y poniendo por obra lo que vamos comprendiendo cada vez mejor.

No dejemos esta preciosa práctica de lectura continuada del Evangelio, pues descubriremos en ello, grandes respuestas a las cosas que nos suceden todos los días, y tendremos un gran desapego de las cosas transitorias y vanas del mundo, viéndolas a la luz de la Verdad.

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Todos los males individuales, familiares, nacionales y mundiales, vienen de no practicar lo que dice el Santo Evangelio.

Ya lo dice Jesús mismo, que el hombre que escucha sus palabras pero no las practica, se parece a uno que edificó su casa sobre arena, y que al soplar los vientos, desbordarse los ríos y embestir contra la casa, ésta se desmorona y queda una gran ruina.

Pues así sucederá con aquel que oiga o lea el Evangelio, pero que no se esfuerce en practicarlo. Se encontrará que al final de su vida, su casa, es decir, su alma, estará en ruinas. Y ya sabemos para qué son buenas las ruinas, para demolerlas del todo porque no sirven para nada. Y así será para nuestra alma, que será desechada para siempre en el Infierno.

Obrar de acuerdo al Evangelio, es lo que nos hará felices en el Cielo y ya desde esta vida, porque no hay nadie que sea más feliz que aquél a quien su conciencia no le reprocha nada.

Y por otro lado, quien no actúe de acuerdo al Evangelio, será infeliz para siempre en el Infierno, y su infelicidad ya comenzará desde esta vida terrena.

Por eso en esta sección, creada el 11 de Septiembre de 2011, iremos exponiendo las enseñanzas del Evangelio y el modo de llevarlas a la práctica en nuestra vida cotidiana, para hacerlas carne en nosotros y así edificar la casa sobre roca.