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Leer reflexión del día

(23/FEB/09)

¿Por qué?

¡Cuántas veces le preguntamos a Dios: “¿Por qué?”! ¿Por qué lo has permitido?, ¿por qué me pasó esto? Pero no nos apuremos. Esperemos que pase un poco el tiempo y posiblemente obtendremos una respuesta, y si no es en este mundo, será en el Cielo donde encontraremos las respuestas adecuadas. Y así entenderemos que TODO lo que nos sucedió en este mundo fue querido o permitido por Dios por amor hacia nosotros. ¡Pero cómo! Sí, por amor. Aquí no lo entendemos, pero en el Cielo veremos claro. Aquí vemos el tapiz del lado en donde están todos los hilos entrecruzados y no entendemos nada, pero en la eternidad veremos el tapiz del lado correcto y todos los hilos formarán un bello cuadro, ordenado, y quedaremos admirados y agradecidos con Dios.

Lo que sí debemos hacer es rezar, y rezar mucho, porque las pruebas que nos pone el demonio en el camino, y que Dios a veces permite, no siempre nos encuentran bien preparados con la oración. Por eso hagamos caso a las palabras que dijo el Padre Pío de Pietralcina: “Reza, ten fe y no te preocupes”.

Nunca le preguntemos a Dios: “¿Por qué?”, sino confiemos en su Divina Providencia, que todo lo dispone para el bien de los que lo aman.

(22/FEB/09)

No decir: “Yo ya llegué”.

Nunca hay que decir: “Yo ya llegué al grado de santidad que Dios quiere y aquí me planto”. ¡No! Siempre hay que seguir avanzando y luchando contra nuestros defectos y pasiones, porque esta vida es tiempo de prueba y según como salgamos de esta prueba, así será nuestro destino eterno.

En la vida espiritual uno nunca se queda en el mismo lugar, sino que, o avanza, o retrocede, pero nunca se queda quieto. Entonces no nos quedemos dormidos en los laureles, como se suele decir, y trabajemos por nuestra santificación y por la salvación de las almas. Hasta el último suspiro sigamos en el combate. Nunca dejemos las armas, porque el demonio es paciente y a veces se hace el que no nos vigila, pero en realidad no nos pierde de vista ni por un instante, y está esperando el momento oportuno para actuar. Atención, entonces, y mucha oración.

Solo demos el grito de ¡victoria! cuando estemos en el Paraíso junto a Dios, a María y a los Ángeles y Santos, pero no antes para no aflojar en la carrera.

(20/FEB/09)

Las pruebas.

En las pruebas de la vida siempre debemos ver la amorosa mano de Dios que las permite para nuestro bien y el de otras almas.

Las pruebas no vienen de Dios, porque el mal no viene nunca de Dios, jamás; sino que el mal viene de Satanás y sus demonios. Todo el mal viene de ellos. Dios a veces lo permite por bondad, pues Él sabe sacar bien del mal.

Nosotros debemos rezar mucho para que las pruebas de la vida no nos superen y podamos salir airosos de ellas, ya que con la oración se obtienen gracias y ayudas de Dios, que Él está dispuesto a concedernos en abundancia si se las pedimos en la oración.

Si nos hemos decidido a ser fieles a Dios y a seguir a Cristo, no nos faltarán las pruebas, pues el demonio, envidioso de nosotros y que nos odia eternamente, hará todo lo que pueda por desviarnos del camino y arrastrarnos al abismo. Estemos atentos, vigilantes y orando en todo tiempo, pues nuestra lucha no es contra seres de carne y sangre, sino contra las potestades infernales.

(19/FEB/09)

En cada asunto siempre tener presente a Dios.

En cada asunto de nuestra vida siempre deberíamos tener presente a Dios, porque a veces actuamos sin pensar en Dios y por lo tanto actuamos mal.

Cuando me siento a mirar una película, pensar: ¿Dios la miraría? Cuando tengo que decidir algo, pensar: ¿Cómo decidiría Dios estando en mi lugar? Y según sea lo que nos dice la recta conciencia, proceder así.

También en las miradas debemos tener presente a Dios y ver a Jesús en cada persona, pues si reparamos en quién es el que nos pide un favor o nos hace algún mal, no podremos evitar sentir desagrado. En cambio si hacemos el ejercicio de ver a Jesús en todas las personas que nos piden algo o con las que tratamos, nuestras relaciones mejorarán y le daremos gusto al Señor, y trataremos a todos con la caridad que Cristo nos pide en el Evangelio. Se cazan más moscas con una gota de miel que con un barril de vinagre. La dulzura y la bondad siempre atraen a los hombres, y Dios está contento de que las utilicemos para el trato con nuestro prójimo.

Pero es necesario que conozcamos a Dios a través de la oración, de los sacramentos y de la lectura espiritual de su Palabra, y así sabremos lo que opina Dios en cada situación particular que nos toque resolver.

(18/FEB/09)

Vivamos como si mañana debiéramos morir.

Nadie tiene comprada la vida, y cuando menos lo esperemos nos puede llegar la muerte. Ya Jesús nos lo dice en el Evangelio que el Hijo del hombre vendrá a la hora menos pensada, que llegará a la hora del ladrón, y el que no esté preparado para recibirlo no entrará en el Cielo.

¿Y cómo hay que estar preparado para recibir al Señor, ya sea en su Segunda Venida o en el momento de nuestra muerte? Simplemente viviendo constantemente en gracia de Dios, es decir, cumpliendo los Diez Mandamientos y las enseñanzas de Jesús en el Evangelio. Así estaremos siempre preparados para cuando venga el Señor y nos llame a su presencia.

Esto es lo que realmente importa en nuestra vida: morir estando en gracia de Dios. Porque si morimos estando en pecado grave, nuestro destino es el Infierno eterno. Por eso, si tenemos la desgracia de cometer un pecado grave, debemos hacer enseguida un acto de contrición perfecta con el propósito de confesarnos cuanto antes con un sacerdote. Y no acostarnos nunca estando en pecad, pues como dice el dicho: “Pecador, no te acuestes nunca en pecado, no sea que despiertes ya condenado”.

(17/FEB/09)

Dios nos ve.

Dios siempre nos ve. No hay lugar donde podamos escondernos de su mirada. Y esto no es para amedrentarnos, sino porque Él no quiere dejar ni un momento de cuidarnos y prodigarnos sus gracias. Pero también es cierto que si pecamos, Él también lo ve. El Señor todo lo ve, por eso debemos comportarnos siempre sabiendo que estamos en su presencia, y aunque estemos en la habitación más solitaria y oscura, para Dios todo es claridad. Los santos tenían siempre la idea de la presencia de Dios, porque ello los salvaba de caer en muchos pecados. Y los hombres pecan porque no piensan en esto y creen poder escaparse de la mirada de Dios.

Recordemos que todas nuestras acciones serán llevadas a juicio, y que el demonio, en el juicio, nos acusará de todos los pecados y maldades que hayamos cometido. ¿Y quién nos defenderá, si son verdaderas esas cosas? Porque el demonio también nos espía y nos induce al pecado y está como león rugiente a nuestro alrededor para hacernos pecar. A veces nosotros estamos medio dormidos y no tomamos conciencia de estas realidades espirituales, pero sepamos que los santos, todos los santos, tuvieron que luchar contra los demonios que los molestaban. Esto nos sucederá también a nosotros si queremos ser fieles a Dios. No tengamos miedo y confiemos en la Misericordia de Dios y en la protección de María Santísima.

(15/FEB/09)

Dios es Bueno.

Dios es Bueno, infinitamente Bueno. Esta es una verdad que debiéramos graba a fuego en nuestra alma, para no dudar de Dios y tener cada vez más confianza en Él. Porque el mal, todo el mal que hay en el mundo viene de Satanás. El mal nunca puede venir de Dios, porque Dios hace todo bien, todo bueno, y no hace nada imperfecto, y el mal es una imperfección, como las enfermedades, desastres naturales, guerras, epidemias, etc.

Dios permite el mal porque de él saca un bien mayor para una o muchas almas. Cuando se dice que Dios castiga sucede esto, es decir, Dios deja de proteger a un alma y entonces los demonios le hacen daño. Por eso debemos rezar mucho para ser protegidos siempre por Dios, y para que las pruebas que nos pone Satanás, y que Dios permita para nuestra santificación, no nos desvíen del buen camino del cumplimiento de los Diez Mandamientos

Recordemos siempre esto: Que todo el mal que hay en el mundo y en nuestras vidas no provienen de Dios sino de Satanás y sus demonios, porque Dios es Bueno y solo da cosas buenas a sus hijos. Por eso el mayor atributo de Dios es la Misericordia. Dios es Amor.

(14/FEB/09)

A la mayor Gloria de Dios.

Nuestra vida en este mundo debemos vivirla a la mayor Gloria de Dios y para la salvación de las almas. No gastemos nuestra vida inútilmente, “matando” el tiempo, como suele decirse, sino aprovechemos el tiempo de vida que tenemos para salvar almas.

Jesús, en un mensaje que da al P. Michelini, le dice que un alma que se condena es mayor mal que todas las calamidades pasadas, presentes y futuras que suceden en el mundo. Y es que esa alma va a castigos eternos. No nos podemos hacer una idea lo que quiere decir esto. El sólo pensarlo –si lo pensáramos seriamente- es causa de que nos venga un gran fervor por salvarlas y salvarnos nosotros. Por eso el demonio ya no quiere que se hable del Infierno eterno, ni de la eternidad, que será según haya sido la vida en la tierra.

Abramos los ojos y no nos dejemos engañar por Satanás que nos quiere hacer olvidar lo más importante que es la salvación del alma, de la nuestra y de las de nuestros hermanos. No desperdiciemos nuestra vida, sino aprovechémosla para la Gloria de Dios y bien de nuestros prójimos.

(13/FEB/09)

Con sencillez y confianza.

Debemos hablar con Dios con sencillez y confianza, pues Él es un Dios simple, sencillo, y ama la sencillez y la simplicidad. No rebusquemos nuestro lenguaje cuando hablamos con Él, porque el Señor ya sabe todo de nosotros y quiere que seamos sinceros y sencillos.

Las cosas complicadas no vienen de Dios, sino del espíritu maligno que trata de hacer complicado lo que es sencillo. El Evangelio de Jesús es sencillo, y los que lo explican complicándolo, no son de Dios.

Cuando vayamos a los pies de Jesús Sacramentado hablémosle como al mejor de los amigos. No tratemos de engañarlo porque a Dios no se le engaña y no nos ensalcemos ante Él, pues el Señor es el Todo y nosotros somos la nada. Vayamos con confianza ilimitada en su Bondad, sabiendo que del Señor no nos puede venir ningún mal, y que cuando nos sucede alguna desgracia, ésta viene siempre de Satanás y no de Dios, que nos ama con un amor infinito y solo quiere nuestro bien.

(12/FEB/09)

Conservar la paz.

La paz viene de Dios, la turbación viene del demonio.

Satanás, cuando no nos puede hacer caer en el pecado, trata de hacernos perder la paz, de asustarnos y acobardarnos, y llevarnos al desaliento. No le demos el gusto y estemos vigilantes y conservemos la paz a toda costa. No sigamos su juego. Debemos cuidar nuestra paz interior y rezar mucho, especialmente el Santo Rosario el cual nos trae paz al alma, a las familias y al mundo entero.

Para reconocer si un pensamiento viene o no de Dios hay que ver si nos deja paz o inquietud en el alma. Si nos trae paz, es de Dios; si nos trae inquietud, miedo, es del demonio y hay que descartarlo enseguida.

Oremos frecuentemente porque Satanás es muy astuto y necesitamos de la oración que nos obtiene la ayuda de Dios, pues Dios ha prometido dar muchas gracias pero a aquellos que se las pidan a través de la oración.

(11/FEB/09)

Con la mirada puesta en el Cielo.

Como dice el Apóstol San Pablo, debemos buscar las cosas de arriba, es decir, caminar por este mundo pero con la mirada puesta en el Cielo, porque todo lo de aquí abajo es pasajero y somos peregrinos que vamos en busca de la Ciudad Celestial. Allí estaremos felices para siempre, si aquí abajo hemos cumplido los Diez Mandamientos y hemos sido fieles a las enseñanzas de Jesús en el Evangelio.

Cuando estemos sufriendo, pensemos en el Cielo que nos espera, no caigamos en la desesperanza. Recemos el Rosario, especialmente los misterios gloriosos, que nos harán olvidar un poco de este mundo y nos harán pensar en la gloria futura que conquistaremos a fuerza de sacrificios y de sufrimientos en la vida. Porque hay que recordar que esta vida terrena es tiempo de prueba. Algunos la viven como si esta vida fuera la única que existe y se olvidan de lo más importante, de que este tiempo es tiempo de combate para conquistar la Vida eterna. Nosotros no seamos insensatos como ellos, y preparémonos para la lucha contra los enemigos del alma, que harán todo lo posible para desanimarnos y llevarnos a la perdición.

(10/FEB/09)

Para no cansarnos.

Para no cansarnos en el arduo camino hacia la santidad, es necesario que nos apoyemos en Dios que es nuestra Fuerza. Tenemos que acudir a los Sacramentos, especialmente a la Eucaristía que es el mismo Cristo que viene a nosotros a darnos su poder y fortaleza.

Hay que perseverar hasta el fin. No basta ser católico por unos días o por unos meses o por unos años, hay que serlo siempre, hasta el último suspiro, hasta que la muerte nos presente ante Dios para ser juzgados por Él.

Ya lo dice Jesús en el Evangelio, que el que persevere hasta el fin, ése se salvará. Y para perseverar hay que rezar, y rezar mucho, pues toda la fuerza y las gracias nos vienen con la oración. No dejemos jamás la oración porque con ella se vencen las tentaciones del mundo, del demonio y de la carne. La llama apostólica no debe arder solo por un tiempo, sino que nos debe durar para todo nuestro día terreno. A no descorazonarse y a ser valientes y pedir la ayuda de Dios para seguir en el combate hasta el fin.

(9/FEB/09)

El martirio cotidiano.

Para ser mártires no es necesario morir decapitado o en la hoguera, sino que la cosas de cada día, con sus pequeñeces y sus crucecitas, si las llevamos con valor, con constancia y con amor, ya son un martirio igual al martirio cruento. Porque hay que tener constancia para sufrir las mil contrariedades de todos los días, sin rebelarse.

El mártir sufre solo por un corto tiempo, en cambio nosotros, en nuestro vivir diario, debemos sufrir las mil cosillas que nos molestan, y eso día tras día, hoy igual que ayer y lo mismo que mañana, y siempre así. Hay que ser valientes para no huir del combate y mantenerse mansos y alegres en medio de este batallar.

Así que pongamos los pies sobre la tierra y elevemos la mente al Cielo. No esperemos las grandes ocasiones para servir al Señor derramando nuestra sangre por Él, sino vayamos derramando gota a gota de nuestra sangre, haciendo con amor y paciencia las mil cosas de cada día, soportando al prójimo y a nosotros mismos. Esto ya es un martirio agradable a Dios y que sirve para la salvación de las almas.

(7/FEB/09)

¿Por qué existimos?

¿Por qué existimos cada uno de nosotros? En nuestro lugar Dios podría haber creado millones y millones de otros seres humanos. Pero no. Él ha querido crearnos a nosotros. ¿Y por qué? Simplemente por amor, porque nos ama desde toda la eternidad y quiere que vayamos a gozar de su Felicidad al Cielo por los siglos de los siglos.

Ahora digo yo: ¿Vale la pena, por un  placer mezquino y corto, por un pecado, perder esa felicidad para la cual nos ha creado? ¿No es de locos preferir el horror del infierno eterno, a la paz beatífica del Cielo, y solo por un pecado?

Es tiempo de que comprendamos la gravedad del pecado y que lo dejemos de lado, pues Dios nos quiere en el Cielo con Él y nos ha creado para la Gloria eterna. No defraudemos el Corazón de Dios. No defraudemos a nuestra alma. Dios nos ama, y aunque tengamos que pasar o hayamos pasado por pruebas duras, en el Cielo comprobaremos que fueron permitidas o queridas por Dios por amor.

Así que agradezcamos a Dios porque nos ha elegido y nos ha mantenido en la existencia por amor y para que tengamos tiempo de recapacitar y elegir el camino correcto

(6/FEB/09)

La reparación.

Cuando uno ocasiona un daño, hace falta reparar ese daño, por el mismo que lo causó o por otro que pueda repararlo. También cuando se comete un pecado hay necesidad de reparar el daño hecho al honor de Dios, y nosotros podemos reparar por los daños que cometen todos los días los pecadores.

Jesús mismo nos da ejemplo de cómo se repara un daño, con el mismo elemento con el que se causó. Por ejemplo, el Señor reparó los pecados de impureza -que utilizan el cuerpo para pecar-, con la bárbara flagelación, y así nosotros debemos reparar los placeres ilícitos de los pecadores, con penitencias y pequeños sacrificios que equilibren la balanza de la Justicia divina.

Debemos ser almas reparadoras. Y para reparar hace falta una cosa: el amor. Si queremos ser verdaderos reparadores, tenemos que hacer todo por amor a Dios, pues de lo contrario serán solo acciones sin alma. Y recordemos que hasta las más simples cosas de todos los días, sirven como reparación si se hacen con esa intención. ¡Qué hermosa ocupación que hemos encontrado, la cual nos reservará un lugar muy elevado en el Cielo!

(5/FEB/09)

Los castigos merecidos.

Este mundo, con su obrar al margen de Dios y contra los Diez Mandamientos, se atrae numerosos castigos del Cielo que , si no son todavía mayores, es porque la oración y los sufrimientos de los buenos han podido detener y apaciguar la Justicia de Dios.

Por eso este es tiempo de pedir misericordia, porque el mundo cada vez se precipita más en los pecados, y es necesario que los buenos, los que tratamos de vivir en gracia de Dios, pidamos y ofrezcamos por los que están alejados de Dios y marchan por el camino de la perdición. Así imitaremos a Jesús, que siendo Bueno, quiso cargar voluntariamente con todas nuestras maldades y pagó por nosotros a la Justicia del Padre. También nosotros, imitando al Maestro, debemos seguir su ejemplo, haciéndonos víctimas para la salvación del mundo.

Pero no hace falta hacer grandes cosas para cumplir con este propósito, sino aceptar con amor todo lo que nos va sucediendo en la vida, y hacer cada acción con amor a Dios, por pequeña e insignificante que ella sea o parezca, pues nada hay pequeño en la vida espiritual, y una sencilla y pequeña acción hecha por amor a Dios, tiene muchísimo valor para el Señor. Y, sobre todo, oremos mucho, que la oración tiene el poder de aplacar la cólera de Dios y de alejar los castigos mil veces merecidos.

(4/FEB/09)

Confianza.

¡Qué poder maravilloso tiene el alma llena de confianza en Dios! Se puede decir que es todopoderosa, porque todo lo obtiene del Corazón de Jesús. Pero es necesario tener confianza ilimitada en Dios, en su Bondad y, pase lo que pase, seguir creyendo que Dios es Bueno y que todo lo que quiere o permite es para nuestro bien.

Es necesario que tratemos, todos los días, de aumentar esta confianza en Dios y en su Misericordia, porque de esa manera ayudaremos a salvar a muchas almas y atraeremos la benevolencia de Dios sobre el mundo, porque Dios no puede negar nada a un alma que confía ciegamente en Él.

Si a veces confiamos en pobres hombres que son buenos naturalmente, ¿por qué no confiar en Dios que es INFINITAMENTE BUENO y quiere el bien para sus criaturas? Despojémonos de la desconfianza que tanto hiere el Corazón de Dios y lancémonos en el mar de la confianza en nuestro Buen Dios.

(3/FEB/09)

El alma de todo apostolado.

El alma de todo apostolado es la oración. Antes de hablar de Dios a los hombres, hay que hablar a Dios de los hombres, es decir, tenemos que rezar mucho y visitar a Jesús en el Santísimo sacramento, si queremos que nuestra actividad apostólica dé sus frutos, pues en definitiva es el Señor el que convierte los corazones y nosotros somos simples e inútiles instrumentos suyos.

La oración es importantísima y si no la hacemos, corremos el riesgo de caer en una actividad febril que quedará infructuosa porque, como dice la Escritura: si el Señor no construye la casa, en vano se fatigan los constructores. Es decir que debemos invocar al Señor y pedirle fuerza y gracia para que nuestra palabra sea poderosa y nuestro modo de obrar atraiga a nuestros hermanos al cumplimiento de los Diez Mandamientos, pues de eso se trata, de hacer que los hombres cumplan los Diez Mandamientos; porque ¿de qué sirve organizar reuniones y eventos para que los hombres se alegren y diviertan pero que se queden como están y no cumplan los Mandamientos? No nos engañemos, el verdadero apostolado es para que los hombres se conviertan y se salven. No caigamos en un cristianismo insulso y superficial, ya que aquí se trata de la salvación eterna de las almas, que es la cosa más importante.

Y la oración más eficaz es la del Santo Rosario, pues la misma Virgen se pone a rogar con nosotros cuando lo rezamos, y sabemos que Ella es la Omnipotencia Suplicante, es decir, la que con su oración lo obtiene TODO de Dios.

(2/FEB/09)

Jesús nos comprende.

A veces, cuando abrimos nuestro corazón a un hermano, a un amigo, éstos no nos comprenden a pesar de que tal vez ponen buena voluntad en hacerlo. Entonces ¿qué hacer?, ¿quedarnos solos y encerrarnos en nosotros mismos, considerándonos unos incomprendidos? No. Debemos ir a Jesús, a los pies del Santísimo Sacramento; pues allí está el que creó, el que formó nuestro corazón, nuestra alma, y conoce hasta el más mínimo secreto de nosotros. Él nos comprende, más, incluso, de lo que nos comprendemos nosotros mismos; y Él tiene el remedio justo para nosotros.

No perdamos la oportunidad de ir a los pies del Señor. Si a veces pagamos fortunas por ir a un psicólogo, para que nos escuche por una hora, con la esperanza de que nos sane interiormente; ¡cuánto más debemos ir a los pies del Médico Divino que es Jesús, para que nos Sane profundamente de todos nuestro males y nos colme de bendiciones celestiales, y hasta materiales, si son necesarias para la salvación del alma!

Él no nos cobra nada por tener una sesión con nosotros. Con Él no corre el tiempo, no hay apuros ni nerviosismos. Él está dispuesto las 24 horas del día para escucharnos, aconsejarnos y sanarnos. Aprovechemos esta gran oportunidad que tenemos mientras vivimos en este mundo.

(1/FEB/09)

No hay amor más grande...

Dice el Señor en el Evangelio que no hay amor más grande que el de aquél que da la vida por sus amigos. Y Él nos dio el ejemplo y por nosotros, sus amigos, dio su vida.

