Actualizado el lunes 26/JUL/21

Vivir el Evangelio

Sin miedo a la opinión pública. 

La Verdad no es nada grata para quien está en el error, en el vicio y en el mal, y es por eso que si queremos ser coherentes con Ella, tenemos que aprender a vivir a la letra el Evangelio, sin importarnos la opinión de los hombres, basta que agrademos a Dios con nuestra conducta.

Los Santos no fueron unos miedosos, o al menos si lo fueron en algún momento, muy pronto dejaron de serlo pues se apoyaron en Dios, y quien está con Dios no debe temer a nada de este mundo ni del otro.

La insolencia y audacia de los malos muchas veces se debe a la indolencia y pereza de los buenos, entonces el mal avanza y no hay nadie que haga de dique. Es cierto que el dique, el rompeolas se va desgastando en el trabajo duro, pero ese es su puesto y su misión. En el Cielo se verá el bien realizado. Y todo cristiano es como un dique o rompeolas para detener la mar embravecida del Mal, o al menos hacerlo más acotado.

No esperemos a que otros hablen, a que otros hagan, a que otros evangelicen, porque Dios espera de nosotros eso, y si no damos un paso adelante, traicionaremos a Dios y a los hermanos, muchos de los cuales están indefensos y necesitan que algunos valientes les ayuden.

Recordemos que quien ame su vida en este mundo, perderá la Vida verdadera; y si el grano de trigo no muere queda solo, pero si muere da muchos frutos.

Pensemos en estas cosas y lancémonos al combate que se nos presenta, sabiendo que Dios no nos premiará tanto por el fruto, sino por el empeño puesto en la tarea.

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Todos los males individuales, familiares, nacionales y mundiales, vienen de no practicar lo que dice el Santo Evangelio.

Ya lo dice Jesús mismo, que el hombre que escucha sus palabras pero no las practica, se parece a uno que edificó su casa sobre arena, y que al soplar los vientos, desbordarse los ríos y embestir contra la casa, ésta se desmorona y queda una gran ruina.

Pues así sucederá con aquel que oiga o lea el Evangelio, pero que no se esfuerce en practicarlo. Se encontrará que al final de su vida, su casa, es decir, su alma, estará en ruinas. Y ya sabemos para qué son buenas las ruinas, para demolerlas del todo porque no sirven para nada. Y así será para nuestra alma, que será desechada para siempre en el Infierno.

Obrar de acuerdo al Evangelio, es lo que nos hará felices en el Cielo y ya desde esta vida, porque no hay nadie que sea más feliz que aquél a quien su conciencia no le reprocha nada.

Y por otro lado, quien no actúe de acuerdo al Evangelio, será infeliz para siempre en el Infierno, y su infelicidad ya comenzará desde esta vida terrena.

Por eso en esta sección, creada el 11 de Septiembre de 2011, iremos exponiendo las enseñanzas del Evangelio y el modo de llevarlas a la práctica en nuestra vida cotidiana, para hacerlas carne en nosotros y así edificar la casa sobre roca.