Actualizado el sábado 3/SEP/22

Vivir el Evangelio

Sencillez. 

¡Cuánto ama Dios la sencillez! Y sin embargo, hay teólogos y estudiosos que tratan de complicar la religión católica, haciéndola impracticable para la gente. Pero Dios sólo quiere amor y sencillez de sus criaturas, y quizás un pobre y humilde, perdido en un pueblito cualquiera, es más santo y agradable a Dios, que un docto en una gran ciudad.

Conozcamos a Dios porque no lo conocemos. Incluso cuando vemos que alguien se está acercando a la fe, a veces nosotros mismos le complicamos las cosas y queremos cargar sobre él todo el yugo de los preceptos y mandamientos, apabullándolo y desanimándolo.

Dios es sencillo y quiere que sus hijos seamos sencillos y amorosos. En eso consiste vivir el Evangelio. Y ¡ay de aquellos que complican el Santo Evangelio, que es sencillo en su profundidad abismal, y lo vuelven impracticable a los hombres!

Dios es bueno, sencillo y nos ama, y esto debe bastarnos para darnos alas en el camino del bien, andando con confianza por la vía de la verdad, pues Dios nos ha creado para que seamos felices, y si bien permite pruebas en nuestro peregrinar, también es cierto que nos da los medios de salir adelante en cada situación y de ganar méritos para el Cielo.

Vivamos contentos y confiados en que Dios nos ama, y admiremos la sencillez con que Dios ha creado todas las cosas, y nos ha enseñado su Palabra.

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Todos los males individuales, familiares, nacionales y mundiales, vienen de no practicar lo que dice el Santo Evangelio.

Ya lo dice Jesús mismo, que el hombre que escucha sus palabras pero no las practica, se parece a uno que edificó su casa sobre arena, y que al soplar los vientos, desbordarse los ríos y embestir contra la casa, ésta se desmorona y queda una gran ruina.

Pues así sucederá con aquel que oiga o lea el Evangelio, pero que no se esfuerce en practicarlo. Se encontrará que al final de su vida, su casa, es decir, su alma, estará en ruinas. Y ya sabemos para qué son buenas las ruinas, para demolerlas del todo porque no sirven para nada. Y así será para nuestra alma, que será desechada para siempre en el Infierno.

Obrar de acuerdo al Evangelio, es lo que nos hará felices en el Cielo y ya desde esta vida, porque no hay nadie que sea más feliz que aquél a quien su conciencia no le reprocha nada.

Y por otro lado, quien no actúe de acuerdo al Evangelio, será infeliz para siempre en el Infierno, y su infelicidad ya comenzará desde esta vida terrena.

Por eso en esta sección, creada el 11 de Septiembre de 2011, iremos exponiendo las enseñanzas del Evangelio y el modo de llevarlas a la práctica en nuestra vida cotidiana, para hacerlas carne en nosotros y así edificar la casa sobre roca.