También nosotros debemos imitarlo, pues si somos cristianos, es decir, seguidores de Cristo, tenemos que imitar a nuestro Maestro, y hay que actuar como lo hizo Él, entregando nuestra propia vida por la salvación de las almas inmortales. Tal vez no debamos morir crucificados materialmente como lo hizo Jesús, pero siempre debemos negarnos a nosotros mismos y tener una vida sacrificada al servicio de Dios y del prójimo.

Ya con el solo hecho de tratar de cumplir bien los Diez Mandamientos, estamos teniendo esa vida sacrificada y, si además hacemos pequeños sacrificios, entonces ya estamos en el camino correcto que nos permitirá salvar almas del poder del infierno. Recordemos que tenemos esta sola vida para ganar la Vida eterna, y depende de lo que hagamos en esta, así será la Otra. Seamos héroes en la virtud y salvemos almas, para que Dios esté contento con nosotros y, a su vez, nosotros realicemos nuestra vocación que es ser apóstoles y alcanzar la santidad.

(31/ENE/09)

Sueño profético de San Juan Bosco.

El 26 de mayo de 1862 Don Bosco había prometido a sus jóvenes que les narraría algo muy agradable en los últimos días del mes. El 30 de mayo, pues, por la noche les contó una parábola o semejanza según él quiso denominarla. He aquí sus palabras: «Os quiero contar un sueño. Es cierto que el que sueña no razona; con todo, yo que os contaría a Vosotros hasta mis pecados si no temiera que salieran huyendo asustados, o que se cayera la casa, se lo voy a contar para su bien espiritual. Este sueño lo tuve hace algunos días. Figúrense que están conmigo a la orilla del mar, o mejor, sobre un escollo aislado, desde el cual no ven más tierra que la que tienen debajo de los pies. En toda aquella superficie líquida se ve una multitud incontable de naves dispuestas en orden de batalla, cuyas proas terminan en un afilado  espolón de hierro a modo de lanza que hiere y  traspasa todo aquello contra lo cual llega a chocar. Dichas naves están armadas de cañones, cargadas de fusiles y de armas de diferentes clases; de material incendiario y también de libros (televisión, radio, internet, cine, teatro, prensa), y se dirigen contra otra embarcación mucho más grande y más alta, intentando clavarle el espolón, incendiarla o al menos  hacerle el mayor daño posible.

A esta majestuosa nave, provista de todo, hacen escolta numerosas navecillas que de ella reciben las órdenes, realizando las oportunas maniobras para defenderse de la flota enemiga. El viento le es adverso y la agitación del mar favorece a los enemigos. En medio de la inmensidad del mar se levantan, sobre las olas, dos robustas columnas, muy altas, poco distante la una de la otra. Sobre una de ellas campea la estatua de la Virgen Inmaculada, a cuyos pies se ve un amplio cartel con esta inscripción: Auxilium Christianorum. Sobre la otra columna, que es mucho más alta y más gruesa, hay una Hostia de tamaño proporcionado al pedestal y debajo de ella otro cartel con estas palabras: Salus credentium. El comandante supremo de la nave mayor, que es el Romano Pontífice, al apreciar el furor de los enemigos y la situación apurada en que se encuentran sus leales, piensa en convocar a su alrededor a los pilotos de las naves subalternas para celebrar consejo y decidir la conducta a seguir. Todos los pilotos suben a la nave capitaneada y se congregan alrededor del Papa. Celebran consejo; pero al comprobar que el viento arrecia cada vez más y que la tempestad es cada vez más violenta, son enviados a tomar nuevamente el mando de sus naves respectivas.

Restablecida por un momento la calma, el Papa reúne por segunda vez a los pilotos, mientras la nave capitana continúa su curso; pero la borrasca se torna nuevamente espantosa. El Pontífice empuña el timón y todos sus esfuerzos van encaminados a dirigir la nave hacia el espacio existente entre aquellas dos columnas, de cuya parte superior todo en redondo penden numerosas áncoras y gruesas argollas unidas a robustas  cadenas. Las naves enemigas dispónense todas a asaltarla, haciendo lo posible por detener su marcha y por hundirla. Unas con los escritos, otras con los libros, con materiales incendiarios de los que cuentan gran abundancia, materiales que intentan arrojar a bordo; otras con los cañones, con los fusiles, con los espolones: el combate se torna cada vez más encarnizado. Las proas enemigas chocan contra ella violentamente, pero sus esfuerzos y su ímpetu resultan inútiles. En vano reanudan el ataque y gastan energías y municiones: la gigantesca nave prosigue segura y serena su camino. A veces sucede que por efecto de las acometidas de que se le hace objeto, muestra en sus flancos una larga y profunda hendidura; pero apenas producido el daño, sopla un viento suave de las dos columnas y las vías de agua se cierran y las brechas desaparecen.

Disparan entretanto los cañones de los asaltantes, y al hacerlo revientan, se rompen los fusiles, lo mismo que las demás armas y espolones. Muchas naves se abren y se hunden en el mar. Entonces, los enemigos, encendidos de furor comienzan a luchar empleando el arma corta, las manos, los puños, las injurias, las blasfemias, maldiciones, y así continúa el combate. Cuando he aquí que el Papa cae herido gravemente. Inmediatamente los que le acompañan acuden a ayudarle y le levantan. El Pontífice es herido una segunda vez, cae nuevamente y muere. Un grito de victoria y de alegría resuena entre los enemigos; sobre las cubiertas de sus naves reina un júbilo indecible. Pero apenas muerto el Pontífice, otro ocupa el puesto vacante. Los pilotos reunidos lo han elegido  inmediatamente; de suerte que la noticia de la muerte del Papa llega con la de la elección de su sucesor. Los enemigos comienzan a desanimarse. El nuevo Pontífice, venciendo y superando todos los obstáculos, guía la nave hacia las dos columnas, y al llegar al espacio comprendido entre ambas, la amarra con una cadena que pende de la proa a un áncora de la columna que ostenta la Hostia; y con otra cadena que pende de la popa la sujeta de la parte opuesta a otra áncora colgada de la columna que sirve de pedestal a la Virgen Inmaculada. Entonces se produce una gran confusión.

Todas las naves que hasta aquel  momento habían luchado contra la embarcación capitaneada por el Papa, se dan a la huida, se dispersan, chocan entre sí y se destruyen mutuamente. Unas al hundirse procuran hundir a las demás. Otras navecillas que han combatido valerosamente a las órdenes del Papa, son las primeras en llegar a las columnas donde quedan amarradas. Otras naves, que por miedo al combate se habían retirado y que se encuentran muy distantes, continúan observando prudentemente los acontecimientos, hasta que, al desaparecer en los abismos del mar los restos de las naves destruidas, bogan aceleradamente hacia las dos columnas, llegando a las cuales se aseguran a los garfios pendientes de las mismas y allí permanecen tranquilas y seguras, en compañía de la nave capitana ocupada por el Papa. En el mar reina una calma absoluta. Al llegar a este punto del relato, San Juan Bosco preguntó a Beato Miguel Rúa: —¿Qué piensas de esta narración? Beato Miguel Rúa contestó: —Me parece que la nave del Papa es la Iglesia de la que es Cabeza: las otras naves representan a los hombres y el mar al mundo. Los que defienden a la embarcación del Pontífice son los leales a la Santa Sede; los otros, sus enemigos, que con toda suerte de armas intentan aniquilarla.

Las dos columnas salvadoras me parece que son la devoción a María Santísima y al Santísimo Sacramento de la Eucaristía. Beato Miguel Rúa no hizo referencia al Papa caído y muerto y San Juan Bosco nada dijo tampoco sobre este particular. Solamente añadió: —Has dicho bien. Solamente habría que corregir una expresión. Las naves de los enemigos son las persecuciones. Se preparan días difíciles para la Iglesia. Lo que hasta ahora ha sucedido es casi nada en comparación a lo que tiene que suceder. Los enemigos de la Iglesia están representados por las naves que intentan hundir la nave principal y aniquilarla si pudiesen. ¡Sólo quedan dos medios para salvarse en medio de tanto desconcierto! Devoción a María Santísima. Frecuencia de Sacramentos: Comunión frecuente, empleando todos los recursos para practicarlos nosotros y para hacerlos practicar a los demás siempre y en todo momento. ¡Buenas noches! Las conjeturas que hicieron los jóvenes sobre este sueño fueron muchísimas, especialmente en lo referente al Papa; pero Don Bosco no añadió ninguna otra explicación. Cuarenta y ocho años después —en A.D. 1907— el antiguo alumno, canónigo Don Juan Ma. Bourlot, recordaba perfectamente las palabras de San Juan Bosco. Hemos de concluir diciendo que César Chiala y  sus compañeros, consideraron este sueño como una verdadera visión o profecía.

(30/ENE/09)

Celo por la salvación de las almas.

Como buenos católicos que somos, debemos tener ardiente celo por la salvación de las almas, pues ellas son imágenes de Dios y fueron rescatadas con la Sangre de Cristo, que tiene un valor infinito.

Pero si queremos salvar almas, debemos saber que tendremos unos terribles enemigos que son el demonio y todo su séquito, al cual hay que saber enfrentar con las armas que nos dejó Jesús y que la Virgen nos recuerda en sus apariciones: conversión, oración, penitencia, frecuencia de sacramentos, vigilancia. Si empuñamos estas armas y nos lanzamos a la conquista de las almas, Dios estará con nosotros y saldremos vencedores, pues a Dios le interesan infinitamente las almas, porque son suyas y les han sido quitadas por el mundo, el demonio y la carne.

Ya lo dijo el Papa Juan Pablo II, que recemos el Rosario, que aunque parece que no hacemos nada con ello, en realidad hacemos mucho. Hay muchas formas de hacer apostolado. Elijamos la que más nos parezca conveniente y lancémonos al combate, que Dios y la Virgen estarán con nosotros y en nosotros y ganaremos gloriosos despojos de nuestros enemigos, recuperando las almas para Dios.

(28/ENE/09)

Consolemos al Señor.

Jesús, en estos tiempos, sufre mucho a causa de los pecados de los hombres. Él ya está en el Cielo perfectamente glorioso y en su cuerpo ya no puede sufrir, pero sufre moralmente por los pecados de los hombres y siente en su Corazón divino la ingratitud humana. Es tiempo, entonces, de que reparemos tanto mal con una vida intachable para que Jesús esté contento con nosotros y sienta consuelo y solaz al vernos que cumplimos su palabra.

Pobres pecadores que ni se imaginan lo terrible que es el infierno, y que, además, es eterno. Por gozar de un placer prohibido, por darse un gusto contra los Diez Mandamientos, se ganan un horror que durará para siempre. ¡Para siempre! ¿Meditamos en estas palabras: “para siempre”? Da vértigo el comenzar a meditarlas y nos incentiva a ser buenos y evitar el castigo eterno.

Pero, principalmente no debemos pecar, porque con el pecado causamos dolor a Jesús que es tan Bueno y nos quiere tanto. Hagamos lo posible y lo imposible para vivir en gracia de Dios y no ofender al Señor.

(27/ENE/09)

Cumplir los Diez Mandamientos.

Todos los bienes nos vienen de cumplir los Diez Mandamientos. En cambio, si no los cumplimos, nos vienen todos los males. ¿Por qué hay tanto mal en el mundo? Porque no se cumplen los Diez Mandamientos, el hombre se ha alejado de Dios y entonces es la oportunidad de Satanás para hacer prisioneras a las almas y a toda la humanidad. Por algo será que la Virgen en todas sus apariciones y mensajes pide conversión, pues Ella sabe que todo depende de que cumplamos o no los mandamientos.

El que cumple los mandamientos es como el hombre aquel de la parábola, que edificó su casa sobre roca, y, cuando vengan los problemas y tribulaciones de esta vida, podrá resistir firmemente, porque está anclado en Dios. En cambio, el que no los cumple, antes o después vendrá la ruina sobre él, y no sólo la ruina en este mundo sino, lo que es peor, en el venidero.

Por eso hagamos el esfuerzo de cumplir la voluntad de Dios, es decir, los Diez Mandamientos, porque así nos irá bien en todo lo que emprendamos y Dios nos enjugará toda lágrima y, al final, entraremos gozosos en el Cielo que nos espera si somos fieles a Dios.

(26/ENE/09)

Oraciones y sacrificios.

La oración y el sacrificio son las dos formidables armas que el Señor nos da para combatir a Satanás y defendernos de sus ataques. Nunca debemos dejar de usarlas y cada día tenemos más necesidad de empuñarlas para salir victoriosos de este combate contra las fuerzas del Infierno.

Si Jesús se preparó a su misión con cuarenta días de ayuno y oración, es necesario que nosotros, que somos sus discípulos, también sigamos su ejemplo y recemos y hagamos sacrificios para mantener alejado a Satanás y recuperar las almas que él ha esclavizado.

Con estas dos armas estamos plenamente protegidos y, si las usamos regularmente, cantaremos victoria y el demonio no podrá influir en nuestras vidas ni en las de nuestros seres queridos.

De nada sirven los nuevos métodos de apostolado y las reuniones pastorales si no se habla de este tema de la oración y el sacrificio como medio necesario para salvar almas y salvarnos nosotros. Aprovechemos que tenemos esta luz y este conocimiento, y usemos estas armas.

(25/ENE/09)

Tiempo de conversión.

Este tiempo que vivimos sobre la tierra es tiempo que vale oro, pues debemos aprovecharlo bien porque, según sea cómo hayamos vivido este tiempo, así será nuestra eternidad. Esto es cosa seria, pues lo que hagamos en la tierra repercutirá en el otro mundo. Por eso es necesario que utilicemos este tiempo para convertirnos y acercarnos más a Dios y cumplir sus mandamientos, y así seremos protegidos por Él y todo lo que hagamos nos saldrá bien, y triunfaremos sobre todos nuestros enemigos.

En  cambio si vivimos pecando o en la tibieza, puede suceder que la muerte nos sorprenda y tengamos nuestra parte en el abismo de fuego. Recordemos que no sabemos cuándo moriremos, por eso debemos tener el “equipaje preparado” como quien de un momento a otro tiene que partir, esto dignifica que debemos vivir siempre en gracia de Dios, y así estaremos listos cuando el Señor nos llame a su presencia para darnos el Cielo merecido.

La Virgen en todas sus apariciones invita a la conversión, a la penitencia, a la oración, en definitiva a la vuelta a Dios, porque sin Dios no podemos dar ni un paso, y si el mundo cree que puede vivir sin Dios, muy pronto se desengañará cruelmente; Satanás mismo lo desengañará, provocando toda clase de maldad y violencia.

(24/ENE/09)

Fidelidad en las inspiraciones.

A veces Dios nos inspira una obra buena y nosotros nos hacemos los desentendidos y no la llevamos a cabo. Eso no debe suceder más, pues estas son gracias que Dios nos da para que hagamos méritos para el Cielo y, si somos fieles a ellas, entonces el Señor nos da otras y otras y así vamos creciendo en hacer la Voluntad de Dios. Si tenemos duda de si una inspiración viene de Dios, deberemos consultarla con nuestro director espiritual.

A cada momento recibimos luces de Dios en nuestra alma, y solo hay que estar atentos para llevarlas a cabo sin pereza. Entonces Dios nos irá confiando cada vez cosas más importantes. En cambio, si hacemos oídos sordos, y hacemos lo que queremos, entonces el Señor se irá alejando de nosotros y nos cerraremos a muchas de sus gracias y hasta pondremos en peligro nuestra salvación.

Pero siempre es bueno tener un director espiritual a quien consultarle las dudas y que nos dé el visto bueno a estas inspiraciones, para no ser engañados por el Maligno o por nuestra propia voluntad.

(22/ENE/09)

Si Dios está con nosotros...

Así dice el Apóstol: “Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?” Y así es, pues si tenemos a Dios con nosotros, los enemigos, todos los enemigos son menos que nada, pues estamos junto a Dios que todo lo puede. Pero para tener a Dios con nosotros es necesario que cumplamos sus mandamientos, es decir, los Diez Mandamientos y las enseñanzas de Jesús en el Evangelio, y de esa forma Dios siempre nos cuidará y protegerá.

Pero si tenemos la desgracia de pecar, humillémonos ante Dios y pidámosle perdón y hagamos una sincera confesión con un sacerdote, y Dios nos perdonará y nos dará un premio, de modo que estaremos mejor que antes del pecado.

No desconfiemos de Dios, sino tengamos muchísima confianza en Él y, pase lo que pase, sigamos confiando y creyendo que Dios es Bueno y que lo que quiere o permite es siempre para nuestro bien. ¡Qué dichoso es el hombre que confía en el Señor, no se verá confundido!

(21/ENE/09)

Aprovechar las gracias pequeñas.

Dios nos pone a prueba y nos suele conceder algunas gracias pequeñas para ver cómo nos comportamos con ellas. Si somos fieles y las sabemos aprovechar, entonces el Señor nos concederá cada vez gracias mayores e inconcebibles y siempre debemos ser fieles, cada vez más fieles a su gracia. En cambio si despreciamos las gracias pequeñas, Dios no nos confiará las grandes porque somos derrochones y ya lo dice Jesús en el Evangelio: “Quien es fiel en lo poco, también lo será en lo mucho; y el que es deshonesto en lo poco, también lo será en lo mucho”

Por eso siempre debemos ser fieles y aprovechar hasta la más mínima gracia que viene de Dios porque, si bien a veces son gracias pequeñas, siempre será cierto que cada gracia viene salpicada con una gota de sangre de Jesús y una lágrima de María, pues ellos nos las obtuvieron al precio del sufrimiento.

Seamos agradecidos con Dios por cada gracia recibida, y así Dios se complacerá en seguir colmándonos de gracias como su fuéramos un recipiente en buen estado que recibe toda el agua que se echa en él.

(20/ENE/09)

Misericordia con el prójimo.

Dios ha permitido que en el mundo haya sufrimientos y desgracias para que sus hijos, los cristianos, sean misericordiosos con esos prójimos sufrientes, y así sean muy semejantes al Padre eterno que es misericordioso.

Ejercitemos la misericordia con el prójimo. Debemos ejercitarla con las obras, con las palabras o con la oración. Siempre podremos hacer un acto de misericordia de alguno de estos tres modos. ¡Y el mundo necesita tanto de la misericordia de Dios y de los hombres entre sí! ¿Quién no necesita de la misericordia de Dios y de su hermano? Todos estamos necesitados unos de otros y solo Dios es Perfecto y no necesita de nada ni de nadie para ser feliz. Pero nosotros los hombres necesitamos de Dios y de otros hombres. Es mejor pecar de bondad que de dureza, es mejor pasar por tontos por ser bondadosos, que ser considerados astutos por ser malvados.

Siempre tenemos que ser buenos, imitando en ello a Dios que es bueno con todos, y no devolver mal por mal, sino saber compadecer al hermano. Dios nos lo premiará.

(19/ENE/09)

Oración y penitencia.

Estas dos cosas las pide la Santísima Virgen en todas sus apariciones, pues de ambas depende la salvación del mundo.

Nosotros debemos prestar oídos a este pedido y tratar de ajustar nuestra vida a esto, orando en todo tiempo y haciendo pequeños sacrificios, pequeñas renuncias y mortificaciones que son la oración del cuerpo.

Es que la balanza de la Justicia divina está muy inclinada hacia los castigos, pues el pecado es muy grande en esta humanidad, y el mismo pecado es el que atrae los castigos. Por eso podemos reparar todavía con la oración y el sacrificio, equilibrando la balanza y atrayendo la Misericordia de Dios sobre el mundo.

El llamado de María es cada vez más urgente, pues cada vez es más grande el número y la gravedad de los pecados. Entonces, seamos héroes y empuñemos las armas de la oración y el ayuno para vencer a las fuerzas del Mal en nosotros y en los demás.

(18/ENE/09)

¿Por qué ir a Misa los domingos?

Porque es un deber de amor que tenemos todos los cristianos para con el Señor, que se ha inmolado en la Cruz por nosotros, y es necesario que sepamos ser agradecidos con Él. Porque en la Misa se renueva el Sacrificio de la Cruz y Cristo vuelve a morir y resucitar misteriosamente como hace dos mil años. Y para los que no pudimos estar en ese momento consolándolo, podemos hacerlo ahora al participar de la Misa, que es el mismo Sacrificio del Calvario.

Todos los domingos debemos ir a Misa, porque si no lo hacemos cometemos un pecado grave, un pecado de falta de amor al Señor que ha hecho tanto por nosotros. ¿Y nosotros no seremos capaces de dedicarle ni siquiera una sola hora por semana? Por eso vayamos a Misa, vayamos a adorar y consolar al Señor que se ofrece al Padre por nosotros. Y ojalá podamos recibirlo en la Comunión, entonces será completa nuestra alegría y cumpliremos con el acto más grande que puede hacer un hombre en la tierra, que es participar de la Misa y recibir a Jesús Sacramentado.

El domingo es el día en que Jesús resucitó, y por eso es el día consagrado al Señor, en que debemos dedicarnos a la oración, a las obras de misericordia y a la familia.

(17/ENE/09)

La Felicidad que nos espera.

La Felicidad que nos espera si somos fieles a Dios, no es posible imaginarla en este mundo. Dios ha creado la naturaleza tan bella que a veces quedamos arrobados viéndola; ¿y entonces qué será el Cielo, del cual San Pablo dice que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni vino a la mente del hombre lo que Dios tiene preparado para los que le aman? Vale la pena esforzarse en esta vida para alcanzar el Cielo. Además, tenemos la obligación de tratar de alcanzarlo pues no habrá términos medios: o Cielo o Infierno, y ambos eternos.

Tomemos conciencia entonces de que todo lo que hacemos en este mundo tiene peso en el juicio de Dios y será lo que decida nuestro destino eterno.

Además, si sondeamos nuestro corazón humano, comprobaremos que tenemos hambre y sed de felicidad, de una felicidad que nos colme y que no se termine nunca y que se siempre constante, y no pasajera y endeble como la felicidad de la tierra. Y Dios mismo ha puesto este deseo de felicidad en nuestro corazón, porque Él lo quiere colmar plenamente dándose Él mismo a nosotros en la gloria del Paraíso.

(16/ENE/09)

No dejar la oración.

Muchas veces, cuando oramos, sentimos consuelo en el alma y nos es grato orar. Pero hay veces que estamos angustiados y no queremos orar. Pues en esos momentos es cuando más hay que orar, porque el demonio busca el momento favorable y cuando nos ve abatidos, es ahí donde ataca. Tomemos el ejemplo de Jesús, que en la angustia del Getsemaní, oraba más intensamente.

La oración es un combate y, si a veces Dios nos da el consuelo sensible de la oración, tenemos que saber que no debemos dejarla cuando nos falten esos consuelos. Hay que perseverar día y noche, hoy y mañana, y siempre orar, pues con la oración nos vienen toda clase de bienes y se evitan toda clase de males.

