Actualizado el viernes 18/ENE/19

Vivir el Evangelio

Vivir el hoy. 

Algo que remarca el Evangelio es que los hombres debemos vivir el hoy, sin preocuparnos por el mañana, que quizás nunca llegará.

Y esto es muy importante para nuestra vida espiritual, porque si miramos muy lejos hacia el futuro, nos puede venir miedo, y así quedamos angustiados y como atrofiados en la vida espiritual y apostólica, incapaces de hacer frente a las cosas de cada día y a los deberes del propio estado.

Por pensar mucho en lo que puede llegar a venir, se nos escurre de las manos el momento presente, el día actual, el hoy, y así perdemos una inestimable oportunidad de hacer el bien y ganar méritos para el Cielo.

¿Por qué no hacemos el propósito de vivir el momento presente solamente, de vivir un día a la vez? Si hacemos así, entonces la paz reinará en nuestro corazón e iremos afrontando las cosas a medida que vayan surgiendo.

Algo que hay que tener muy presente en estos tiempos son los vaticinios de algunos que vienen a asustarnos con supuestos mensajes y profecías, que más allá de que puedan ser verdaderos o falsos, nos hacen perder la paz y nos abaten, y así quedamos angustiados y desanimados, y justo eso es lo que quiere el diablo, hacernos inofensivos y estériles en el apostolado, en la evangelización.

Vivamos el hoy, ya que Dios da la gracia para cada momento, y nunca nos faltará la ayuda del Señor, y cuando llegue el momento difícil, contaremos con la gracia suficiente para hacerle frente. Entonces vivamos sin preocupaciones y sin pretender querer conocer el futuro y lo que vendrá, porque todo puede ser cambiado por la fuerza de la oración y la penitencia que hagamos hoy, como ya lo ha demostrado la historia.

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Todos los males individuales, familiares, nacionales y mundiales, vienen de no practicar lo que dice el Santo Evangelio.

Ya lo dice Jesús mismo, que el hombre que escucha sus palabras pero no las practica, se parece a uno que edificó su casa sobre arena, y que al soplar los vientos, desbordarse los ríos y embestir contra la casa, ésta se desmorona y queda una gran ruina.

Pues así sucederá con aquel que oiga o lea el Evangelio, pero que no se esfuerce en practicarlo. Se encontrará que al final de su vida, su casa, es decir, su alma, estará en ruinas. Y ya sabemos para qué son buenas las ruinas, para demolerlas del todo porque no sirven para nada. Y así será para nuestra alma, que será desechada para siempre en el Infierno.

Obrar de acuerdo al Evangelio, es lo que nos hará felices en el Cielo y ya desde esta vida, porque no hay nadie que sea más feliz que aquél a quien su conciencia no le reprocha nada.

Y por otro lado, quien no actúe de acuerdo al Evangelio, será infeliz para siempre en el Infierno, y su infelicidad ya comenzará desde esta vida terrena.

Por eso en esta sección, creada el 11 de Septiembre de 2011, iremos exponiendo las enseñanzas del Evangelio y el modo de llevarlas a la práctica en nuestra vida cotidiana, para hacerlas carne en nosotros y así edificar la casa sobre roca.