Actualizado el martes 20/AGO/19

Vivir el Evangelio

Perseverancia. 

El Señor en el Evangelio dice que quien persevere hasta el fin, se salvará. Y es necesario que perseveremos en el bien, en el cumplimiento de los Diez Mandamientos y de la Palabra de Jesús en el Evangelio, puesto que sólo alcanzará la meta quien haya sido constante en las pruebas y corone con el éxito una vida de abnegación.

La gota de agua que cae sobre la piedra constantemente, al final termina perforándola. Nosotros también, con la ayuda del tiempo, haciendo cada día lo que tenemos que hacer, con amor, también terminaremos triunfando.

Muchas veces nos suele pasar que queremos hacer todo de golpe, santificarnos de la noche a la mañana, siendo que Dios no actúa así. Miremos la historia del mundo y veremos que Dios tiene paciencia, que se ha tomado el tiempo justo, ni más ni menos, para hacer las cosas. Y nosotros tenemos que tomar el ejemplo de Él.

También Jesús hizo las cosas ordenadamente y con sosiego, sin apresuramientos y con paciencia. Pues debemos saber que hay veces que el demonio nos quiere “apurar”. Pero no debemos hacerle caso, y tenemos que andar a nuestro paso, al paso que Dios quiere que andemos, y así llegaremos lejos, con paciencia y constancia.

En el Evangelio también el Señor nos dice de la necesidad absoluta de perseverar también en la oración. Y esto es de capital importancia, porque no sólo debemos perseverar en las buenas obras y en el cumplimiento de los Mandamientos, sino principalmente debemos perseverar en la oración, ya que de esto depende aquello.

Lo primero a lo que tenemos que apuntar es a rezar todos los días, con perseverancia inmutable, con constancia terca, porque esa es la manera de inclinar a Dios en nuestro favor y que Él nos dé todas sus ayudas, espirituales y materiales, y que nos conceda la gracia de la perseverancia final.

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Todos los males individuales, familiares, nacionales y mundiales, vienen de no practicar lo que dice el Santo Evangelio.

Ya lo dice Jesús mismo, que el hombre que escucha sus palabras pero no las practica, se parece a uno que edificó su casa sobre arena, y que al soplar los vientos, desbordarse los ríos y embestir contra la casa, ésta se desmorona y queda una gran ruina.

Pues así sucederá con aquel que oiga o lea el Evangelio, pero que no se esfuerce en practicarlo. Se encontrará que al final de su vida, su casa, es decir, su alma, estará en ruinas. Y ya sabemos para qué son buenas las ruinas, para demolerlas del todo porque no sirven para nada. Y así será para nuestra alma, que será desechada para siempre en el Infierno.

Obrar de acuerdo al Evangelio, es lo que nos hará felices en el Cielo y ya desde esta vida, porque no hay nadie que sea más feliz que aquél a quien su conciencia no le reprocha nada.

Y por otro lado, quien no actúe de acuerdo al Evangelio, será infeliz para siempre en el Infierno, y su infelicidad ya comenzará desde esta vida terrena.

Por eso en esta sección, creada el 11 de Septiembre de 2011, iremos exponiendo las enseñanzas del Evangelio y el modo de llevarlas a la práctica en nuestra vida cotidiana, para hacerlas carne en nosotros y así edificar la casa sobre roca.