Si no podemos rezar el Rosario, recemos la coronilla de la Misericordia, y si no otra oración más corta, o también, lo que a veces es mejor, hablemos con Dios que es nuestro Gran Amigo, pues eso también es oración. Pero no nos quedemos sin hacer nada, sino oremos.

(15/ENE/09)

No dejar la Comunión.

Debemos tener presente que si nos hemos decidido a comulgar lo más frecuentemente que podemos, el demonio hará todo lo posible por hacernos desistir de tal propósito. Por eso tenemos que ponernos en guardia y descubrir sus astucias, pues cuando el enemigo no puede hacernos caer en pecado grave para alejarnos así de la Eucaristía, por lo menos trata de hacernos creer que estamos en pecado y así nos sugiere que somos indignos de acercarnos a comulgar.

No. Sólo no hay que comulgar cuando estamos completamente seguros de que hemos cometido un pecado grave, pero de lo contrario SIEMPRE debemos ir a comulgar, pues en la Comunión viene el mismo Jesús que nos perdona los pecados veniales y nos da toda clase de fuerza y dones para seguir en la lucha contra el mundo, el demonio y la carne.

Y si tenemos la desgracia de cometer un pecado grave, confesémonos lo antes posible con un sacerdote para poder volver a recibir a Jesús Sacramentado en nuestro corazón, pues si dejamos de lado la Comunión, pronto seremos presa fácil del Enemigo.

(14/ENE/09)

Los dos caminos.

Ya el Señor nos dice en el Evangelio que hay dos caminos para transitar en esta vida. Uno lleva al Cielo, otro al Infierno. No podemos andar por los dos a la vez, sino que debemos elegir.

El camino que lleva al Cielo es estrecho, tiene espinas y es dificultoso. Los que caminan por él derraman lágrimas y sufren, y no son muchos los que van por él.

En cambio el camino que lleva al Infierno es ancho y espacioso, lleno de flores, alegría, diversiones y placer, y son muchos los que van por él.

Este tiempo de vida que tenemos sobre la tierra, es tiempo de elegir por qué camino queremos transitar. Elijamos bien y, si venimos andando por el camino equivocado, éste es el momento de cambiarnos de camino e ir al que conduce al Cielo, que tiene dificultades porque el demonio hace lo posible para desanimar a los caminantes, pero si perseveramos hasta el fin, llegaremos a una felicidad que no es posible imaginar en este mundo. Este camino estrecho es el del cumplimiento de los Diez Mandamientos.

(13/ENE/09)

Todos debemos orar.

“A través de la oración el alma se arma para enfrentar cualquier batalla.  En cualquier condición en que se encuentre un alma, debe orar.  Tiene que rezar el alma pura y bella, porque de lo contrario perdería su belleza; tiene que implorar el alma que tiende a la pureza, porque de lo contrario no la alcanzaría; tiene que suplicar el alma recién convertida, porque de lo contrario caería nuevamente; tiene que orar el alma pecadora, sumergida en los pecados, para poder levantarse.  Y no hay alma que no tenga el deber de orar, porque toda gracia fluye por medio de la oración.” (Santa Faustina Kowalska. Diario #146)

No debemos desanimarnos jamás sino que siempre tenemos que orar, en todo tiempo, porque la oración defiende del Maligno y nos atrae la benevolencia y Misericordia de Dios sobre nosotros y sobre nuestros seres queridos, así como también sobre nuestra patria.

En especial hay que rezar el Santo Rosario, que es la oración predilecta de María, y es la más poderosa y eficaz contra las fuerzas del Infierno. Por eso la Virgen en todas sus apariciones nos pide que recemos mucho el Rosario. Ya lo dice San Alfonso María de Ligorio: “El que reza se salva y el que no reza se condena”.

(12/ENE/09)

Reflexionar.

No tenemos la cabeza solo para llevar el sombrero, sino para usarla para reflexionar, pensar, meditar, pues nuestra vida toda depende de saber de dónde venimos y hacia dónde vamos, y para saber esto hay que ponerse a reflexionar, detenerse un momento y pensar. Entonces así no nos equivocaremos y le imprimiremos a nuestra vida la orientación  correcta que nos permitirá alcanzar el Cielo, la Felicidad eterna.

Hoy el mundo, y Satanás, amo del mundo, no quiere que pensemos, nos llena de ruido y nos aturde con la televisión, la radio, el cine, los libros y revistas superficiales, y así el hombre vive como en la periferia de su ser y nunca entra en sí mismo a profundizar en las grandes cuestiones de su vida. Y así se le va pasando la vida, y llega la muerte y no se encuentra preparado.

Por eso no seamos superficiales y no pasemos la vida de diversión en diversión, porque este tiempo de vida que tenemos sobre la tierra es tiempo de merecer, es tiempo de trabajar para el Cielo, ya que es la única vida que se nos concede y luego viene el Juicio. Entonces usemos la cabeza, y también el corazón.

(11/ENE/09)

Vigilancia.

El Enemigo del alma humana, el demonio, anda como león rugiente alrededor nuestro buscando a quién devorar. Y devorará a quien no esté vigilando continuamente y tenga la guardia baja.

Para vigilar y estar en guardia contra sus ataques es necesaria la oración frecuente, y estar atentos a los sentimientos y pensamientos que tenemos, para ver si en ellos se insinúa el enemigo.

Ya les dijo Jesús a los tres apóstoles que dormían mientras Él oraba en el Huerto de los Olivos: “Velad y orad para no caer en tentación”. Eso mismo debemos hacer nosotros, no dejarnos arrastrar por este mundo de pecado y ser sobrios, parcos en las comidas, puros en las miradas y sencillos y sinceros en las palabras.

De esta forma el demonio no tendrá ningún resquicio por donde atacar y estaremos a salvo. Pero hay que insistir que la oración es lo más importante en la vida del cristiano. Sin oración no hay victoria.

(10/ENE/09)

Amar es la solución.

Amar es la solución para todo, pues si amamos a Dios, no querremos ofenderle con el pecado y, si pecamos, enseguida nos arrepentiremos porque reconoceremos que con esa falta hemos herido el Corazón del Amado.

El resumen de los Mandamientos y de toda la Ley del Señor es el amor. Amar a Dios con todas las fuerzas y amar al prójimo como a sí mismo. No hay otro mandamiento superior a estos.

Cuando una empresa se nos hace difícil, pongamos amor en ella y veremos cómo se nos hará fácil. El amor todo lo puede, y debemos poner amor hasta en las acciones más comunes de todos los días; es más, justamente en ellas, en las pequeñeces, debemos poner mucho amor, porque ya el Señor nos dice que el que es fiel en lo poco también lo es en lo mucho.

Amar es querer el bien del amado; entonces amemos a Dios y al prójimo, y estaremos seguros en este mundo y luego iremos al Cielo a gozar del Amor infinito que es Dios.

(9/ENE/09)

Abandonémonos a Dios.

¡Qué bueno es que el alma se abandone completamente a Dios y lo deje actuar al gusto de Él! Porque Dios no hará ningún mal al alma, pues es el Bueno y si le dejamos total libertad para actuar, Él nos llevará a altas cimas de santidad y hará de nosotros estrellas de su Cielo.

Para ello debemos tener confianza en Dios, en su Misericordia, puesto que a veces nos parecerá que nos está haciendo daño. Pero no, jamás Dios nos puede hacer daño, y cuando pase la tormenta y la tempestad de ese momento, veremos con asombro a las alturas que nos ha llevado su Bondad divina.

Ojalá nos hagamos como niños y nos tomemos de la mano de Dios y caminemos seguros por este mundo; y si Dios a veces nos da una medicina amarga, no le llamemos malo, pues la madre buena también suele dar alguna medicina amarga a su niño, pero es para su bien. De la misma manera actúa Dios con nosotros y, si nos pudiera evitar ese trago amargo, ¿acaso no nos lo evitaría? Confiemos en Él.

(8/ENE/09)

Si somos miserables, tanto mejor.

La Misericordia de Dios actúa donde hay miseria que consumir, por eso si somos miserables, tanto mejor, tanta más Misericordia tendrá el Señor con nosotros.

Tal vez hemos pecado mucho. Pero debemos recordar que Jesús en el Evangelio dice que mucho se perdona a quien mucho ama; y a quien ama completamente, se le perdona todo. Por eso amemos al Señor y todos nuestros pecados se disolverán como escarcha con la salida del sol.

Ya Jesús Misericordioso dice a Santa Faustina que los grandes pecadores se podrían convertir en grandes santos, si ellos lo quisieran. Así que confiemos en Él y arrojemos toda nuestra maldad y pecado en el horno ardiente del Corazón de Jesús, pues la miseria es como el combustible que quema la Misericordia, y cuanta más miseria hay, tanto más crece la Misericordia.

Entonces nunca tengamos miedo, sino confianza en el Corazón de Cristo que da asilo a todos los desesperados y oprimidos.

(7/ENE/09)

Jesús nunca da miedo.

No debemos tener miedo de Jesús. Porque a veces podemos cometer un gran pecado y sentirnos con miedo a que Dios nos castigue. Pero debemos saber que Dios a veces castiga, pero ese castigo es amoroso y no quiere nuestra ruina sino nuestra salvación. Con Jesús siempre debemos estar en paz y confiando en Él, porque es la Misericordia misma y quiere nuestra salvación y no nuestra perdición.

El Señor no nos hará ningún mal y todo lo que nos suceda será para avanzar en la santidad. Pero para ello deberemos rezar mucho, pues con la oración se reciben muchas gracias de Dios y se evitan muchos peligros. Además, Satanás no puede actuar en las almas que oran mucho.

Por eso no tengamos miedo de Dios. No seamos como Adán y Eva que se escondieron de Dios tras el pecado, sino busquémoslo y humildemente pidámosle perdón, y Él, como el Padre misericordioso de la parábola, nos abrazará y nos colmará de dones y favores por encima de lo que podemos imaginar. Recordemos siempre que Dios es Bueno. Hasta cuando castiga lo hace por bondad hacia nosotros. Ya lo comprobaremos en el Cielo, cuando veamos toda nuestra vida a la luz de la verdad.

(6/ENE/09)

Somos de estirpe guerrera y real.

Dios ha puesto enemistades entre la Mujer y la Serpiente, y entre la descendencia de la Mujer y la descendencia de la Serpiente. Pues bien, nosotros los cristianos somos la descendencia de la Mujer, que es la Virgen, la cual se enfrenta contra la Serpiente antigua que es Satanás. Por eso nosotros también somos guerreros y debemos combatir en este combate entre Cielo a Infierno.

También somos reyes, pues somos hijos de Dios y hermanos de Jesucristo Rey. Y como reyes que somos, debemos cuidar nuestro reino, que es nuestra alma, y preservarla del pecado luchando contra sus enemigos que son el mundo, el demonio y la carne, es decir, las pasiones.

Por eso no nos ilusionemos con una falsa paz, pues este tiempo sobre la tierra es tiempo de guerra. Guerra al pecado y al Mal. Y para ello debemos pedir la ayuda de Dios y de María, pues solos somos menos que nada, ante las fuerzas aplastantes de los malvados. Pero como siempre el Mal será vencido por el Bien, y en nosotros también debemos luchar para que esto sea así, evitando el pecado y cumpliendo los Diez Mandamientos.

(5/ENE/09)

Guardar silencio.

Si queremos escuchar a Dios, si queremos tener vida interior, si queremos ser santos, es necesario que aprendamos a guardar silencio. No un silencio triste, sino un silencio lleno de la presencia de Dios, un silencio dulce en el cual podamos decir a Dios lo mucho que lo amamos.

Como siempre Jesús es nuestro Modelo a imitar en todo, ya que imitándolo nos hacemos santos y alcanzamos, al fin, el Cielo. Y en esto del silencio es también el Maestro que,  con su vida, nos dice que es necesario guardar silencio muchas veces. Él, ante quien lo ofendía y lo acusaba, guardó silencio. Nosotros también debemos aprender de Él y callar cuando nos ofenden y sentimos el deseo de devolver la ofensa, y gritar y vengarnos. ¡No! ¡No hagamos así! Tratemos de dominarnos y elevemos el pensamiento a Dios y cerremos nuestra boca hasta que pase la tempestad, porque palabra que se dice no vuelve, y luego nos arrepentiremos de las cosas que dijimos en un momento de cólera.

Aprendamos de Jesús, del Divino Silencioso que está en el Sagrario, y abramos la boca solo para rezar y para decir palabras edificantes. Recordemos que un alma jamás llegará a la santidad si no controla su lengua.

(4/ENE/09)

No juzgar.

En este mundo dejemos a Dios el juicio de los hermanos, porque si juzgamos, lo más probable es que nuestro juicio sea injusto porque no vemos todo completo como lo ve Dios, sino que vemos en parte y medio nublado, además. Recordemos que Dios dará a cada uno lo que le corresponde y que nada dejará sin premiar o castigar. Pero Dios es paciente y quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la Verdad, por eso da tiempo a los pecadores para que se arrepientan y se conviertan.

En cuanto a nosotros, debemos perdonar todo y a todos, ya que es el mismo Jesús el que nos lo ordena, y nos enseñó en el Padrenuestro que debemos perdonar a los que nos ofenden. Porque el perdón es un bien también para nosotros, para nuestra paz interior y exterior. Porque un alma resentida y rencorosa no tiene paz y vive amargada y tal vez buscando venganza. ¡No! Nosotros no debemos ser así, sino esforzarnos por perdonar y amar. Por lo menos rezar por los que nos ofenden y si están en algún peligro o gran necesidad, socorrerlos como es de buenos cristianos.

No odiemos jamás, porque el odio viene de Satanás y él quiere que odiemos para que seamos, como él, dignos del Infierno eterno. No odiemos a nadie, solo el pecado y el mal. Y como dice el dicho: Hay que matar el error, pero amar al que yerra.

(3/ENE/09)

El que desprecia lo pequeño...

El que desprecia lo pequeño, poco a poco se precipitará. Es decir que el que no da importancia a los pecados “pequeños”, poco a poco caerá en los grandes. Por eso no debemos descuidarnos y hacer todas las cosas con fidelidad y lo mejor posible, pues para Dios no hay obras ni grandes ni pequeñas, solo hay obras hechas con amor o sin amor.

Entonces pongamos mucho amor en las obras que realizamos. Tomemos el ejemplo de la Santísima Virgen que tenía momentos de altísima contemplación, pero que también hacía las humildes cosas de la casa con un amor tan ardiente que conquistaba el Corazón de Dios.

Así que no despreciemos nada de lo que hacemos durante el día, sea lo que sea, ya que, como dice el Apóstol: “ya comáis, ya bebáis, ya hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para gloria de Dios”.

Tengamos cuidado en no despreciar las cosas pequeñas y ser muy fieles en ellas a Dios, porque como dice el Señor: “El que es fiel en lo poco, también lo será en lo mucho. Y al que se le ha confiado poco y fue fiel, se le confiará mucho más.”

(2/ENE/09)

En el exilio.

Vivimos en esta tierra, que es un exilio, pues nuestra verdadera Patria es el Cielo que nos espera después de esta vida terrena. Por eso no debemos atarnos demasiado a este mundo y vivir con la mirada puesta en las cosas celestiales, aunque cumpliendo a la perfección las terrenas.

La se dice en la oración de la Salve que este es un valle de lágrimas y, aunque muchas veces nos sentimos felices y cómodos en esta vida, también es cierto que llegan momento en que nos sentimos desterrados. Y es lógico que sea así porque este no es nuestro mundo. Nuestro mundo era el Paraíso terrenal, y desde allí, después de una vida tranquila pasábamos al Cielo. Pero el pecado vino a trastornar todo y desde entonces el hombre debe sufrir. Pero Cristo ha santificado el sufrimiento y nos ha dicho que ése es el único camino para llegar al Cielo, el de la renuncia y el de cumplir los Diez Mandamientos llevando nuestra cruz de cada día. Así que tomemos coraje y, con lágrimas en los ojos tal vez, sigamos el camino que nos lleva a la felicidad eterna del Cielo, pasando por este inmenso desierto que es el mundo, hasta que lleguemos a la tierra prometida.

(31/DIC/08)

No abandonar la Santa Comunión.

Si queremos salir victoriosos de este combate que llevamos en este mundo, es necesario que nos aferremos a la Sagrada Comunión, ya que éste es el Pan de los fuertes y el vino que engendra vírgenes y lleva al heroísmo.

Sepamos que el demonio hará todo lo que esté a su alcance para alejarnos de la Eucaristía, pues sabe que un alma eucarística está perdida para él. Y si no puede hacernos caer en pecado mortal para que no podamos acercarnos a comulgar, por lo menos intentará hacernos creer que estamos en pecado y nos pondrá escrúpulos y toda clase de artimañas como por ejemplo decirnos que no somos dignos de acercarnos al Pan de Vida.

Pero ¡atención! A no dejarnos embaucar por el Astuto, y sigamos comulgando, de ser posible todos los días, con constancia. Y si tenemos la desgracia de cometer un pecado grave, confesémonos lo antes posible y sigamos comulgando, pues en la Comunión nos vamos haciendo cada vez más semejantes a Dios, porque cuando ingerimos un alimento cualquiera, el cuerpo lo asimila y lo convierte en nosotros mismos; pero cuando comemos la Eucaristía, que es Jesucristo, Él es el que nos asimila a Sí mismo y nos hacemos cada vez más Cristo.

No dejemos la Eucaristía por nada del mundo, y venzamos nuestra pereza para participar de la Santa Misa, que si nos dirían que en tal lado hay un tesoro incalculable esperándonos, iríamos rápidamente. Pues bien, la Eucaristía y la Santa Misa son tesoros infinitos que valen infinitamente más que cualquier tesoro de la tierra.

(30/DIC/08)

Al combate.

Ya hemos sido creados y estamos viviendo en este mundo. Ya Dios no nos destruirá sino que seguiremos existiendo para siempre, o en el Cielo o en el Infierno, y esto dependerá de lo que hagamos aquí en la tierra, pues se vive una sola vez y después llega la muerte y con la muerte el juicio donde se decide nuestra suerte.

Tenemos muchos enemigos en este mundo que nos quieren ver en el Infierno: el enemigo está en nosotros mismos, el mundo también es enemigo, y tenemos a Satanás, que es un espíritu poderoso que quiere nuestro mal y nuestra perdición. Así que no tenemos tiempo para aburrirnos, sino que hay que correr al combate que se nos presenta. Como dicen los Santos: “El que te creó sin ti, no te salvará sin ti”. Así que a poner todo de nuestra parte porque esta aventura es única y nosotros somos los protagonistas y a nosotros nos incumbe que tenga un final feliz o desventurado.

A no tener miedo, a ser prudentes y a luchar con la oración y la abnegación de nosotros mismos. Confiemos en la ayuda de Dios y tengamos una gran devoción a María Santísima, nuestra Capitana, y como dicen los santos ¡Ave María y adelante!

(29/DIC/08)

Eternidad.

Si de vez en cuando meditáramos esta palabra “eternidad” y lo que ella significa, seguramente cambiaríamos radicalmente nuestra forma de vida y seríamos muy fieles al Señor. Porque nosotros, que estamos leyendo esto, debemos saber que ya no moriremos más. Hemos sido creados por Dios y para siempre existiremos, ya sea en el Cielo, gozando lo inimaginable, o sufriendo terriblemente en el Infierno, y ambos estados son eternos. Es decir que somos eternos, y según sea nuestra vida en este mundo, así será la eternidad que merezcamos.

Pero pensemos un poco en lo que es la eternidad.

Si todos los granitos de arena de las playas de la tierra se convirtieran en siglos, la verdad es que sería un número muy grande de siglos, un muy largo tiempo, imposible de imaginar casi. Pues bien, aún después de que haya pasado esa tremenda cantidad de tiempo, los gozos del Cielo y los tormentos del Infierno no habrán hecho más que comenzar.

Oigamos lo que Jesús le dice a María Valtorta sobre el tiempo que un condenado pasa en el Infierno: “Vosotros no sabéis y no creéis. Mas en verdad os digo que os convendría más soportar todos los tormentos de mis mártires que una hora de esas torturas infernales.”

Y si una hora es tan terrible, ¡¿qué será pasar allí siglos y siglos?! ¡¡La eternidad!!

Hagamos el firme propósito de no pecar más.

(28/DIC/08)

Pobres de espíritu.

En este mundo materialista el demonio nos quiere atar cada vez más a los bienes materiales, alejándonos así de la oración y de la vida de unión con Dios, porque donde está el demonio no puede estar Dios, y allí donde está Mammón no puede estar Jesús.

Esto de apegarnos a los bienes materiales suele suceder cuando dejamos la oración de lado; entonces ya tenemos la mirada puesta en las cosas de abajo y nos comenzamos a preocupar desordenadamente de las riquezas, y así las ponemos como finalidad de nuestro vivir. Así que ¡atención!, hay que volver a la oración frecuente, para que cada cosa tenga su lugar y nuestra mirada esté puesta en las cosas de arriba, como dice el Apóstol San Pablo, y no en las de abajo, en las de la tierra.

Este error del materialismo es la encarnación de Satanás, que nos hace creer que por tener más cosas y más comodidades vamos a ser más felices. Esto es un engaño, pues la felicidad del hombre está en Dios, porque el hombre tiene hambre de infinito, de felicidad infinita, y eso no lo puede colmar ningún bien material, sino solo Dios, para el cual fuimos creados.

Entonces recordemos: más oración y menos ambición.

(27/DIC/08)

Tender a la santidad.

Esto es lo que debemos hacer todos los cristianos: “Tender a la santidad”, pues para esto estamos en el mundo, para ser santos, es decir, para alcanzar la perfección en este mundo y así ir a gozar de Dios para siempre en el Cielo. Esto es lo que realmente importa. Un hombre que se santifica, hace más que mil hombres que viven tibiamente su cristianismo. Todos los hombres tenemos el deber de tender hacia la santidad. Ya Jesús lo dice en el Evangelio: “Sean perfectos como el Padre celestial es perfecto”, y si bien nunca la criatura llegará a ser tan perfecta como su Creador, siempre podrá acercarse lo más posible a dicha perfección, porque Jesús con este mandato ha querido que no pongamos límites en nuestro tratar de ser perfectos.

Es que el santo sirve para todo. Un santo es un buen esposo, buen hijo, buen hermano, buen ciudadano, buen trabajador, y atrae las bendiciones de Dios sobre él y sobre sus hermanos. Además, el que se santifica no solo se hace bien él mismo, sino que por la Comunión de los Santos, el bien que hace circula por todo el Cuerpo Místico que es la Iglesia; así como también el que peca no solo se hace mal a él mismo sino que causa daño a toda la Iglesia.

Seamos santos. No nos arrepentiremos.

(26/DIC/08)

Navidad

El Niño Dios ha nacido en esta Navidad en nuestros corazones y ahora debe crecer. Y crecerá en la medida en que lo alimentemos con nuestra oración, con los sacramentos, especialmente con la Eucaristía, y también si lo alimentamos con nuestro amor.

La Navidad no es un punto de llegada sino un punto de partida. Así como la muerte no es un punto de llegada sino de partida, donde comenzaremos a vivir la verdadera Vida que habremos merecido si cumplimos los Diez Mandamientos, o iremos a la Muerte eterna si morimos en pecado mortal.

Aprovechemos este tiempo de vida que tenemos sobre la tierra para ser buenos, agradables a los ojos de Dios, pues esta es la única vida que se nos ha concedido y no sabemos cuánto nos durará todavía. Por eso si el mundo dice “el tiempo es oro”, nosotros los católicos debemos decir como los santos “el tiempo es gloria”. De lo que hagamos aquí en el tiempo dependerá lo que seamos en la eternidad. Así que ánimo y a ser buenos que el Niño Dios ha nacido ya.

(24/DIC/08)

Pedir Misericordia

El mundo se ha alejado de Dios y la humanidad está en un abismo del que sola ya no puede salir. Es necesario que la Misericordia de Dios intervenga y con un milagro suyo la levante del lugar donde ha caído. Y esta Misericordia Divina la debemos invocar y pedir todos los cristianos, ya que Dios quiere intervenir, pero espera que se lo pidamos fervientemente. Llegará un momento en que la Misericordia se desposará con la Justicia y Dios rescatará a los hombres de las manos de Satanás, que los ha sabido seducir y los ha arrastrado al pecado, al odio y al mal. Dios se servirá de la misma maldad del hombre y del demonio para sacar el bien y hacer retornar al mundo a un nuevo paraíso terrestre.

Debemos invocar frecuentemente la Misericordia de Dios rezando la coronilla de la Misericordia, que Jesús le enseñara a Santa Faustina y pedirla también a través del rezo del Santo Rosario.

El triunfo de será de Dios y de su Madre, pero el demonio no soltará tan fácilmente su presa y causará muchos desastres en el mundo antes de ser vencido para siempre. Así que recemos mucho para protegernos de su maldad, y hagamos rezar para que el triunfo se apresure y pronto haya un cielo nuevo y una nueva tierra como Jesús y la Virgen vienen prometiendo en muchas de sus apariciones y mensajes.

(22/DIC/08)

Premios de Dios

Dios no nos premia por los frutos sino por la perseverancia, la paciencia y el trabajo emprendido por Él y por las almas, aunque los frutos sean pocos. Pero si hemos trabajado duro, eso es lo que el Señor premia. Por eso no nos desanimemos si en nuestro apostolado la cosa parece que no funciona o va para atrás, sino sigamos insistiendo y trabajando sin desanimarnos, pues seremos premiados como si todo lo que hicimos hubiera producido el ciento por uno.

El demonio tiene un arma secreta que es el desánimo, trata de inocular el desánimo en las almas que no puede atrapar de otra manera; trata de desalentarlas y acobardarlas para que no hagan el bien y así es como que las ata y amordaza. No nos dejemos engañar y reaccionemos con valentía. Pensemos en Jesús, que cuando estaba en el Huerto de los Olivos se le presentó a su Inteligencia la cantidad de almas para las cuales su Sacrificio sería inútil. Pero igual quiso morir y sufrir todo por nosotros. No se desalentó, sino que realizó todo bien como si su Sacrificio salvara a todos los hombres. Y por eso recibió el premio máximo, porque aunque no todos los hombres se salvarán, Él actuó para que así sea y Dios premia el esfuerzo y el trabajo.

(21/DIC/08)

Fuimos creados por amor

Es necesario que siempre recordemos que estamos en este mundo porque Dios nos ha querido en él. En un acto de amor suyo Él nos ha creado para que, viviendo una vida acorde a su Voluntad, lleguemos al Paraíso a poseerle a Él por los siglos de los siglos. También es imprescindible que tengamos en claro que nos pase lo que nos pase recordemos que Dios es Bueno y que todo lo que quiere o permite para nosotros es para nuestro bien temporal o eterno. Por eso confiemos en Él y jamás digamos que Dios es injusto con nosotros o que Dios es malo. Solo en el Cielo veremos las maravillas que Él ha obrado en nosotros, y al grado de santidad que nos ha llevado con todas las vicisitudes que hemos pasado en este mundo.

Es cierto que podemos condenarnos en el Infierno si no cumplimos los Mandamientos y morimos en pecado mortal: Pero no es Dios el que quiere eso, aunque lo permite porque nos ha creado libres y Él quiere con todas sus fuerzas que nos salvemos, pero no violenta nuestra libertad. Así que ¡atención!, a usar bien de nuestra libertad, para ser cada día más agradables a Dios, pues amor con amor se paga.

(20/DIC/08)

Tiempo de misericordia

Este tiempo de vida que tenemos sobre la tierra es tiempo de misericordia, que debemos aprovechar para convertirnos y vivir de acuerdo a los mandamientos de Dios. Es tiempo de arreglar nuestras cuentas con Dios porque después viene el momento de la muerte y el juicio y ya no hay tiempo para la Misericordia sino que comienza el de la Justicia. No desaprovechemos estos preciosos momentos que vivimos en este mundo, sino aprovechémoslo para vivir obrando el bien, rezando, tratando de vencernos a nosotros mismos y tendiendo a la santidad. Recordemos que vivimos una sola vez y de ese vivir depende toda nuestra eternidad: Cielo o Infierno. No desperdiciemos el tiempo frente al televisor o en vanidades, sino atesoremos para el cielo haciendo obras de misericordia, compadeciéndonos de los hermanos y recordando que este mundo es pasajero y que lo definitivo viene después de la muerte, pues esta vida es como una sala de espera y luego entraremos a la Vida verdadera, si hemos sido fieles a Dios.

Aprovechemos que tenemos al alcance de nuestra mano el sacramento de la confesión, que tan fácilmente nos podemos confesar y ser perdonados por Dios. Quizá algún día queramos confesarnos y ya será demasiado tarde. No esperemos más para convertirnos, ya que nos estamos jugando nuestra eternidad.

(19/DIC/08)

Absorbidos por el trabajo

A veces nos puede pasar que estamos muy absorbidos por el trabajo, estamos como enfrascados en el trabajo y no tenemos tiempo de elevar un pensamiento a Dios. A veces se puede justificar porque el trabajo es muy delicado y tenemos que estar muy atentos, pero otras veces es porque simplemente nos olvidamos de Dios. Por eso siempre que el trabajo lo permita, elevemos de vez en cuando el pensamiento a Dios y digámosle que lo amamos, y tratemos de vivir siempre en la presencia de Dios, para que ese trabajo se convierta también en oración.

El trabajo es santificante, siempre y cuando se realice los días destinados a él y que se respete el domingo y los días de fiesta para descansar, dejando de lado el lucro, pues si Dios siendo Dios descansó uno de los siete días de la semana, nosotros no debemos tratar de ser superiores a Dios trabajando sin descansar. Si Dios ha puesto ese descanso es porque es necesario para el cuerpo y para el alma.

Trabajemos contentos, pensando en Dios y encontremos siempre un lugarcito para la oración, dando a cada cosa su momento.

(18/DIC/08)

Apaguen el televisor

Así había dicho hace un tiempo el Papa Juan Pablo II: “Apaguen el televisor”. Y es que la televisión nos hace muy mal a todos, y especialmente a los cristianos que queremos vivir en gracia de Dios. Porque perdemos un hermoso tiempo frente al televisor que lo podríamos usar para rezar, meditar, hacer lectura espiritual o visitar a Jesús en el Sagrario. Pero, además, por televisión pasan cualquier barbaridad que nos puede hacer perder la gracia y que, por lo menos, nos entibia en nuestra vida espiritual.

La Reina de la Paz nos dice que después de algunos programas de televisión ya no nos podemos concentrar para rezar. Y la Virgen al Padre Gobbi le dice en uno de sus mensajes que la televisión es el ídolo del que se habla en el Apocalipsis ante el cual todos deberán postrarse en adoración. Esto es grave. Así que, si queremos salir victoriosos en este combate entre Cielo e Infierno, donde nosotros estamos en el medio entre la lucha entre ángeles y demonios, apaguemos el televisor y dediquémonos más a la oración, porque este mundo pasa y con él pasa su figura y todo lo que hay en él.

En especial tratemos de rezar el Santo Rosario, pues así vamos contemplando los misterios de la Vida del Salvador y de su Madre y recibimos enorme caudal de gracias. Recordemos que vivimos una sola vez y después viene el juicio en donde recibiremos la sentencia eterna: Cielo o Infierno. No nos dejemos engañar por el Maligno y apaguemos el televisor.

(17/DIC/08)

Cantar es rezar dos veces

Cuando estemos tristes o exultemos de alegría, cantemos cánticos inspirados, canciones de la Virgen y de Jesús y daremos alivio a nuestras almas. Dice San Agustín que el que canta reza dos veces. En el pueblo de Israel se acostumbraba mucho el canto sagrado y María Santísima cantaba en el Templo. ¿Qué será escuchar a María cantar? ¿Qué será escuchar a los ángeles cantar? Ya en el Cielo escucharemos esa maravilla y quedaremos embelesados y arrobados hasta lo inimaginable. Si a veces, escuchando una orquesta de la tierra tocando una sinfonía, con un coro de voces bellas, quedamos raptados en tal gozo que quisiéramos escucharlo siempre, ¡qué será el Paraíso! Por eso tratemos de vivir en gracia de Dios, cumpliendo los Diez Mandamientos, confesándonos a menudo y comulgando de ser posible todos los días, así alcanzaremos el Cielo y gozaremos para siempre de las armonías de todos los espíritus beatíficos y nosotros mismos entonaremos un cántico maravilloso, único, en que alabaremos la misericordia que Dios ha tenido para con nosotros.

No cantemos las musiquillas que están de moda y que suenan en la radio y la mayoría de ellas exaltan la sensualidad y el pecado, sino cantemos cánticos sagrados, salmos y oraciones, y que nuestra misma vida sea un cántico elevado al Señor.

(16/DIC/08)

El último combate

En nuestra vida habrá un último combate, que es el momento de la muerte. En ese momento todas las fuerzas del Infierno harán el último esfuerzo para perdernos eternamente. Por eso es de capital importancia que tomemos todas las providencias para prepararnos bien para dicho momento.

Hay muchas devociones que podemos y debemos practicar para asegurarnos una buena muerte, es decir, en gracia de Dios. Por ejemplo la práctica de la Comunión de los Nueve Primeros Viernes de mes, de reparación al Sagrado Corazón de Jesús, o también la Comunión reparadora al Corazón de María los Cinco Primeros Sábados de mes.

También podemos rezar las Tres Avemarías todos los días, que son prenda de salvación eterna y, en fin, tener una gran devoción a María Santísima y a San José, patrono de la buena muerte, pues él murió entre Jesús y María.

No tengamos miedo a la muerte, pero preparémonos concienzudamente pues de este momento depende nuestro destino eterno: Cielo o Infierno. Seamos precavidos.

(15/DIC/08)

Consolemos al Señor

¡Qué tristeza debe sentir Jesús ante tanta maldad y odio en los hombres! ¡Él nos ama tanto, y nosotros lo ofendemos y nos odiamos entre nosotros! Por eso es tiempo de que Jesús sea consolado. Y la mejor forma de hacerlo es dándole amor, pues amor con amor se paga, y si el Señor nos da tanto amor, debemos devolverle mucho amor.

Y lo hacemos cuando cumplimos sus mandamientos, como el mismo Jesús lo dice en el Evangelio: “El que cumple mis mandamientos, ése es el que me ama”. Entonces no solo debemos decir “Jesús te amo”, Jesús te adoro”, sino que le demostramos ese amor si cumplimos su Palabra; pues de qué valdría que con la boca digamos que lo amamos, si después con nuestros actos lo estamos odiando. Ya Jesús le dijo a su pueblo que: “lo honraba con la boca pero su corazón estaba lejos de Él”. Que no nos suceda lo mismo a nosotros y que lo que digamos con la boca también lo digamos con el obrar santo y agradable a los ojos de Dios.

Reclinemos la cabeza de Jesús sobre nuestro pecho y, aunque la corona de espinas nos hiera un poco a nosotros, quedémonos así, dándole alivio al Señor que tanto nos ama.

(14/DIC/08)

La Belleza de Dios

¿Nos hemos puesto a pensar alguna vez en la Belleza de Dios? Si a veces quedamos maravillados ante un rostro humano hermoso, ¿qué será ver a un ángel?, ¿qué será ver a María Santísima?, ¿qué será ver a Dios, Belleza Infinita? Por eso hagamos todo lo posible para alcanzar el Cielo, pues su felicidad es tal que en esta tierra no podemos ni siquiera imaginarla, como dice bien el apóstol San Pablo: “Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni vino jamás a la mente del hombre lo que Dios tiene preparado para los que le aman”.

La Virgen dice en uno de sus mensajes que “Si los hombres supieran lo que es el Cielo, harían cualquier cosa para salvarse”, y subrayo “cualquier cosa”.

Entonces no seamos perezosos en nuestra salvación y hagamos todo lo necesario para salvarnos y para ayudar a otros a salvarse, con una vida de oración y de penitencia, contentos de servir a Dios y aprovechando esta vida que tenemos sobre la tierra para alcanzar un lindo puesto en el Cielo, donde nos espera la Gloria sin mengua, la felicidad sin límites. No renunciemos a esta Felicidad futura por un amor bajo, por un placer prohibido, que solo nos trae remordimientos de alma y condena al Infierno eterno.

(13/DIC/08)

María, nuestra defensora

Un cristiano tiene muchos enemigos, comenzando por Lucifer y todos sus demonios, y siguiendo por los hombres unidos al diablo que lo persiguen, y también tiene enemigos internos que son sus propias pasiones. Por eso, ante el número y peligrosidad de estos enemigos, el cristiano debe saber ampararse en la Santísima Virgen que es el terror de los demonios y Capitana de los ejércitos de Dios.

Ella nos llevará directamente a su Hijo Jesús sin que nuestro pie tropiece con ningún obstáculo. Ella nos defenderá de todo el Infierno y, si es necesario, despachará legiones de ángeles e incluso al mismo San Miguel Arcángel para que nos defiendan del Mal.

Por eso, ¡qué grande y tierna debe ser nuestra devoción a María!, pues es la Mujer vestida de Sol del Apocalipsis que lucha contra el gran Dragón rojo y que al final vencerá, aplastando por segunda vez la cabeza de la serpiente infernal.

La devoción más agradable a María es el rezo del Rosario. Recémoslo frecuentemente, sabiendo que de su rezo nos vienen toda clase de bienes y favores, y María nos protegerá de forma muy especial y estará más unida a nosotros.

(12/DIC/08)

La pureza

La pureza es una virtud tal que, el que la posee puede ver a Dios, pues Jesús mismo lo dice en el Evangelio: Bienaventurados los puros de corazón,  porque ellos verán a Dios.

Hoy en el mundo y especialmente la televisión atacan implacablemente esta virtud y la hace perder ya desde la tierna infancia. Pero es necesario que reaccionemos contra esto y tratemos de vivir la pureza e inculcarla en nuestros hijos porque es una de las virtudes que más les agradan a Dios y a la Virgen, la otra es la humildad.

La pureza forma héroes en la virtud y el demonio trata de atacar siempre esta virtud, haciendo pecar al hombre para después tenerlo a su merced. El diablo siempre entra por los sentidos para tomar luego la razón y más tarde lo espiritual. Defendámonos de sus asechanzas y mantengámonos en vela para no ser robados de esta virtud. Y para eso encomendémonos mucho a la Santísima Virgen, que siempre tuvo a Satanás bajo su pie. Que Ella nos defienda en este mundo que todo lo ensucia, y nosotros, por nuestra parte, evitemos los espectáculos inmorales y peligrosos y controlemos las miradas, pues por los ojos entra el deseo y luego se comete el pecado, ya se de pensamiento o de acción.

(11/DIC/08)

Jesús está siempre en nuestro corazón

Si estamos en gracia de Dios, tenemos a Jesús habitando en nuestra alma, y no solo a Jesús sino a toda la Santísima Trinidad. Pero a veces nos sucede que estando en gracia de Dios, nos parece que Dios se ha ido, que estamos solos y abandonados por Él. Pero esto no es así, porque el Señor procede como cuando se quedó en el Templo a la edad de doce años. Cuando su Madre lo encontró y le preguntó por qué les había hecho eso, Él sencillamente le respondió que se había estado ocupando de las cosas de su Padre.

Ahora también Jesús a veces parece que nos deja, pero en realidad se está ocupando de las cosas de su Padre, y con esa aparente ausencia nos atrae muchas gracias a nuestras almas y con nuestro sufrimiento por su ausencia, merecemos gracias también para los hermanos más necesitados.

Y si en realidad lo hemos ofendido, pidámosle perdón y digámosle con todo el corazón que vuelva a nosotros, que no podemos vivir sin Él, y hagamos una sincera confesión con un sacerdote.

Y en cualquier circunstancia de estas en que nos encontremos, tengamos confianza en su Bondad e infinita Misericordia y amémoslo mucho, pues Él mucho perdona a quien mucho ama.

(10/DIC/08)

¿Para qué rezar?

A veces el demonio nos sugiere esta idea: “¿Para qué rezar?”. Entonces es el momento de rechazar esta tentación y seguir rezando siempre, porque de la oración depende toda nuestra vida espiritual y también nuestra salvación o condenación eterna, pues como dice San Alfonso María de Ligorio: “El que reza se salva. El que no reza se condena”.

Si tenemos la desgracia de dejar de lado la oración, veremos que comenzamos a interesarnos mucho por las cosas de la tierra, por lo material, y olvidamos lo espiritual, lo que realmente importa. Olvidamos el cielo y nos atamos a la tierra, a este mundo como si fuera lo único que existe. En cambio si perseveramos en la oración, poco a poco nos vamos desatando de las cosas temporales y caminamos por este mundo pero con la mirada y el alma puestas en el Cielo que nos espera.

Además con la oración se reciben todas las gracias que Dios nos tiene preparadas desde toda la eternidad y que nos las dará solo a cambio de que recemos para merecerlas.

No abandonemos NUNCA la oración, pues de ella depende nuestro destino y el del mundo.

(9/DIC/08)

Debemos ir a Misa

Todos los católicos tenemos obligación de participar de la Misa los domingos y días de precepto. Pero no nos quedemos solo con esto, sino tratemos de participar en Misa todos los días que podamos. Ojalá sea todo los días, pues la Misa es el don más grande que nos hizo Dios, pues en ella se renueva la vida, muerte, resurrección y ascensión al Cielo de nuestro Señor, y nosotros, al participar en ella, estamos presentes realmente como si hubiéramos estado presentes en aquel tiempo junto a Jesús.

Como mínimo debemos participar de la Misa los domingos, pues ¿qué es una hora por semana dedicada al Señor? Y si hasta esto le negamos a Dios, la verdad es que estamos muy lejos del Amor y es un pecado grave faltar a Misa el domingo, pues es dejar solo a Jesús sufriendo en la cruz, mientras nosotros seguimos en la cama o haciendo cualquier otra actividad que no justifica la ausencia del Santo sacrificio.

Si no vamos a Misa los domingos, hagamos el propósito de comenzar a ir y, confesarnos también para recibir en cada celebración la Comunión, que es el Pan de los fuertes y nos mantiene en el combate de la vida. Y si por alguna razón no podemos confesarnos y recibir la Comunión, tratemos por lo menos de hacer una comunión espiritual, diciéndole al Señor que queremos recibirle pero que por el momento no podemos recibirlo sacramentalmente y lo queremos recibir espiritualmente hasta tanto arreglemos nuestra conciencia con Él.

(8/DIC/08)

Tentaciones

Las tentaciones son útiles para vencerlas y, venciéndolas, ganar méritos para el Cielo. Lo malo es ceder a las tentaciones.

Ellas vienen de tres fuentes: el mundo, con su ambiente de pecado, sus modas provocativas, la televisión y todos los medios de comunicación. Debemos combatirlo con la huida de espectáculos malsanos y evitar las ocasiones de pecar. El demonio, que nos tienta directamente proponiéndonos el pecado con pensamientos, imaginaciones, etc. Debemos combatirlo sin discutir con él, sino acudiendo a la oración e invocando los nombres sagrados de Jesús y de María. La carne, es decir, nuestra propia debilidad, nuestra naturaleza caída que siempre está tendiendo al mal, pues después del pecado original el hombre tiende al mal y solo una gran fuerza sobre sí mismo logra vencer el mal y encaminarlo a la santidad. Debemos combatirla con la mortificación de los sentidos y la penitencia, pues si estamos acostumbrados a darnos todos los gustos para el cuerpo, muy pronto caeremos en pecado, pues no tendremos fuerzas para resistir las tentaciones de la carne.

Si hemos logrado vencer la tentación, demos gracias a Dios y sepamos que hemos logrado un mérito para el Cielo. En cambio si hemos cedido a la tentación y hemos pecado, humillémonos ante Dios pidiéndole perdón y confesémonos cuanto antes, y esto nos hará más humildes, y más precavidos para la próxima vez.

(6/DIC/08)

Lectura espiritual

Así como el cuerpo se debe alimentar para poder sobrevivir, así también el alma se debe alimentar. El cuerpo se alimenta con lo material; el alma, con lo espiritual. Y uno de esos alimentos del alma es la lectura espiritual. Todos los días debemos leer un texto de algún buen libro, la Biblia, vidas de santos, o buenos libros de formación o meditación para que nuestra mente se llene de buenos pensamientos y nuestra voluntad haga buenos propósitos.

Así como todos los días alimentamos nuestro cuerpo, y varias veces al día; así también debemos hacer la lectura espiritual y, de ser posible, varias veces al día. Apaguemos el televisor que tanto daño nos causa a nuestra mente y a nuestro espíritu con sus imágenes desordenadas y ruido, y dediquemos el mayor tiempo a Dios y sus cosas.

Debemos alimentar nuestra mente con cosas buenas y evitar las dañinas porque el pecado comienza en la mente, es decir, comienza con un laborío de la mente y luego se concreta en el acto, y si tenemos la mente sana y bien alimentada con buenas lecturas, es muy difícil que nos dejemos arrastrar por el mal y el pecado y, al contrario, tendremos ánimo para imitar las lindas cosas que hemos leído o meditado.

(5/DIC/08)

El Infierno según visión de Santa Faustina Kowalska

"Hoy he estado en los abismos del infierno, conducida por un ángel. Es un lugar de grandes tormentos, ¡qué espantosamente grande es su extensión! Los tipos de tormentos que he visto: el primer tormento que constituye el infierno, es la pérdida de Dios; el segundo, el continuo remordimiento de conciencia; el tercero, aquel destino no cambiará jamás; el cuarto tormento, es el fuego que penetrará al alma, pero no la aniquilará, es un tormento terrible, es un fuego puramente espiritual, incendiado por la ira divina; el quinto tormento, es la oscuridad permanente, un horrible, sofocante olor; y a pesar de la oscuridad los demonios y las almas condenadas se ven mutuamente y ven todos el mal de los demás y el suyo; el sexto tormento, es la compañía continua de Satanás; el séptimo tormento, es una desesperación tremenda, el odio a Dios, las imprecaciones, las maldiciones, las blasfemias. Estos son los tormentos que todos los condenados padecen juntos, pero no es el fin de los tormentos. Hay tormentos particulares para distintas almas, que son los tormentos de los sentidos: cada alma es atormentada de modo tremendo e indescriptible con lo que ha pecado. Hay horribles calabozos, abismos de tormentos donde un tormento se diferencia del otro. Habría muerto a la vista de aquellas terribles torturas, si no me hubiera sostenido la omnipotencia de Dios. Que el pecador sepa: con el sentido que peca, con ése será atormentado por toda la eternidad. Lo escribo por orden de Dios para que ningún alma se excuse diciendo que el infierno no existe o que nadie estuvo allí ni sabe cómo es.

Yo, Sor Faustina, por orden de Dios, estuve en los abismos del infierno para hablar a las almas y dar testimonio de que el infierno existe. Ahora no puedo hablar de ello, tengo la orden de dejarlo por escrito. Los demonios me tenían un gran odio, pero por orden de Dios tuvieron que obedecerme. Lo que he escrito es una débil sombra de las cosas que he visto. He observado una cosa: la mayor parte de las almas que allí están son las que no creían que el infierno existe. Cuando volví en mí no pude reponerme del espanto, qué terriblemente sufren allí las almas. Por eso ruego con más ardor todavía por la conversión de los pecadores, invoco intensamente la misericordia de Dios para ellos. Oh Jesús mío, prefiero agonizar en los más grandes tormentos hasta el fin del mundo, que ofenderte con el menor pecado".

(4/DIC/08)

Silencio

Dios habla en el silencio. Por eso Satanás mete tanto ruido con la televisión y todos los medios de comunicación que nos inundan de voces e imágenes para que nuestras almas estén cada vez menos dispuestas a hacer silencio exterior e interior, y así Dios se aleje cada vez más de nosotros.

Entonces debemos ser inteligentes y buscar el silencio. Tener unos momentos al día de silencio exterior y tratar también de hacer callar nuestra imaginación y el ruido que llevamos dentro. Es necesario que evitemos mirar televisión, pues ella nos desordena interiormente y nos satura con imágenes, las más de las veces violentas y obscenas, que dificultan luego nuestra concentración y atención para rezar y meditar. Recordemos que lo único que realmente importa en nuestra vida es salvar la propia alma y, si la perdemos, si perdemos nuestra alma, si nos condenamos al Infierno eterno, habremos perdido todo y seremos eternamente desgraciados. Ya lo dice Jesús en su Evangelio: “¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si al final pierde su alma?”.

Por eso tomemos la vida en serio pues nos estamos jugando nuestra salvación y tal vez la de muchas otras personas, pues si nos santificamos ayudamos a salvar a otros hermanos, y si pecamos dañamos a otros prójimos, pues todos formamos un mismo cuerpo.

(3/DIC/08)

Buscar ayuda en el Sagrario

Cuando estemos abatidos y con muchos sufrimientos, acudamos a los pies del Sagrario, donde está Jesús Sacramentado esperándonos para aliviarnos y consolarnos. Jesús mismo nos dice en el Evangelio que si estamos afligidos y agobiados, acudamos a Él que nos aliviará. Y Él está en el Tabernáculo, escondido en la hostia y esperándonos para colmarnos de gracias, dones y consuelos.

Hagamos el propósito de ir a visitar a Jesús todos los días en el Sagrario y quedarnos charlando con Él por lo menos quince minutos, en donde le contemos lo que nos pasa, pues aunque Él es Dios y lo sabe todo, igual le gusta mucho que nosotros le contemos lo nuestro y Él tiene su delicia escuchándonos. No lo dejemos solo. Dicen que si los ángeles pudieran envidiarnos en algo a los hombres, nos envidiarían el poder sufrir por Dios y la Eucaristía.

Y si no podemos ir a la iglesia más cercana para estar a los pies de Jesús Sacramentado; por lo menos estemos los quince minutos en nuestra casa, en nuestro cuarto, y vayamos con el pensamiento a los pies del Sagrario y hablemos con Jesús que nos está esperando día y noche para colmarnos de felicidad. Hagamos la prueba, seamos constantes en esta práctica, y veremos frutos admirables e impresionantes.

(2/DIC/08)

Jesús, nuestra ayuda

¡Ay de nosotros si queremos caminar solos por este mundo y cuidar la gracia de nuestra alma! Seguramente muy pronto caeremos en manos de los demonios que nos arrebatarán la gracia santificante, invalorable tesoro que vale más que todo el universo creado.

En cambio debemos ir de la mano de Jesús, que conoce cuáles son las técnicas del diablo y nos puede defender de él. Y a través de la oración, Dios nos da las gracias necesarias para que permanezcamos fieles en el camino de los Diez Mandamientos, fieles en el camino estrecho por el que pocos caminan, pero que conduce directamente al Cielo.

Y Jesús nos ayuda especialmente cuando lo recibimos en la Eucaristía. La Comunión es la Fuerza que nos ayuda a permanecer en amistad con Dios y a caminar por este valle de lágrimas sin desanimarnos. No dejemos jamás la Eucaristía, que es Jesús mismo. Si podemos, tratemos de comulgar todos los días, o la mayor cantidad de días que podamos, pues el Santísimo Sacramento es el Pan de los Fuertes y es el que sostiene a los Mártires; y nosotros, con el solo hecho de vivir los Diez Mandamientos en este mundo que va al revés, ya somos pequeños mártires que necesitan el Pan de la Vida para seguir en el combate.

(1/DIC/08)

Oraciones y buenas obras

En este tiempo de vida que Dios nos concede sobre la tierra, tenemos que hacer oraciones y buenas obras, pues en el momento de la muerte seremos juzgados según haya sido nuestro obrar. Así que no importará tanto lo que sabemos o no sabemos de Dios, sino lo que hemos practicado, la misericordia que hemos tenido para con los hermanos, si hemos amado a Dios como Él se lo merece.

Por eso dejemos de perder el tiempo inútilmente, dejemos de “matar” el tiempo como vulgarmente se dice y aprovechémoslo para ganar el Cielo con las buenas obras y orando incesantemente, pues la Vida verdadera viene después de la muerte y esta vida es como una sala de espera para entrar a la Vida que no tendrá fin.

Pensemos esto todos los días, al levantarnos y al acostarnos. Digámonos siempre “yo no soy eterno, algún día moriré, quizás mañana, quizás hoy, ¿y cómo me encuentro preparado para dar este paso decisivo? ¿Estoy en gracia de Dios y con las manos llenas de buenas obras y el tiempo pasado aprovechado para orar?”

Y de acuerdo a cómo respondamos estas preguntas, hagamos el propósito de cambiar y convertirnos en serio y comenzar a aprovechar el tiempo que pasa y no vuelve, y del cual depende nuestro destino eterno.

(30/NOV/08)

Misericordiosos como Dios

A veces nos preguntamos por qué Dios no soluciona todos los problemas económicos y todos los males y enfermedades. Pero si Dios procediera así, nos ataríamos a este mundo y nos olvidaríamos del mundo futuro que es el que realmente importa, nos anclaríamos en la tierra y olvidaríamos el Cielo para el que fuimos creados. Y lo que es peor, seguramente utilizaríamos el bienestar que tenemos y la salud para pecar y así condenarnos al Infierno.

Pero también hay otro motivo por el que Dios deja las miserias en este mundo, y es para que nosotros, sus hijos, practiquemos la misericordia con nuestros hermanos. Porque donde hay enfermedad podemos visitar con palabras de consuelo, curar, medicar, alentar, rezar, y así con todas las miserias de este mundo. Si somos ricos o desahogados podemos socorrer a los pobres y necesitados. Es decir que Dios deja las miserias en este mundo para que practiquemos la misericordia y así seamos semejantes a Él que es Misericordioso. Como suele decirse “De tal palo tal astilla”, así debemos decir que de “Tal Padre tal hijo”.

¡Ay de nosotros si no aprovechamos este mundo para practicar la misericordia y vamos por la vida pensando solo en nosotros y pisoteando a los demás! Recordemos que Jesús en el Juicio Final, separará a las ovejas de los cabritos y pondrá a aquellas a su derecha y a estos a su izquierda, y juzgará según hayamos o no hayamos practicado la misericordia con nuestros hermanos.

(29/NOV/08)

El valor del sufrimiento

La Virgen en sus apariciones y mensajes no cesa de pedir oración y penitencia, oración y sacrificios, oración y sufrimiento. Y es que con estas dos cosas podemos obtener todo de Dios para nosotros y para nuestros hermanos. Si queremos arrebatar almas a Satanás no hay nada mejor que ponerse a rezar mucho y hacer alguna mortificación, porque Jesús utilizó estos medios para vencer al demonio, y nosotros debemos imitar al Maestro y hacer lo mismo.

Así que estemos contentos sobrenaturalmente cuando nos llegue alguna cruz, pues sabemos que nuestro sufrir le dará luz y gracia a muchas almas que están en las tinieblas y que nadie las socorre.

Es difícil sufrir pero tratemos de vencernos a nosotros mismos porque la salvación del mundo depende de su conversión, y su conversión depende de nuestras oraciones y sufrimientos. Además, recordemos que es mejor sufrir aquí en la tierra por un corto período de tiempo, pues la vida por más larga que sea siempre será un corto tiempo; que sufrir largos siglos en el Purgatorio o eternamente en el Infierno.

(28/NOV/08)

Somos débiles

Debemos reconocer que somos débiles, que por nosotros mismos no seríamos capaces de hacer nada bueno. Por eso tenemos que ser humildes y, reconociendo nuestra incapacidad para todo bien, pedir ayuda al Poderoso, ya que Él espera eso de nosotros, que le pidamos Su ayuda.

Los mandamientos no se pueden cumplir sin la ayuda de Dios, porque con nuestra naturaleza caída por el pecado original y los pecados cometidos en nuestra vida, se nos hace imposible el cumplirlos. Entonces es el momento de pedir auxilio a Dios que nos dará la fuerza necesaria para cumplirlos y así vivir en gracia, en amistad con Él.

Tenemos que tratar de huir de las ocasiones próximas de pecado porque como somos muy débiles, podemos caer en cualquier momento. No hay que presumir de las fuerzas, porque como dice la Escritura: “El que ama el peligro, perecerá en él”. Así que mucha prudencia y mucha oración para mantenernos fieles a Dios y, si tenemos la desgracia de cometer un pecado mortal, ir a confesarnos cuanto antes y volver a empezar el camino a la santidad.

(26/NOV/08)

La intención es lo que vale

No nos engañemos, Dios ve hasta lo más profundo de nuestros pensamientos. A Él no le podemos ocultar nada y, si ante los hombres podemos pasar por hombres y mujeres piadosos, a Dios no le engañamos. Por eso es necesario que rectifiquemos nuestra intención en todas nuestras acciones, es necesario purificar nuestras intenciones cada vez que vamos a obrar algo, para que Dios esté contento con nosotros y nos premie no por el resultado sino por la intención y el esfuerzo que hemos puesto en hacer esas acciones.

Dar un vaso de agua al que tiene sed es una obra de misericordia. Pero si el doctor dice que el enfermo no puede tomar agua y nosotros le llevamos un vaso de agua y se lo damos, sabiendo lo que hacemos de mal, eso se convierte en una obra de odio. Por eso es tan importante la intención con la que se hace una acción. Y si siempre tenemos la intención de amar a Dios y al prójimo, nunca el Señor nos castigará si hacemos algo equivocado, pues Él ve y juzga el corazón del hombre y es Justo en todos sus juicios.

Por eso tratemos de tener las mejores intenciones en todo nuestro obrar, que si después algo sale mal, confiémoslo a la misericordia de Dios y a su Providencia, para que Él arregle lo que hemos hecho mal.

(25/NOV/08)

Vigilar nuestros sentidos

Si queremos salvarnos y alcanzar el Cielo, debemos vivir en gracia de Dios, en amistad con Él, y lo hacemos cumpliendo los Diez Mandamientos. Ahora bien, para poder cumplir los Diez Mandamientos es necesario saber guardar nuestros sentidos porque éstos nos llevan al pecado, especialmente el sentido de la vista, pues hoy en día se nos bombardea con imágenes indecentes o violentas a través de la televisión, del cine, de Internet. Por eso debemos recordar aquí las palabras de Jesús en su Evangelio, que nos dice que la lámpara del cuerpo es el ojo y que éste debe estar limpio. Claro, porque el pecado entra por los ojos.

Especialmente a los hombres se nos hace más difícil el guardar puras las miradas porque hay una moda muy indecente en las mujeres, moda que disgusta mucho al Señor y hace mucho mal a las almas.

Dice Santa Faustina Kowalska que en el Infierno se castiga al condenado en el mismo sentido con el que pecó. Imaginemos entonces las visiones de horror que habrán de torturar al condenado por haber tenido miradas impuras aquí en la tierra. Así que hagamos un pacto con nuestros ojos y evitemos las miradas peligrosas, y apaguemos el televisor pues allí tenemos que fijar la vista y pasan escenas pornográficas o violentas, y no podemos evitar mirarlas. Recordemos que todo lo que leemos o miramos deja una huella en nuestra alma. No perdamos el Cielo por tan poca cosa.

(24/NOV/08)

Ángel de la Patria

Dios ha dado uno de sus Ángeles a nuestra Patria y nosotros, los que tratamos de vivir en el bien y cumpliendo los mandamientos de Dios, debemos tratar de ayudar a este ángel con nuestras oraciones y sacrificios. Porque también Satanás ha dado un demonio a nuestra Patria, que tiene la misión de sembrar el odio, la división, la maldad, la desesperación. En cambio el ángel de Dios tiene la misión de sembrar la paz, la unión, el amor, la esperanza, la fe. Es tiempo de que creamos firmemente en que los demonios existen y que nos hacen la guerra sin tregua porque quieren perder al mayor número de almas y llevarlas a su Infierno para vengarse allí de Dios en ellas.

Es necesario que recemos mucho el Santo Rosario para ayudar a nuestro Ángel de la Patria y pedir también por los gobernantes, que muchas veces son enemigos de Dios porque la masa es enemiga de Dios. Es decir que si los ciudadanos cumplieran los mandamientos y fueran fieles a Dios, a los gobernantes no les quedaría otro remedio más que ser también buenos gobernantes. Por eso debemos rezar mucho por la conversión de todos los integrantes de nuestra nación, y rezar también por las otras naciones.

Despertemos del sueño en que estamos inmersos y despabilémonos, tomando las armas de la oración y de la penitencia para vencer a todo el Infierno que quiere llevar al mundo a la perdición. ¡Ave María y adelante!

(23/NOV/08)

Perseverar en la oración

Jesús, que es Dios, no tenía necesidad de rezar. Pero ¡cuánto rezó! Pasó noches enteras en oración, y se preparó a su misión con cuarenta días de ayuno y oración.

María, que es la Madre de Dios, no tenía necesidad de rezar pues es la Mujer perfecta, sin mancha, la Llena de Gracia. Pero ¡cuánto rezó! Pasó también noches en oración, y toda su vida era oración.

¿Y nosotros? ¿Queremos ser superiores a Jesús y a María? ¿Queremos pasarlo sin rezar o rezando muy poco? Porque nosotros sí somos pobres y necesitamos de la oración continua para merecer gracias y tener voluntad para cumplir los mandamientos. Por eso no nos cansemos de rezar, perseveremos en la oración y veremos sus maravillosos frutos.

Los Santos dicen que “El que reza se salva. El que no reza se condena.” Así que tomemos conciencia de la importancia capital que tiene la oración y recemos todos los días, lo más que podamos, y especialmente el Santo Rosario.

Dios nos tiene destinadas muchas gracias desde toda la eternidad, pero sólo nos las concederá si se las pedimos en la oración, pues esa es la regla misteriosa que Él se ha puesto: Conceder gracias a los que recen pidiéndolas.

(22/NOV/08)

El sufrimiento es una gran gracia

Dado que el hombre es un ser de naturaleza caída, es decir, creado por Dios en estado de gracia pero venido a menos por el pecado original, como consecuencia de ello el sufrimiento ha entrado en el mundo. Y si miramos la vida del Salvador, que es Dios, que es la Inteligencia y Sabiduría infinitas, podemos comprender el tremendo valor que tiene el sufrimiento para redimir y redimirnos. Si Dios, con todo su saber, no eligió otro camino que el de la humillación y el sufrimiento, es porque éste es un camino regio por el cual debemos pasar si queremos alcanzar la salvación.

En este mundo tendremos que sufrir. Pero hay tres formas de sufrir que se quedaron plasmadas en las tres cruces del monte Calvario. Sufría Jesús, sufría el buen ladrón y sufría el otro ladrón. Jesús sufría como un santo y para salvar a muchos; el buen ladrón sufría como un penitente para salvarse él; pero el otro ladrón sufría inútilmente y para el infierno

Por eso debemos aprovechar el sufrimiento en este mundo para crecer en el amor a Dios y al prójimo, y recordar que en el Purgatorio se sufre mil veces más que en la tierra, por mucho más tiempo y sin mérito para el alma. Así que del sufrimiento no nos podemos escapar y, si no nos animamos a pedirlo como hacían los santos, por lo menos no nos rebelemos y aceptémoslo con resignación cuando nos llegue. Recordemos que más alto se sube al Cielo, cuanto más se ha sufrido en la tierra.

(21/NOV/08)

El Infierno

Dictado de Jesús a María Valtorta sobre el infierno

15 de enero de 1944.

Dice Jesús:

"Una vez te hice ver al Monstruo de los abismos. Hoy te hablaré de su reino. No puedo tenerte siempre en el paraíso. Recuerda que tú tienes la misión de evocar en los hermanos las verdades que han olvidado demasiado. Pues en este olvido que, en realidad, es desprecio por las verdades eternas, se originan tantos males para los hombres.

Por lo tanto, escribe esta página dolorosa. Luego tendrás consuelo. Es viernes por la noche. Mientras escribes, mira a tu Jesús, que murió en la cruz, entre tormentos tales que pueden compararse a los del infierno, y que quiso esa muerte para salvar a los hombres de la Muerte.

Los hombres de nuestro tiempo ya no creen en la existencia del Infierno. Se han construido un más allá según el propio deseo, de tal modo que sea menos aterrador para su conciencia, merecedora de grandes castigos. Como son discípulos relativamente fieles del Espíritu del Mal, saben que su conciencia retrocedería ante ciertas fechorías, si de verdad creyera en el Infierno tal como lo enseña la Fe; saben que, si cometieran esa fechoría, su conciencia volvería en sí misma y, por el remordimiento, llegaría a arrepentirse, por el miedo llegaría a arrepentirse y, arrepintiéndose, encontraría el camino para volver a Mí.

Su maldad, que les enseña Satanás -del que son siervos o esclavos, según su adhesión a los deseos e instigaciones del Maligno-, no admite estos retrocesos y estos regresos. Por eso, anula la creencia en el Infierno tal como es y construye otro -si es que se decide a hacerlo- que no es más que una pausa para tomar impulso hacia nuevas elevaciones futuras.

E insiste en esta opinión hasta creer sacrílegamente que el mayor pecador de la humanidad puede redimirse y llegar a Mí a través de fases sucesivas. Hablo de Judas, el hijo predilecto de Satanás; el ladrón, tal como está escrito en el Evangelio; el que era concupiscente y ansioso de gloria humana, como Yo le defino; el Iscariote que, por la sed insaciable de la triple concupiscencia, se convirtió en mercante del Hijo de Dios y que me entregó a los verdugos por treinta monedas y la señal de un beso: un valor monetario irrisorio y un valor afectivo infinito.

No; si él fue el sacrílego por excelencia, Yo no lo soy. Si él fue el injusto por excelencia, Yo no lo soy. Si él fue quien con desprecio derramó mi Sangre, Yo no lo soy. Perdonar a Judas sería un sacrilegio hacia mi Divinidad, que traicionó; sería una injusticia hacia todos los demás hombres que, en todo caso, son menos culpables que él y que, aún así, son castigados por sus pecados; sería despreciar mi Sangre y sería, en fin, faltar a mis leyes.

Yo, Dios Uno y Trino, he dicho que lo que está destinado al Infierno, quedará en él eternamente, porque de esa muerte no se surge a una nueva resurrección. He dicho que ese fuego es eterno y que acogerá a todos los que cometieron escándalos e iniquidades. Y no creáis que esto dure hasta el momento del fin del mundo. No; al contrario, tras la tremenda reseña, esa morada de llanto y de tormento se hará más despiadada, porque el infernal solaz que aún se concede a sus huéspedes -poder dañar a los vivos y ver precipitar en el abismo a nuevos condenados- ya no será posible y la puerta del abominable reino de Satanás será remachada y clausurada por mis ángeles para siempre, para siempre; será ése un siempre cuyo número de años no tiene número; un siempre tan ilimitado que, si los granillos de arena de todos los océanos de la tierra se convirtieran en años, formarían menos de un día del mismo, de esta inconmensurable eternidad mía, hecha de luz y gloria en las alturas para los benditos; de tinieblas y horror en el abismo para los malditos.

Te he dicho que el Purgatorio es fuego de amor. Y que el Infierno es fuego de rigor.

El Purgatorio es un lugar en el cual expiáis la carencia de amor hacia el Señor Dios vuestro mientras pensáis en Dios, cuya Esencia brilló ante vosotros en el instante del juicio particular y despertó en vosotros un incolmable deseo de poseerla. A través del amor conquistáis el Amor y, por niveles de caridad cada vez más viva, laváis vuestras vestiduras hasta hacerlas cándidas y brillantes para entrar en el reino de la Luz, cuyos fulgores te hice ver días atrás.

El Infierno es un lugar en el cual el pensamiento de Dios, el recuerdo del Dios entrevisto en el juicio particular no es, como para los que están en el Purgatorio, deseo santo, nostalgia dolorida más plena de esperanza, esperanza colma de serena espera, de segura paz, que será perfecta cuando llegue a convertirse en conquista de Dios, pero que ya va dando al espíritu que purga sus faltas una jubilosa actividad purgativa porque cada pena, cada instante de pena, le acerca a Dios, su único amor. En cambio, en el Infierno, el recuerdo de Dios es remordimiento, es resquemor, es tormento, es odio; odio hacia Satanás, odio hacia los hombres, odio hacia sí mismos.

Tras haber adorado en la vida a Satanás en vez que a Mí, ahora que le poseen y ven su verdadero aspecto, que ya no se oculta bajo la hechicera sonrisa de la carne, bajo el brillante refulgir del oro, bajo el poderoso signo de la supremacía, ahora le odian porque es la causa de su tormento.

Tras haber adorado a los hombres -olvidando su dignidad de hijos de Dios- hasta llegar a ser asesinos, ladrones, estafadores, mercantes de inmundicias por ellos, ahora que se encuentran con esos patrones por los que mataron, robaron, estafaron, vendieron el propio honor y el honor de tantas criaturas infelices, débiles, indefensas -que convirtieron en instrumento de la lujuria, un vicio que las bestias no conocen, pues es atributo del hombre envenenado por Satanás-, ahora, les odian porque son la causa de su tormento.

Tras haber adorado a sí mismos otorgando todas las satisfacciones a la carne, a la sangre, a los siete apetitos de su carne y de su sangre y haber pisoteado la Ley de Dios y la ley de la moralidad, ahora se odian porque ven que son la causa de su tormento.

La palabra "Odio" tapiza ese reino inconmensurable; ruge en esas llamas; brama en las risotadas de los demonios; solloza y aúlla en los lamentos de los condenados; suena, suena y suena como una eterna campana que toca a rebato; retumba como un eterno cuerno pregonero de muerte; colma todos los recovecos de esa cárcel; es, por sí misma, tormento porque cada sonido suyo renueva el recuerdo del Amor perdido para siempre, el remordimiento de haber querido perderlo, la desazón de no poder volver a verlo jamás.

Entre esas llamas, el alma muerta, a igual que los cuerpos arrojados a la hoguera o en un horno crematorio, se retuerce y grita como si la animara de nuevo una energía vital y se despierta para comprender su error, y muere y renace a cada instante en medio de atroces sufrimientos, porque el remordimiento la mata con una maldición y la muerte la vuelve a la vida para padecer un nuevo tormento. El delito de haber traicionado a Dios en el tiempo terrenal está integralmente frente al alma en la eternidad; el error de haber rechazado a Dios en el tiempo terrenal está presente integralmente para atormentarla, en la eternidad.

En el fuego, las llamas simulan los espectros de lo que adoraron en la vida terrena, por medio de candentes pinceladas las pasiones se presentan con las más apetitosas apariencias y vociferan, vociferan su memento: "Quisiste el fuego de las pasiones. Experimenta ahora el fuego encendido por Dios, cuyo santo Fuego escarneciste".

A fuego corresponde fuego. En el Paraíso es fuego de amor perfecto. En el Purgatorio es fuego de amor purificador. En el Infierno es fuego de amor ultrajado. Dado que los electos amaron a la perfección, el Amor se da a ellos en su Perfección. dado que los que están en el Purgatorio amaron débilmente, el Amor se hace llama para llevarles a la Perfección. Dado que los malditos ardieron en todos los fuegos menos que en el Fuego de Dios, el Fuego de la ira de Dios les abrasa por la eternidad. Y en ese fuego hay hielo.

¡Oh, no podéis imaginar lo que es el Infierno! Tomad fuego, llamas, hielo, aguas desbordantes, hambre, sueño, sed, heridas, enfermedades, plagas, muerte, es decir, todo lo que atormenta al hombre en la tierra, haced una única suma y multiplicadla millones de veces. Tendréis sólo una sombra de esa tremenda verdad.

Al calor abrasador se mezcla el hielo sideral. Los condenados ardieron en todos los fuegos humanos y tuvieron únicamente hielo espiritual para con el Señor su Dios. Y el hielo les espera para congelarles una vez que el fuego les haya sazonado como a los pescados puestos a asar en la brasa. Este pasar del ardor que derrite al hielo que condensa es un tormento en el tormento.

¡Oh, no es un lenguaje metafórico, pues Dios puede hacer que las almas, ya bajo el peso de las culpas cometidas, tengan una sensibilidad igual a la de la carne, aún antes de que vuelvan a vestir dicha carne! Vosotros no sabéis y no creéis. Mas en verdad os digo que os convendría más soportar todos los tormentos de mis mártires que una hora de esas torturas infernales.

El tercer tormento será la oscuridad, la oscuridad material y la oscuridad espiritual. ¡Será permanecer para siempre en las tinieblas tras haber visto la luz del paraíso y ser abrazado por la Tiniebla tras haber visto la Luz que es Dios! ¡Será debatirse en ese horror tenebroso en el que solamente se ilumina, por el reflejo del espíritu abrasado, el nombre del pecado que les ha clavado en dicho horror! Será encontrar apoyo, en medio de ese revuelo de espíritus que se odian y se dañan recíprocamente, sólo en la desesperación que les enloquece y cada vez más les hace malditos. Será nutrirse de esa desesperación, apoyarse en ella, matarse con ella. Está dicho: La muerte nutrirá a la muerte. La desesperación es muerte y nutrirá a estos muertos eternamente.

Y os digo que, a pesar de que Yo creé ese lugar, cuando descendí a él para sacar del Limbo a los que esperaban mi venida, sentí horror de ese horror. Lo sentí Yo mismo, Dios; y si no hubiera sido porque lo que ha hecho Dios es inmutable por ser perfecto, habría intentado hacerlo menos atroz, porque Yo soy el Amor y ese lugar horroroso produjo dolor en Mí.

¡Y vosotros queréis ir allí!

¡Oh hijos, reflexionad sobre esto que os digo! A los enfermos se les da una amarga medicina; a los cancerosos se les cauteriza y cercena el mal. Ésta es para vosotros, enfermos y cancerosos, medicina y cauterio de cirujano. No la rechacéis. Usadla para sanaros. La vida no dura estos pocos días terrenos. La vida comienza cuando os parece que termina, y ya no acaba más.

Haced que para vosotros la vida se deslice donde la luz y el júbilo de Dios embellecen la eternidad y no donde Satanás es el eterno Torturador".

(20/NOV/08)

Nuestro poco

Tal vez no tengamos grandes e importantes cosas que ofrecerle a Dios, pero en el Evangelio tenemos un ejemplo que nos da ánimos ante el Señor, y es el de la viuda que puso unas pocas moneditas en el arca del Tesoro. Y Jesús dijo que, si bien los ricos habían puesto muchísimo dinero, nadie había puesto más que esta viudita.

Entonces también nosotros echemos en el Corazón de Jesús todo nuestro haber, todo lo que somos, no importa que seamos pobres, desconocidos, sin grandes cualidades; lo importante es que lo demos todo aunque sea muy poquito, y entonces el Señor hará grandes cosas con nuestro poco. Pues Él es el Grande y puede engrandecer a los más pequeños cuando quiere y cuanto quiere. Ya la Virgen cantó en su Magníficat que el Señor eleva a los humildes y colmó de bienes a los hambrientos. Así que no nos desilusionemos de ser poca cosa, al contrario, de esa forma tendremos más lugar para que el Señor vuelque en nosotros todos sus maravillosos dones.

Recordemos que el Señor tiene predilección por los pobres, por los débiles, por los sencillos; así que estemos contentos si tenemos como si no tenemos, y más si no tenemos, pues así Dios nos colmará sobreabundantemente.

(19/NOV/08)

Vivir haciendo el bien

Se decía de Jesús que “pasó haciendo el bien”. Y lo mismo se debería decir de nosotros en el momento de nuestra muerte. A esto nos debemos abocar, a hacer el bien a todos, a cumplir los Diez Mandamientos y a hacer obras de misericordia, pues en esto consiste el hacer el bien.

Mientras vivimos en este mundo, vamos escribiendo el libro de nuestra vida. Ojalá que en cada página haya siempre un adorno de bondad que hemos realizado por Dios y por nuestros prójimos. No malgastemos el tiempo inútilmente. Para los mundanos hay un dicho que dice “El tiempo es oro”; en cambio, para los cristianos se cambia en el siguiente: “El tiempo es gloria”. Y claro, porque cada momento que pasamos haciendo la voluntad de Dios, ganamos méritos para el Cielo y un aumento de gloria eterna.

Esta vida que tenemos en la tierra es única. No volveremos a vivir más. La Reencarnación es un grave error que Satanás nos propone para hacernos olvidar que solo tenemos esta vida y al final de ella, llega la muerte y el juicio, y allí se decide nuestro destino eterno: Cielo o Infierno. Por eso aprovechemos este tiempo de misericordia que tenemos a nuestra disposición para hacer el bien.

(18/NOV/08)

La desconfianza en Dios

La desconfianza es el pecado que más le duele a Dios. Y especialmente le duele cuando el alma que desconfía de Él es un alma elegida. Por eso debemos tratar de no herir el Corazón de Jesús con este feo pecado y confiar siempre en la Bondad de Dios.

A veces nos suceden cosas realmente graves y que en el momento no entendemos y hasta podemos pensar que Dios nos castigó. Pero si dejamos pasar el tiempo, veremos que eso que sucedió sirvió para el bien y nos hizo acercarnos más a Dios y a amar más al prójimo.

Tenemos que estar convencidos de que Dios todo lo que quiere o permite es para nuestro bien, porque todo sucede para el bien de los que aman a Dios, como dice la Escritura. A nosotros nos corresponde solo una cosa que es rezar, y rezar mucho para que los planes de Dios se cumplan en nosotros y que nosotros tengamos fuerzas suficientes para enfrentar los dolores que puedan acontecer en nuestra vida. Y especialmente debemos rezar el Santo Rosario, pues hay una promesa de la Virgen que el que lo reza frecuentemente no será vencido por la mala fortuna, es decir que saldrá victorioso de todas las pruebas que el demonio le ponga en el camino, con la permisión de Dios.

Entonces confiemos en la Bondad de Dios, y estemos seguros que Él nos cuida como una Madre cariñosísima y si a veces nos da un remedio amargo, siempre es por amor y para nuestro bien.

(17/NOV/08)

Pecador, no tengas miedo de Dios

Ya Adán y Eva, después del pecado tuvieron miedo de Dios y se escondieron. Y cuando nosotros pecamos también tenemos este instinto que nos hace alejarnos de Dios, en lugar de hacer lo contrario que es acercarnos a Él para que nos cure, pues Él es el único que puede remediar la situación triste en que hemos caído. Y esto es obra del demonio: primero nos seduce con la tentación y, cuando logra hacernos caer, nos trata de hacer creer que no seremos perdonados por Dios y así quiere llevarnos a la desesperación y al desánimo. Pero es el momento de que reaccionemos y, como el hijo pródigo nos levantemos de nuestra miseria y volvamos al Padre misericordioso que nos espera con los brazos abiertos para colmarnos de dones. Y esto lo hacemos a través de una sincera confesión sacramental con un sacerdote, que en nombre de Cristo nos devuelve la gracia que habíamos perdido y, salimos del confesionario completamente felices y libres otra vez y en amistad con el Señor.

Aprovechemos este tiempo de vida que tenemos para hacer frecuentes confesiones. No dejemos pasar más de un mes sin confesarnos. No importa que no tengamos pecado grave, gracias a Dios que no los tenemos, pero igual vayamos a confesarnos porque en la confesión se reciben muchas gracias y un aumento de fuerzas para no caer. Es el Sacramento de la Misericordia de Dios que debemos aprovechar mientras vivimos.

Entonces, si tenemos la desgracia de pecar, no tengamos miedo de Dios y vayamos humillados y arrepentidos a decirle: “Señor, mira, otra vez lo hice mal, te he ofendido, ten compasión de mí que propongo no volver a ofenderte”. Y el Señor, que ama mucho la humildad, nos colocará en un lugar mayor al que estábamos antes del pecado.

(16/NOV/08)

La paz viene de Dios

La paz viene de Dios. La inquietud viene de Satanás. Por eso debemos estar prevenidos y darnos cuenta de que cuando estamos perturbados o con cierta inquietud, el enemigo del alma está merodeando cerca. En cambio Dios nos infunde paz en el alma y cuando estamos en paz es señal de que Dios está moviendo al alma.

El mundo cada vez más está perdiendo la paz porque está perdiendo a Dios. Ya no se cumplen los Diez Mandamientos y el alma vive en pecado, entonces Dios no puede habitar en ella con su paz y así entra la inquietud en el alma y la desesperación. La solución está en volver a Dios con una sincera confesión y recurrir a la oración constante, especialmente la oración del Santo Rosario, que trae mucha paz al alma, a las familias, a la patria y al mundo.

También para tener paz debemos saber perdonar de corazón a todos los que creemos nos han ofendido, pues el resentimiento y el rencor no nos dejan vivir en paz. Echemos todo en el Corazón ardiente de Jesús y veremos florecer la paz en nosotros y a nuestro alrededor.

También para guardar la paz debemos guardar los sentidos. Mirar lo menos posible televisión, pues en los noticieros, por ejemplo, de pasan noticias mezcladas, una detrás de la otra y que no tienen nada que ver entre sí, y con ello nos desordenan nuestro interior. También debemos escuchar menos radio y dedicar más tiempo a la oración, pues esta vida que tenemos hay que aprovecharla para alcanzar el Cielo y evitar el Infierno.

(15/NOV/08)

La importancia de la reparación

¡Qué importante es hacer reparación a Dios por todos los pecados cometidos por los hombres! El Corazón de Dios está muy dolorido por todas las ingratitudes humanas. Entonces es el momento de hacer reparación por todo ello con nuestro amor, oración y penitencia.

La humanidad peca cada día más y la balanza de la Justicia divina se va inclinando hacia los castigos que merece. Es por eso que nosotros, los que tratamos de ser fieles a Dios y cumplimos sus Mandamientos, debemos ofrecer reparación para equilibrar, al menos en parte, dicha balanza, para evitar la catástrofe de los castigos sobre esta pobre humanidad, o al menos atenuarlos o aplazarlos para más adelante.

Démosle amor al Señor, pues con un poco de amor que le damos a Jesús, Él perdona mucho, pues como se dice en el Evangelio: Dios perdona mucho a quien mucho ama; y si lo amamos mucho, el Señor nos perdonará todo a nosotros y a nuestros hermanos.

No ofendamos más al Señor que ya está muy ofendido, y así como reparamos las ofensas hechas a Dios, reparemos también con mucho amor las ofensas cometidas contra María, nuestra Madre amadísima.

(14/NOV/08)

Solo Dios basta

No hay satisfacción fuera de Dios, y el que cree estar satisfecho sin tener a Dios en el alma, está engañado y en algún momento comprobará lo equivocado de su razonamiento, pues Dios nos ha creado para Él y solo seremos felices cuando lo tengamos a Él completamente para nosotros. Pero ya en este mundo somos felices cuando tenemos a Dios en el alma, cuando vivimos en gracia de Dios, en amistad con Él, cumpliendo los Diez Mandamientos. Y los que viven en pecado y se divierten y dicen que son felices, en realidad son los más pobres del mundo, pues no tienen a Dios que es la única Riqueza del hombre.

Por eso tratemos de agradar siempre al Señor para que Él habite en nuestro corazón y nos consuele en este mundo en que tenemos que sufrir y que es como una sala de espera para entrar a la Vida verdadera del Cielo. Este tiempo sobre la tierra es tiempo de prueba y por ello no debemos anclarnos aquí sino caminar con los pies sobre la tierra pero el corazón puesto en el Cielo que nos espera.

Si perdemos algo de valor, enseguida revolvemos cielo y tierra para encontrarlo. Y si perdemos la gracia de Dios con el pecado grave, ni nos damos cuenta y seguimos así, como cadáveres ambulantes por meses y años. No, no debe ser así, debemos poner a Dios en primer lugar y tratar de vivir siempre cumpliendo su Voluntad, es decir sus Mandamientos, y así ya gozaremos del Cielo anticipado en la tierra, porque tendremos a Dios, el Bien infinito, en nuestra alma.

(13/NOV/08)

Rezar por los sacerdotes

Es obligación de todos los católicos rezar por los sacerdotes, pues ellos son muy tentados por Satanás que sabe que si hace caer a un sacerdote, logra arrastrar a muchas almas a la perdición.

El sacerdote en estos tiempos está muy tentado, pues el Infierno y el mundo pagano en que vivimos lo seducen y le hacen perder de vista su misión tan importante. Muchos han dejado de rezar, y sabemos que la oración es el alimento del alma, y si un alma no se alimenta muere. Pero si ellos ya no rezan, debemos rezar mucho nosotros para sostenerlos y salvarlos de esta avalancha provocada por Satanás y los hombres perversos unidos al demonio.

Por ellos recibimos los sacramentos y hemos sido bautizados. Ellos nos han dado la vida sobrenatural y nos la aumentan con los medios de misericordia que el Señor ha puesto en sus manos.

No los juzguemos nunca y respetémoslos siempre, pues no nos corresponde a nosotros el juzgarnos, sino que nuestra obligación es rezar mucho por ellos y ofrecer los pequeños o grandes sufrimientos que tengamos, para arrebatarlos de las manos del Maligno, que a muchos los tiene como hipnotizados.

(12/NOV/08)

Devoción a María

Nosotros los católicos debemos tener una grandísima devoción a la Santísima Virgen, pues Ella es nuestra Madre y todas las gracias y dones que nos da Dios nos vienen a través de Ella. El demonio le tiene terror porque María le aplastó la cabeza y lo volverá a hacer en estos últimos tiempos que estamos viviendo, en que el ateísmo domina el mundo. Pero María, invocada y amada por nosotros, volverá a aplastar la cabeza de la Serpiente infernal y, aunque momentáneamente parece que el mal es el que triunfa, en realidad el triunfo será solo de María y Jesús.

Tengamos un tierno amor a la Virgen y ojalá decidamos consagrarnos a Ella, pues así seremos especialmente custodiados y defendidos por María, que es muy celosa de las almas que se confían a Ella.

Para tener una buena muerte y ver su rostro en ese último momento de nuestras vidas, es necesario que le recemos frecuentemente y la tengamos por Madre cariñosa que nos cuida constantemente y vela por nosotros.

Recordemos la letra de una nación mariana y hagámosla vida en nosotros. Dice así: “La Virgen María es nuestra protectora, nuestra defensora, no hay nada que temer. Vence al demonio, al mundo y a la carne. Guerra, guerra, guerra contra Lucifer”.

(11/NOV/08)

La pureza

En este mundo corrompido ya no se habla de la pureza sino para burlarse. Sin embargo Jesús nos dejó una bienaventuranza para los puros: “Felices los puros de corazón porque ellos verán a Dios”. Y nosotros debemos tratar de ser puros de cuerpo, alma y mente, y pedirle a la Santísima Virgen que nos ayude a guardar la pureza de pensamientos, palabras y obras, porque Ella es la Virgen Purísima que si la invocamos vendrá en nuestra ayuda y el demonio de la lujuria huirá de nosotros.

Dios quiere que seamos como niños, y los niños son puros y buenos, aunque en este mundo moderno se trata de corromper a los niños desde la más tierna edad, porque Satanás odia a los niños porque son los más amados de Dios. Además, los medios de comunicación, especialmente la televisión, exaltan la impureza y la proponen como un valor y un bien; ya no se considera pecado y así muchas almas viven habitualmente en pecado mortal y ya no se confiesan, y por ello se han esclavas del demonio que puede actuar en sus vidas y llevarlas al más profundo de los abismos.

La moda también es muy provocativa y desagrada mucho al Corazón de Jesús, por eso las mujeres deben vestirse decentemente para que Jesús esté contento de ellas y no sean motivo de escándalo para los hombres. No hay que dejarse llevar por lo que hace la mayoría, pues recordemos que el camino que lleva a la salvación es estrecho y la puerta angosta; en cambio el camino que lleva a la perdición es amplio y muchos son los que van por él.

(10/NOV/08)

Es difícil sufrir

Es difícil sufrir, el hombre lo encuentra difícil. Pero debemos saber que el sufrimiento es necesario desde que el pecado entró en el mundo y, si Cristo mismo lo tomó sobre sí y sufrió lo indecible para abrirnos el Cielo, es señal de que ese es el único camino para salvarnos.

Si no queremos sufrir en la tierra, deberemos sufrir por mucho más tiempo y más cruelmente en el Purgatorio. Y si no queremos sufrir en este mundo para privarnos de cometer un pecado o satisfacer una pasión, deberemos sufrir eternamente en el Infierno. ¿Y cómo soportar los castigos tremendos del Infierno si en este mundo no podemos ni siquiera aguantar un fuerte dolor de muelas que dura unas horas? No pensamos que con nuestro pecar nos sometemos al Maligno y tenemos como herencia el Infierno tan terrible. Pensemos en todo esto y tratemos de no pecar. Y si nos viene algún sufrimiento, tomémoslo con resignación sabiendo que es para descontarnos sufrimientos futuros en el Purgatorio. 

¿Qué es preferible: sufrir unos meses o años en la tierra, o siglos y siglos en el Purgatorio? Por eso bendigamos el sufrimiento, y tratemos de resignarnos a él, pues antes o después tenemos que sufrir por nuestros pecados, y es preferible sufrir en este mundo que en el otro.

(9/NOV/08)

Seremos juzgados

A veces vivimos en este mundo como si nunca fuéramos a morir. Pero no hay una verdad tan segura en nuestra vida como ésta de que algún día moriremos. Y después de la muerte, inmediatamente después, vendrá el juicio particular; es decir, nos presentaremos ante Jesús y veremos toda nuestra vida y el estado de nuestra alma y, allí mismo se dará la sentencia eterna e irrevocable de salvación o de condenación.

Toda la vida deberíamos tener presente este momento.

Dice la Escritura: “Acuérdate de tus postrimerías y jamás pecarás”. Y es cierto, si recordáramos siempre que vamos a morir y que seremos juzgados por Dios, difícilmente pecaríamos.

Hay gente que piensa que Dios estará apurado y que nos hará pasar enseguida y pasará por alto las pequeñeces. Esto no es así, Dios juzgará hasta las últimas consecuencias TODO, absolutamente todo. ¿Pero entonces hay que estar asustados y vivir amedrentados? No. Hay que hacer todo con amor, pues las acciones hechas con amor nunca estarán mal del todo y Dios tendrá mucha compasión de ellas. Entonces a no tener miedo, pero a ser prevenidos y a hacer todo por amor a Dios y al prójimo para que en nuestro juicio particular y en el Juicio Final, Jesús nos diga: “Venid benditos de mi Padre. Porque tuve hambre y me disteis de comer, etc.”

(8/NOV/08)

Todo ocurre para el bien de los que aman a Dios

Todo en el mundo ocurre para el bien de los que aman a Dios, porque Dios quiere la salvación de sus hijos y todo lo que quiere o permite tiene como fin el darnos un empuje para ascender en la vida espiritual y alcanzar el puesto al que estamos destinados en el Cielo. Pensemos en los mártires, que veían en sus verdugos el instrumento que les hacía ganar el Cielo, y los amaban y rezaban por ellos; o en las fieras que también eran el medio para que muriendo, entraran al Paraíso. Por eso no tengamos miedo, que si rezamos mucho y tenemos confianza en Dios, todo lo que nos suceda será para bien nuestro. No perdamos la fe. Hagamos caso a la frase que decía el Padre Pío de Pietralcina: “Reza, ten fe y no te preocupes”. Incluso nuestros enemigos, cuando nos ataquen, lo único que conseguirán es hacernos subir más alto y más rápidamente al lugar de la gloria que Dios nos tiene preparado.

Aunque nos suceda algo realmente malo, o causado por las fuerzas del mal, confiemos en que Dios puede cambiarlo en bien para nosotros y si confiamos en Él veremos con el tiempo que eso que sucedió nos hizo avanzar en la vida espiritual. A Dios lo desarma el amor, por eso demostrémosle mucho amor al Señor y obtendremos TODO  de Él, pues lo que Dios quiere es que le amemos con todo nuestro ser, que nos volvamos locos de amor por Él, que se lo merece.

Dios dirige los destinos del mundo y, si bien Satanás es el príncipe de este mundo, ya fue vencido en la Cruz por Cristo y solo puede hacer lo que Dios le permite y nada más. Así que recemos mucho, pues Dios nos da sus gracias a través de nuestra oración. Y necesitamos orar mucho para poder pasar las pruebas que tengamos, pues algunas son muy duras y solos jamás las podríamos superar, pero con Dios las pasaremos victoriosos, y para tener Su ayuda hay que rezar mucho.

(7/NOV/08)

Dios es siempre Padre

Dios es siempre Padre aunque somete a pruebas. Por eso no debemos tener nunca miedo de Dios, sino abandonarnos confiadamente a Él, pues ningún daño nos vendrá de Él, porque sabe llevar la prueba hasta la medida en que el alma la puede soportar y nunca la prueba será mayor que las fuerzas del alma. Si a Jesús mismo, por intercesión de la Virgen, Dios Padre le dio un ángel de consuelo en los terribles momentos del Getsemaní; pensemos que lo mismo hará con nosotros que somos infinitamente menos fuertes que su Hijo y necesitamos la ayuda divina para poder salir victoriosos de la tentación.

El hombre suele ser irreflexivo. Entonces Dios lo hace pasar pro distintas pruebas para que se vuelva reflexivo y misericordioso, pues de esta manera comprueba lo débil que es por sí mismo y que necesita la ayuda de Dios para todo. Así se hace misericordioso y caritativo con los demás y obtiene la ciencia de comprender las miserias ajenas y a no escandalizarse por nada y ser compasivo con quien cae o está en necesidad. ¡Y qué importante es tener un corazón misericordioso, pues eso es lo que quiere Dios de nosotros! De la misma manera procedió con los Apóstoles, permitió que lo abandonaran y huyeran y luego se les apareció en último lugar, para que, siendo humildes, aprendieran a compadecer las debilidades de los hermanos.

Entonces no tengamos miedo de las pruebas y reposemos confiados en los brazos de Dios y oremos incesantemente para que podamos responder al Señor como Él lo espera de nosotros.

(6/NOV/08)

Alimento espiritual

Todos nosotros debemos tener la santa costumbre de hacer diariamente la lectura espiritual. Tomar el Santo Evangelio o las Sagradas Escrituras o algún libro de Santo y leer y meditar las grandes verdades de nuestra fe, porque nuestra alma necesita alimentarse, así como el cuerpo lo hace con alimentos, así nuestra alma lo debe hacer con las buenas lecturas.

No perdamos tiempo frente al televisor o leyendo cosas triviales, sino aprovechemos el tiempo para formarnos en la vida espiritual, y conformemos nuestras vidas a lo que leemos, y así seremos felices en este mundo y, sobre todo, seremos felices para siempre en el mundo futuro que es lo que más importa.

En estos tiempos se nos bombardea con imágenes y palabras y sonidos y ruidos y noticias que, lo único que hacen es disiparnos y desinformarnos, y entre esas noticias no se habla de la salvación eterna que es lo más importante en la vida. Vivimos una sola vez y cuando llega la muerte somos juzgados por Dios e inmediatamente vamos al Cielo o al Infierno, o si estamos manchados primero pasamos por el Purgatorio. Y entonces, siendo esto así, ¿por qué perdemos el tiempo tan inútilmente como si lo tuviéramos a nuestra disposición? No somos eternos en este mundo. La eternidad está en el otro mundo y allí nos tocará el destino según haya sido nuestro obrar aquí en la tierra. Y para obrar bien debemos conocer bien. Por eso hagamos buena lectura espiritual en buenos libros libres de errores.

(5/NOV/08)

Santa Comunión

La Eucaristía es el Pan de los fuertes. En ella encontramos todo lo necesario para poder seguir en el combate de esta vida. Nunca debemos dejar la comunión a menos que estemos completamente seguros de que estamos en pecado grave. Pero si estamos dudosos tenemos que seguir comulgando, pues el demonio hará todo lo posible por alejarnos de la Eucaristía, porque sabe que si seguimos fieles a la Comunión estaremos perdidos para él.

Hagamos el propósito de comulgar todos los días que podamos, si es posible diariamente, porque allí está toda nuestra fuerza y salvación y, si dejamos de comulgar tarde o temprano entrará la tibieza en nosotros y despaciosamente nos iremos precipitando en el pecado. No dejemos la Comunión por ligereza o descuido, ya que en ella está el mismo Cristo que se nos da en alimento y con Él vienen todos los dones y gracias para el alma.

Cuando comemos un alimento común, nuestro cuerpo asimila el alimento y transformamos ese alimento en nuestro propio cuerpo, es decir, lo transformamos en carne y sangre. Pero cuando comulgamos sucede al revés, pues en lugar de nosotros asimilar a Cristo, es Cristo el que nos transforma y asimila a Él, y así nos vamos cristificando cada vez más, hasta que al final llegamos a ser otros Cristos.

La Eucaristía es el Corazón de Jesús, y con esto ya está todo dicho.

(3/NOV/08)

Añoranza de Dios

El mayor tormento de las almas que están detenidas en el Purgatorio es la añoranza de Dios.

Sí, en el juicio particular que han tenido, se encontraron con Dios y han visto su Belleza, Bondad y Amor infinito y han quedado perdidamente enamoradas de Él; pero se dan cuenta de que están sucias y no pueden fundirse a su Amor y deben ir a purificarse, deben separarse de Él, y tal vez por siglos y siglos. ¡Que terrible!

Ahora pensemos cuando alguien ama de verdad, cuánto deseo tiene de estar con el ser amado. Cuando más grande es el amor, tanto más es el deseo de fundirse con el otro. Y entonces aquí nos podemos hacer una idea del horror que deben sufrir estas almas en el Purgatorio al no poderse unir a su Amor, a Dios. Entonces estas almas penan de amor. Y todo el que ha estado enamorado y por un motivo u otro no puede unirse a su amante, llega hasta volverse loco o por lo menos sufre muchísimo. Por eso tengamos mucha compasión de estas almas que están purgando sus faltas y tratemos de aliviarlas con nuestras oraciones y actos de amor a Dios, y ofrezcamos misas por ellas para que, cuanto antes, puedan ir a gozar para siempre de su Amor, y así aliviaremos también a Dios que las quiere unidas a Él con lazo indisoluble. Será una gran caridad.

(2/NOV/08)

El Dogma de la Comunión de los Santos no basta conocerlo, se necesita vivirlo

(Mensaje al P. Michelini) 

 Somos las almas del Purgatorio, escribe, hermano. 

Somos nosotras almas Purgantes y esperábamos este encuentro que indudablemente traerá bien a ti y a nosotras, el amor que une a los hijos de Dios, estén en el tiempo o fuera del tiempo como estamos nosotras, es siempre útil y fecundo de bien.

El Dogma de la Comunión de los Santos, para quien cree en él y se esfuerza en vivirlo, lleva siempre frutos santos para ambas partes, ciertamente hermano Don Octavio, para nosotras ningún esfuerzo, ninguna fatiga sea para creer ni para vivir la sublime y estupenda realidad del Dogma que tratamos, en cambio para vosotros que estáis peregrinando en la tierra, se requiere el ejercicio de la vida divina de la Gracia, se requiere el ejercicio de las facultades de vuestra alma, ante todo, el ejercicio de vuestra inteligencia, que debe buscar conocer la existencia del Dogma, conocer el origen, esto es, de dónde y cómo ha nacido, conocer los efectos que produce en quien lo conoce, y en quien  lo vive, se requiere  además el ejercicio de vuestra voluntad, quererlo aceptar y quererlo vivir es acto de la voluntad, se necesita aún el ejercicio de la memoria, la que siempre debe tenerlo presente a la inteligencia y a la voluntad para que ellas puedan recordarlo y quererlo.

Hermano Don Octavio, no es todo, el Dogma de la Comunión de los Santos, como por otra parte se debe decir de tantas otras realidades sobrenaturales, exige, sí, el ejercicio natural del alma, pero sobre todo el ejercicio de la Vida divina de la Gracia introducida en el alma y, por lo tanto: ejercicio de la Fe, para que el Dogma se haga operante se necesita creer firme y fuertemente, sin velos ni sobrentendidas limitaciones, requiere además el ejercicio de la Caridad, del amor, amor verdadero, no ficticio, no ilusorio, amor real acompañado de obras, y tú, vosotros,  sabéis qué obras exige la naturaleza de este Dogma, requiere el ejercicio de la Esperanza, la que como luz transparente os haga vislumbrar y desear los benéficos efectos que el Dogma visto, querido y amado lleva a vosotros y a nosotras.  

Cuántos tesoros aún por descubrir y valorar  

Hermano Don Octavio, hemos hablado de realidades maravillosas, o mejor estupendas,  si tuviéramos otros vocablos más eficaces los usaríamos para haceros comprender cuántos tesoros hay aún por descubrir y valorar por parte de muchísimos cristianos que ignoran, que no ven y por lo tanto no obran, para su perjuicio y en este caso también en daño nuestro; Don Octavio, no basta el don de la vida, aun la física, intelectual, espiritual se necesita vivirla, ¿para qué serviría una vida no vivida? Cuánto bien no hecho, cuánto bien descuidado por la superficialidad de fe, de esperanza y de caridad, dones maravillosos, pero muchas veces casi desperdiciados en una tibieza y negligencia incomprensibles

Vosotros deberíais saber muy bien que vuestras posibilidades de bien con relación a nosotras constituyen una reserva potencial casi inagotable, cualquier cosa que hagáis bastaría  transportarla del plano natural al plano sobrenatural de la gracia añadiéndole la intención: "por las almas Santas del Purgatorio", y si son ya cosas de orden sobrenatural, como la Santa Misa celebrada o escuchada, basta sólo con añadir la intención dicha; si salís para un paseo, para una compra  o cualquier otra cosa que hagáis o penséis, hacedlo por amor al Señor y en sufragio de nuestras almas.  

A vosotros, hombres toca dar el "ya"  

Tú sabes, hermano, que por parte nuestra la respuesta sería, es inmediata, para nosotras no podemos hacer "nada", pero para vosotros podemos hacer "mucho", pero sois vos otros, quienes vivís en la fe y en la prueba, quienes debéis, por así decirlo, dar el "ya" para volver operante este Dogma de la Comunión de los Santos.

Don Octavio, es cierto que las necesidades materiales y sobre todo espirituales son para vosotros muchas, pero ¿por qué no tener en cuenta que también nosotras, Almas Purgantes, podemos ayudaros mucho para resolver todos vuestros problemas personales y sociales? ¡Si supieras lo que quiere decir Purgatorio!!! ¡Si lo supieran los cristianos, que tan rápidamente se olvidan de nosotras, que tan fácilmente se olvidan de sus promesas, que tan mal viven su fe, que más que en nosotras, piensan en la podredumbre y cenizas de nuestros cuerpos!!!

Hermano nuestro Don Octavio, cuánto se podría y se debería hacer por Caridad y por Justicia con respecto a nosotras... intensifiquemos en mucho nuestra comunión y los benéficos efectos y las bendiciones de Dios serán abundantes. 

A la espera… 

Las Almas del Purgatorio

(1/NOV/08)

La Comunión de los Santos

(Mensaje de Jesús al P. Michelini)

Hijo,  te he dicho repetidamente que Yo soy el Amor; donde hay amor estoy Yo.

Yo Soy el Amor Infinito, Eterno, Increado, venido a la tierra a reconciliar y por consiguiente reunir con Dios a la humanidad arrancada del odio.

El amor por su naturaleza tiende a la unión, como el odio por su naturaleza tiende a la división.

Nosotros somos Tres, pero el Amor Infinito nos une íntimamente en Uno solo, en una sola naturaleza, esencia y voluntad.

El amor me ha llevado a Mí, Verbo eterno de Dios hecho carne, a inmolarme a fin de que se diese a todo hombre la posibilidad de unirse en Mí a Dios, y formar Conmigo una sola cosa, como Yo soy una sola cosa con mi Padre que me ha enviado.

Hijo, desde hace más de cien años el Materialismo como sombra oscura y densa, envuelve buena parte de la humanidad.

Él ha ofuscado también en mi Cuerpo Místico, esto en el alma de muchos fieles y sacerdotes, el dogma de la Comunión de los Santos que es una realidad espiritual grandiosa, viva, verdadera y operante en  Cielo y tierra.

No hay términos aptos para explicar su grandeza, potencia y actuación vibrante de amor y de vida.  No hay palabras en vuestro lenguaje, aptas para hacer comprender el invisible, misterioso intercambio que encuentra su centro en mi Corazón misericordioso.

Pocas son las almas que han comprendido, y pocos son también los sacerdotes que, además de creer abstractamente, viven activamente en esta Comunión con los bienaventurados comprensores (Que disfrutan de la visión beatífica.) del Paraíso, con las almas en espera en el Purgatorio y con los hermanos militantes en la tierra.

La muerte, contrariamente a los prejuicios con respecto a ella, no pone fin a la actividad de las almas. La muerte que, con palabra más precisa deberíais llamar "tránsito", es un pasar del tiempo a la eternidad, que no es poner fin a la actividad del alma, sea en el bien, sea en el mal.  

La familia de Dios  

En cualquier familia ordenada en el amor, cada miembro que la constituye, concurre al bien común en un intercambio de bienes dados y recibidos en una comunión armoniosa.

En un grado con mucho superior, así es en la gran Familia de todos los hijos de Dios: militantes en la tierra, en espera en el Purgatorio y bienaventurados en el Paraíso.

Por tanto es necesario, con el fin de volver cada vez más rica de frutos divinos la fe en esta Realidad divina y humana, brotada de mi Inmolación en la Cruz,  tener sobre ella  ideas precisas.

Se debe:

1)  Creer firmemente en el dogma de la Comunión de los Santos.

2)  Cuando se habla de la familia de los hijos de Dios, los sacerdotes deben dejar bien claro que a esta familia pertenecen los peregrinos en la tierra, las almas en espera en el Purgatorio y los justos del Paraíso, esto es los santos.

3)  Los sacerdotes (muchos de los cuales ponen el acento casi exclusivamente en las cuestiones sociales en favor de los hermanos militantes, deplorando con razón las injusticias perpetradas) olvidan casi siempre las injusticias más graves hechas en perjuicio de los hermanos que están en el Purgatorio.

Para tal gravísima omisión se necesita o no creer en el Purgatorio o no creer en el tremendo sufrimiento al que las almas purgantes están sometidas.

La necesidad de ayuda de las almas en espera es bastante más  grande que la de la criatura humana que más sufre en la tierra.

El deber en fin de caridad y de justicia hacia las almas en pena es mas acuciante para vosotros en cuanto que , no raras veces, hay allí almas purgantes que sufren por culpa de vuestros malos ejemplos, porque habéis sido cómplices con ellas en el mal o en cualquier forma ocasión de pecado.

Si la fe no es operante, no es fe.  

La vida continúa  

Hijo mío, se necesita hacer entender con claridad que la vida continúa después de la tumba.

Todos aquellos que os han precedido en el signo de la fe, sea que estén en el Purgatorio o ya en el Paraíso, todavía os aman con amor mas puro, más vivo y más grande.

Están animados por un gran deseo de ayudaros a superar las duras pruebas de la vida para que alcancéis, como ellos ya han alcanzado, el gran punto de llegada, el fin de la vida misma.

Ellos conocen ya muy bien todos los peligros que acechan a vuestras almas.

Pero su ayuda con respecto a vosotros, está condicionada en buena medida por vuestra fe y vuestra libre voluntad para acercaros a ellos con la oración y con la confianza en su eficacísimo patrocinio ante Dios y la Virgen Santísima.

Si los sacerdotes y los fieles están animados de vivísima fe, conscientes de los inagotables recursos de gracias, de ayudas y de dones que pueden obtener de este Dogma de la Comunión de los Santos, verán centuplicado su poder sobre las fuerzas del Mal.

Yo he dotado a mi gran Familia de riqueza y potencia insondable y la robustezco con la fuerza invencible de un Amor infinito y eterno.  

Recursos inutilizados  

Mis sacerdotes instruyen a los fieles con palabras simples y claras, diciendo que vuestros hermanos que han cumplido ya en la tierra el periplo de su vida temporal, no están divididos de nosotros, no están lejanos de vosotros.

Decid también que no están inertes y pasivos a vuestro respecto sino que, en un nuevo estado de vida más perfecta que la vuestra, os están cercanos, os aman. Ellos toman parte, en medida de la perfección alcanzada, en todas las vicisitudes de Mi Cuerpo Místico.

Os repito que ellos no pueden descartar vuestra libertad pero, si son solicitados por vuestra fe y por vuestras invocaciones, os están y estarán cada vez más cercanos en la lucha contra el Maligno.

Os miran, os siguen e intervienen en la medida determinada por vuestra fe y por vuestra libre voluntad.

Hijo mío, ¡qué inmensos tesoros ha predispuesto mi Padre para vosotros!

¡Cuán inmensos recursos inutilizados!

¡Cuántas posibilidades de bien dejadas caer en el vacío!

Se afirma creer, pero no hay más que un mínimo de coherencia con la fe en la que se dice creer.

Te bendigo. ¡Ámame!

(31/OCT/08)

El Ángel de la Guarda

Todos tenemos un Ángel de la Guarda que está constantemente a nuestro lado desde el momento en que nacimos, y seguirá estando con nosotros hasta la muerte y más allá de la muerte si es que vamos al Purgatorio o al Cielo. Solo dejará de estar con nosotros si nos condenamos en el Infierno.

Este Guardián que Dios nos ha dado, puede actuar más y mejor cuanto más nosotros lo invocamos y tratamos con él. Por eso tenemos que invocarlo frecuentemente y, especialmente en estos tiempos en que tantos demonios han aflorado a la superficie de la tierra, es necesario que estemos muy unidos a nuestro Ángel Custodio, pues el demonio es más fuerte que nosotros y si lo enfrentamos solos nos vencería, es por eso que Dios nos dio este Ayudante para que el combate sea más equilibrado. Así que invoquémosle en todo momento y recémosle la oración que seguramente nos enseñaron desde pequeño antes de dormirnos: “Ángel de la Guarda, dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día, hasta que descanse en los brazos de Jesús, José y María”.

Estamos viviendo tiempos muy peligrosos en que los demonios nos tienden muchas trampas y tratan de causarnos hasta accidentes físicos, es por eso que debemos invocar a nuestros ángeles para que nos defiendan de todo peligro y tenerlos como nuestros más íntimos amigos y seguir sus inspiraciones y consejos.

(30/OCT/08)

¡Cuánto nos ama Dios!

Algo de lo que debemos estar plenamente convencidos en este mundo es que Dios nos ama infinitamente a cada uno de nosotros. Esta es una gran verdad que siempre hay que tener presente a nuestra inteligencia y corazón, pues con los golpes de la vida podemos llegar a dudar de ella y caer así en perdición, creyendo que Dios no nos ama y nos odia. ¡No! Dios nos ama infinitamente, siempre, y todo lo que dispone para nosotros es por el gran amor que nos tiene. Aunque parezca que en lugar de darnos el pan que le pedimos nos dé una piedra, esa piedra vale oro y es un gran don que Él nos hace, que tal vez no lo entenderemos nunca en este mundo, pero sí lo veremos muy claramente en el Cielo. Por eso hay que tener mucha fe y confianza en Dios, en que Él es Bueno infinitamente y quiere nuestro bien material pero, sobre todo, espiritual, pues Él actúa siempre para salvar nuestra alma y tenernos junto a Él para siempre en el Cielo.

El solo hecho de que existimos es porque Dios nos ha amado y por eso nos creó, pues en lugar nuestro podrían existir millones de seres humanos. Pero no, Él nos eligió a nosotros y nos llamó a la existencia porque nos ama. Él pensó en nosotros desde toda eternidad y nos quiere en su Cielo. Por eso ¡cuánto debemos corresponder a Su Amor con una vida de santidad! Hay un dicho que dice que amor con amor se paga, y otro dice: obras son amores y no buenas razones. Entonces hagamos buenas obras y obremos por amor a Dios para devolverle amor a su inmenso Amor por nosotros.

(29/OCT/08)

Dios es la Belleza y el Bien supremo

A veces quedamos embelesados ante un rostro de mujer que nos parece que es tan perfecto y nos quedaríamos mirándolo horas y horas. El rostro de nuestra esposa o novia. ¿Y pensamos lo que será ver el rostro de Dios, que es la Belleza infinita? Con razón la pena de daño que es la pena mayor que sufren los condenados en el Infierno es la de estar separados para siempre de Dios, la de haber perdido a Dios después de haberlo visto por un instante.

También ¡qué felices somos cuando tratamos con alguien que es muy bueno y es nuestro amigo o pariente! ¡Qué bien estamos a su lado y con cuánto gusto compartimos junto a él! Pues bien Dios es la Bondad infinita ¿y qué sentiremos al estar junto a Él en el Cielo? Pensamos alguna vez en esto. Ojalá todas estas cosas nos sirvan para tener un deseo ardiente de ir al Cielo y nos den fuerzas para cumplir los Mandamientos de Dios que es lo que hay que hacer para alcanzarlo.

Y nosotros también debemos parecernos a nuestro Padre eterno en su Bondad y Belleza, no tanto en la belleza corporal sino en la belleza de nuestra alma, que debemos hacer cada día más linda a los ojos de Dios, para que Él, al verse reflejado en nuestra alma, nos atraiga a su Corazón Misericordioso y Santo y en el Cielo nos una para siempre a Él.

(28/OCT/08)

Hambre de felicidad

Los hombres tenemos un corazón tan grande que nada es capaz de llenarlo. Sólo Dios lo colmará porque Él es infinito.

Los hombres buscamos la felicidad y corremos tras muchos espejismos que nos hacen creer que son la felicidad. Pero la Felicidad, así con mayúscula, solo la encontraremos en Dios. Dios es y será nuestra Felicidad. Y ¿cómo llegar a Él? Jesús nos ha dejado un camino: Los Diez Mandamientos y sus enseñanzas en el Evangelio. La Felicidad se conquista con el sufrimiento, con la renuncia a nuestros caprichos y haciendo la voluntad de Dios. Este es el buen camino. Estrecho; y pocos van por él, pero es el único, pues de lo contrario Jesús nos lo hubiera dicho.

Hay una frase que escuché alguna vez y que no recuerdo de quién es, y dice así: “Ningún camino de flores conduce a la gloria”. Tal vez esta era una frase humana y que buscaba y hablaba de la gloria humana, de este mundo. Pero también podemos aplicarla a la Gloria que debemos alcanzar en el Cielo, y también ésta se conquista por caminos que no son de flores.

Hagamos el esfuerzo, vale la pena. Es más, no nos queda otra alternativa pues de lo contrario caeremos en perdición. Así que ánimo y adelante, que el Crucificado camina junto a nosotros y en los momentos más duros nos lleva en sus brazos.

(27/OCT/08)

El combate inicial

Cuando uno comienza a tratar de cumplir los Diez Mandamientos y seriamente se dedica a ello, el demonio no quiere perder su presa y redobla sus esfuerzos para desanimarnos. Pero Dios concede muchas gracias al alma para que pueda combatir las tentaciones y empieza así una batalla encarnizada que es dura al principio pero que después nos da la victoria y con el tiempo esta batalla se inclina a nuestro favor y ya se hace fácil el cumplir los Mandamientos y las enseñanzas de Jesús en el Evangelio. Hay que animarse a dar el primer paso y estar resueltos a luchar y pedir a Dios ayuda con la oración. La clave está en ser perseverantes en la oración, rezar todos los días el Rosario y comenzar a frecuentar los sacramentos, especialmente la Eucaristía, diaria si es posible, pues en el Pan de los Fuertes es donde recibimos la fuerza para serle fieles a Jesús.

Tal vez tengamos muchas caídas, pero a no desanimarse y volver a levantarse con una inmediata y sincera confesión sacramental con un sacerdote, para recuperar lo perdido y volver a la batalla de todos los días.

Es muy importante que para guardar la pureza y poder cumplir los mandamientos, dejemos de ver tanta televisión donde la inmoralidad y maldad se derraman sobre nuestros hogares y empezar a luchar contra nuestras pasiones, especialmente guardar el sentido de la vista, por donde entra el pecado en el alma. Es una guerra que tenemos que combatir contra enemigos que son más fuertes que nosotros y por eso tenemos que pedirles ayuda a Dios y a la Virgen a través de la oración. Pero el premio que nos espera es la felicidad perfecta del Cielo; y si no lo hacemos nos espera el horror del Infierno. Ya estamos embarcados en esta aventura y ahora tenemos que luchar para alcanzar el fin para el que Dios nos ha creado que es ir a gozar de Él en el Cielo para siempre.

(26/OCT/08)

Vivir en el mundo pero sin ser del mundo

Los tres enemigos del cristiano son: el mundo, el demonio y la carne. Esto ya casi no se dice en las clases de catecismo y así no se prepara a los catecúmenos para el combate que deberán enfrentar en esta vida. Y en este combate se juega nuestro destino eterno, pues depende de cómo lo enfrentemos y salgamos de él, y así será lo que nos corresponda: Cielo o Infierno. Y el mundo es uno de estos tres enemigos. El mundo no como la naturaleza creada por Dios, ya que este mundo es bueno, sino el mundo como estructura de pecado, como reino de Satanás, en que éste gobierna sin discusión y arrastra consigo a muchos incautos que se dejan arrastrar por este espíritu mundano.

El mundo tiene sus máximas, que son opuestas totalmente a las máximas y enseñanzas del Evangelio. El mundo dice que hay que gozarlo todo y escapar del sufrimiento. Jesús nos dice que renunciemos a nosotros mismos y lo sigamos llevando nuestra cruz.

Lamentablemente este espíritu mundano se ha introducido también en la Iglesia y muchos sacerdotes, religiosos y fieles viven un cristianismo de nombre pero son seguidores de este mundo pagano. Por eso nosotros debemos estar en guardia y leer siempre el Evangelio de Jesús para adecuar nuestra forma de pensar y conducirnos a dichas enseñanzas, tanto como a las enseñanzas del Papa, y, al igual que los primeros cristianos, tenemos que vivir en medio del mundo pero sin ser del mundo, sino de Cristo. El mundo es el que nos grita “baja de la cruz”. No le hagamos caso y sigamos sufriendo la cruz de cumplir los Diez Mandamientos que nos llevan a la salvación.

(25/OCT/08)

Rezar para conocer la Voluntad de Dios

Uno de los motivos por los cuales debemos rezar es para conocer cuál es la Voluntad de Dios para nosotros. Dios tiene preparado un camino para que lleguemos a la santidad más seguramente y nosotros tenemos que rezar mucho para que Dios nos vaya guiando según ese camino que Él, desde toda eternidad, tiene fijado para nosotros.

Porque Dios ha preparado muchas gracias para nuestra vida, y las ha preparado desde antes de que nosotros fuéramos creados. Pero Él nos las dará a condición de que nosotros las pidamos en la oración. Por eso si rezamos recibiremos, pero si no rezamos, perderemos las inestimables gracias y ayudas que Dios hubiera querido darnos. Entonces aquí descubrimos qué importante es la oración, que aclara los más oscuros caminos y nos ilumina el alma y la aleja del Maligno. Con la oración se puede enfrentar cualquier peligro y se nos va revelando qué es lo que Dios quiere de nosotros, y también recibimos la fuerza necesaria para llevarlo a la práctica.

Debemos imitar a Jesús que, cada vez que tenía que tomar una decisión importante en su vida, se ponía a rezar incesantemente, como lo hizo antes de elegir a los Doce, en el desierto, en el Huerto de los Olivos y siempre, para prepararse bien a su misión. Nosotros hagamos lo mismo y recemos ante cada decisión importante que debamos tomar y recemos constantemente para que Dios aparte los obstáculos que Satanás y todos los espíritus malignos nos ponen en el camino para llevarnos a la perdición junto con ellos.

(24/OCT/08)

María es nuestra guía

Para caminar seguros en este mundo cambiante y lleno de peligros materiales y espirituales, donde los enemigos del alma tratan de robarnos la gracia santificante que es el más grande tesoro que poseemos, es necesario que nos encomendemos a alguien que tenga poder y sepa conducirnos con seguridad a través de la vida.

Nadie mejor que María nos podrá guiar en el camino, pues Ella es Madre de Dios, y por eso todo lo puede obtener de Dios para nosotros; y Ella es Madre nuestra, y por eso nos cuida como solo una madre -¡y qué Madre!- lo puede hacer.

Siempre debemos tener en los labios el dulce nombre de María, que es terror para los demonios que sin descanso tratan de arruinarnos y condenarnos con ellos en el Infierno eterno. A veces cerramos las puertas y ventanas por miedo a los ladrones. Pero ¿qué mayor peligro que los ladrones invisibles, los demonios, que tratan de robarnos el Tesoro que es Dios en nuestra alma, es decir, la Gracia, que vale más que todos los mundos creados, pues fue conquistada por Jesús al precio de su Sangre?

Y si el nombre de María lo pronunciamos junto al de Jesús, entonces la oración se hace más que eficaz, y por eso el Santo Rosario es tan eficaz, pues en las avemarías se dicen estos dos preciosos nombres de Jesús y María.

¡Viva María! ¡Viva Jesús!

(23/OCT/08)

Nuestros pecados hacen sufrir a Jesús

Debemos tomar conciencia de que nuestros pecados hacen sufrir a Jesús. Cada vez que pecamos Jesús sufre en su Corazón Divino la ofensa y es como que lo volvemos a crucificar. Nosotros que nos da lástima cuando vemos a un animalito que sufre, ¿no tendremos compasión de ver a Jesús sufriendo horrores por nuestra maldad? Tengamos compasión del Señor y de su Madre, pues cuando ofendemos a Dios, también ofendemos a María en su gran amor. Digamos como los santos: “Morir antes que pecar”.

Lamentablemente el mundo ya no tiene conciencia de pecado, se ha llegado a pensar que el pecado es una forma más de ejercer la propia libertad y se comete con total facilidad, se justifica y ya no se confiesa. Lo terrible de esto es que se ha perdido la idea de lo que es el pecado. Pero para darnos cuenta de la gravedad del pecado miremos la Cruz de Cristo, consideremos lo que tuvo que sufrir Dios para salvarnos, los horrores que padeció para poder perdonar nuestros pecados, y así nos daremos cuenta de lo terrible que es el pecado. Por eso huyamos del pecado cueste lo que cueste, incluso de los pecados llamados veniales o leves, que son el mal más grande que hay después del pecado grave. Para tener una idea de lo grave que es un pecado, sepamos que si se diera el caso de que cometiendo un pecado leve, pudiéramos sacar todas las almas del Infierno y del Purgatorio y convertir a todos los pecadores del mundo, incluso así NO DEBERÍAMOS COMETERLO. Así que imaginemos lo terrible que es el pecado y tratemos de no pecar y pidámosle ayuda a Dios y a María para no hacerlo.

(22/OCT/08)

Vanidad de vanidades

El mundo trata de divertirse, de “matar el tiempo”, de pasarlo bien y gozarlo todo, y así pasa su vida inútilmente y va caminando por el sendero ancho de que se habla en el Evangelio, cuyo término es el Infierno eterno.

En cambio nosotros, los que tratamos de ser fieles a Dios, debemos tratar de ir por el sendero estrecho que ya recorrió primero Nuestro Señor. Es un camino lleno de espinas y es angosto pero, ¡qué Gozo nos espera al final! Y se podría decir que a pesar de las penas del camino ya vamos gozando porque caminamos con la esperanza cierta de que al final nos espera el Cielo donde seremos para siempre felices.

Los mundanos no tienen esta esperanza, pues caminan y no saben a dónde van, y entre distracciones y vanidades avanzan inconscientes del destino de tinieblas que les espera. Basta ver un domingo en una cancha de fútbol cómo se llena de gente la tribuna. Y podemos preguntarnos: ¿Cuántos de esos hombres han ido a Misa ese día? Porque el Domingo es el Día del Señor y se debe emplear para agradarle a Él y alimentar nuestra alma que durante la semana estuvo tal vez dispersa y ocupada en otras cosas materiales. Recordemos que los criterios del mundo no son los criterios de Dios y que Dios y el Mundo son enemigos. Miremos todas las cosas con los ojos de Dios, con los ojos de la Fe, y aprovechemos este tiempo de vida que tenemos sobre la tierra para ser cada vez más santos y conocer cada vez mejor a Dios y su propuesta, y saber diferenciarlos de Satanás y sus venenosas invitaciones.

(13/OCT/08)

Vivir el momento presente

En estos tiempos en que la humanidad es cada vez más dominada por el Maligno y el odio y la guerra se esparcen por el mundo, a veces nos da miedo pensar en el futuro. Pero el futuro no sabemos si llegará, lo único que poseemos es el momento presente y éste nos sirve para que el futuro sea menos trágico. Por eso vivamos bien el momento presente, confiados en Dios y tomados de su mano caminemos por este mundo con la mirada puesta en el Cielo que nos espera, sabiendo que todo lo de aquí abajo es relativo y pasajero.

Tampoco podemos cambiar nada de nuestro pasado. Hay gente que mira mucho hacia atrás, hacia su vida pasada, sus errores más o menos graves, y se queda anclada en el pasado y queda impotente para vivir bien el momento presente. Que no nos suceda esto a nosotros. Dejemos nuestro pasado a la Misericordia de Dios y avancemos como hombres nuevos, como si recién hubiéramos salido de las manos del Padre, pues de otra manera estaremos desalentados y este recuerdo triste y angustioso del propio pasado solo nos estorbará para vivir con plenitud el momento presente. Ya Jesús lo dice en el Evangelio, que quien pone su mano en el arado y mira hacia atrás, no es apto para el Reino de Dios. Y recordemos que la esposa de Lot se convirtió en estatua de sal por mirar hacia atrás.

Así que tratemos de agradar a Dios en el momento presente que nos toca vivir y no nos angustiemos ni por el pasado ni por el futuro, sino hagamos con fidelidad las cosas de cada día. Por algo el Señor nos enseñó a pedir en el Padrenuestro el pan cotidiano, es decir, pedir el pan día por día, y en ese pan nos quiere indicar que debemos pedir día por día la ayuda del Señor, la voluntad del Señor y vivir día por día nuestra vida sin desalentarnos jamás. Esto lo lograremos con la ayuda de Dios y confiando, confiando, confiando en Él y en su Madre.

(30/SEP/08)

Amor de Jesús por el pecador

Cuánto amor tiene Jesús a los pecadores. Por ellos ha sufrido todos los tormentos de su Pasión. Por ellos ha bajado del Cielo a la tierra y ha recorrido, incansable, los caminos del mundo, y los sigue recorriendo en busca de pecadores.

El mundo induce al hombre a pecar con su mal ambiente y corrupción de costumbres. Y cuando el pobre pecador se da cuenta del estado lastimoso en que se encuentra, solo hay Uno que se compadece de él, y ese es Jesús, que lo perdona y le da una gracia mayor a la que había perdido, siempre y cuando el pecador esté arrepentido y humillado.

¡Qué alegría tener tan tierno Redentor!, que se apiada de las miserias humanas y las transforma en el horno ardiente de su Misericordia infinita. Por eso no nos acobardemos si somos o hemos sido grandes pecadores, aunque nos parezca que nuestros pecados son tantos y tales que el Señor no nos va a perdonar, ¡No desconfiemos jamás de Jesús y vayamos al trono de Su Misericordia!, vayamos a los pies del sacerdote y en una sincera confesión, saquemos de nuestra alma toda la maldad que se ha acumulado. Y seremos felices al deshacernos de ese peso y sentir que el Señor nos abraza amorosamente y nos colma de dones como el padre misericordioso a su hijo pródigo de la parábola del Evangelio.

No tengamos miedo de ir a Dios, que es el único que nos puede sanar de nuestros pecados y es el único que no tiene asco de nosotros cuando todo el mundo nos patea como cosa asquerosa. Recordemos que Jesús es Salvador, y vino a salvar lo que estaba perdido. Y propongamos en adelante no pecar más ayudados con su gracia. Y si volvemos a caer, volvamos a levantarnos una y mil veces, que cada vez nos iremos haciendo más fuertes y con perseverancia alcanzaremos la victoria y entraremos al final en el Cielo donde nos espera nuestro Salvador, con Quien estaremos para siempre unidos y seremos felices eternamente.

(18/SEP/08)

Estamos hechos para Dios

Dios nos ha creado para Él. Con infinito amor el Señor nos creó para Sí, para tenernos con Él para siempre en el Cielo. No defraudemos al Señor, pues solo encontraremos la felicidad en Su Corazón.

San Agustín dice: “Nos has creado para Ti, Señor; y nuestra alma está inquieta hasta que descanse en Ti”. Tenemos hambre de felicidad. Todos los hombres. Pero lamentablemente muchos no saben dónde está esta felicidad y pecan creyendo que así serán felices. Pero luego comprueban que no son felices, sino que al contrario se hacen esclavos del mal. Nosotros, en cambio, debemos saber que la felicidad está en Dios. Ya en este mundo seremos felices si tenemos a Dios en nuestra alma, es decir, si vivimos en Gracia, en amistad con el Señor. Y luego, en la otra vida, vendrá la Felicidad con mayúscula, donde habremos alcanzado el fin para el que fuimos creados: amar a Dios y ser amados por Él.

¿Dios tiene alguna necesidad de nosotros? No. Él se basta a Sí mismo y es completamente e infinitamente feliz, no necesita de nada ni de nadie para ser feliz. Pero quiso que otros seres participaran de esa felicidad, y entonces creó a los hombres, para los cuales hizo el Cielo con sus moradas destinadas a ser habitadas por los hombres. Allí, en el Cielo, está nuestro lugar definitivo. Vivamos esta vida pensando en aquel lugar de ensueño y de felicidad, para poder sobrellevar con entereza las dificultades y pruebas de la vida. No nos atemos a las cosas de este mundo, sino vivamos con los pies sobre la tierra pero el corazón en el Cielo.

(6/SEP/08)

El pecado

El pecado es el único mal del que debemos huir con todas nuestras fuerzas, pidiéndoles ayuda a Dios y a la Virgen para evitarlo a toda costa. Digamos como decían los santos: “Morir antes que pecar”. Pues el pecado es la causa de todo el mal que hay en el mundo. Tanto el mal individual como el mal social, tienen su causa en los pecados de los hombres. Si queremos que el mundo cambie, tratemos de evitar el pecado, cumpliendo los Diez Mandamientos y las enseñanzas de Jesús en el Evangelio, e invitemos a los demás a hacer lo mismo.

Nunca meditamos lo suficiente en que el pecado es el verdadero torturador de Jesús, es el que lo hizo sufrir en la Pasión y el que lo vuelve a crucificar ahora. Pensemos en que cada vez que cometemos un pecado mortal, volvemos a matar al Hijo de Dios y nos condenamos al Infierno, y sólo la misericordia de Dios, a través del sacramento de la Confesión, nos puede sacar de ese estado miserable.

En el mundo aumentan las desgracias de todo tipo, la violencia, la maldad; y esto ocurre porque la humanidad ya no quiere cumplir la Ley del Señor y cada vez la desprecia más y enseña a despreciarla a través de los medios masivos de comunicación, en especial la televisión. Queremos tener una juventud buena, honesta y trabajadora, y no se le enseña religión, y no se le enseña a respetar a Dios y al prójimo. Y entonces ¿de qué nos admiramos cuando vemos tanta maldad en el mundo? Si ya nadie piensa en el Cielo que le espera si es fiel a Dios, o en el Infierno tan terrible si ofende a Dios y al prójimo.

Por eso nosotros, que todavía estamos lúcidos y vemos qué es lo importante y qué es lo secundario, tratemos de no pecar nunca, y si caemos, levantémonos al instante con una sincera confesión con un sacerdote y sigamos en el camino hacia el Cielo. Recordemos que de esto depende nuestro destino eterno: Cielo o Infierno.

Somos apóstoles

Cada cristiano, por ser cristiano, es también apóstol, y debe hacer su apostolado llevando la salvación a todos los hombres, comenzando por los que tiene más cerca.

Para hacer apostolado no hace falta tener dones de oratoria ni carismas especiales, sino que sólo hace falta vivir cristianamente, es decir, dando buen ejemplo a todos, que ya eso es un excelente apostolado.

Pero el que quiera hacer más por Cristo, que rece mucho y ofrezca pequeños sacrificios por la salvación de las almas.

También se puede enseñar al que no sabe, repartiéndole un folleto con alguna devoción o con algún texto edificante, ya que muchos no saben prácticamente nada y están deseosos de que alguien les ilumine en la Verdad.

Debemos ser prudentes y no cansar a las personas, sino actuar siempre con amor y respeto y buscar la ocasión propicia para hacer el apostolado: a veces un buen consejo, a veces una palabra de aliento y a veces el silencio, son formas de llevar a Cristo a las almas y las almas a Cristo.

Por eso TODOS los bautizados somos apóstoles, pues el mundo nos mira y, según sea nuestra conducta, así será también lo que conocerán de Cristo. Entonces recordemos que el primer apostolado es vivir en gracia de Dios y obrando de acuerdo a lo que a Dios le agrada, y así seremos buenos apóstoles del Señor.

No pecar más

Cada uno de nosotros es una célula del Cuerpo Místico de Cristo, que es la Iglesia. Si nuestra vida espiritual es pujante, enriquecemos la santidad de la Iglesia; en cambio, viviendo en pecado somos una célula cancerosa, como un tumor en el seno de nuestra Madre. El que peca, no sólo se hace daño a sí mismo, sino que perjudica también a los demás. Y el que se santifica, no sólo se aprovecha él, sino que ayuda también a los demás.

A veces pensamos que nuestro pecado no hace mal a nadie y, a lo sumo, nos hace mal solo a nosotros. Pero esto no es así por la Comunión de los Santos, porque la Iglesia la forman todos los Santos del Paraíso, las almas del Purgatorio y los que vivimos sobre la tierra, y lo que hacemos cada uno de nosotros repercute en todo este maravilloso organismo.

¡Qué importante es que tratemos de evitar el pecado e intentemos vivir en gracia de Dios y hacernos cada día más santos! Que nuestro lema sea: “Morir, antes que pecar”, pues del pecado proceden todos los males individuales, sociales y mundiales. Si alguien quiere arreglar verdaderamente este mundo, debe decir claramente que todo el mal que hay en él viene del pecado de los hombres y, la solución sería que la humanidad se convierta y vuelva a cumplir los Diez Mandamientos y las enseñanzas de Jesús en el Evangelio. Por eso la Virgen realiza tantas apariciones y da sus mensajes, que no son más que amorosas llamadas a la conversión, al cambio de vida. Recemos para que la humanidad acoja esta invitación de lo alto y vuelva a los brazos del Padre Dios que la espera lleno de amor para vestirla de princesa como hizo el Padre misericordioso de la parábola con su hijo pródigo.

Y Jesús lloró

En varios pasajes el Evangelio nos dice que Jesús lloró. Lloró sobre Jerusalén. Lloró sobre su amigo Lázaro muerto.

¿Y por qué llora Jesús?

Sobre Jerusalén lloró porque esa ciudad, su ciudad, estaba corrompida y endurecida en el pecado. Sobre su amigo Lázaro lloró porque como consecuencia del pecado original el hombre llega a morir y a corromperse en un sepulcro.

Jesús entonces llora por el pecado.

¿Y qué hará al ver nuestra alma? Tendrá una sonrisa plena al ver que estamos en gracia de Dios, en amistad con Él; o más bien derramará lágrimas porque estamos en pecado mortal y hace mucho que no nos confesamos. Ojalá no le causemos tristezas a Jesús y, si estamos en ese estado lamentable de pecado, nos levantemos de él y comencemos una vida nueva.

En estos tiempos se ha perdido conciencia del pecado y muchos lo cometen y ya no se confiesan. Incluso se comete como un ejercicio de la propia libertad. ¿Pero pensamos seriamente que el pecado es lo que llevó al Hijo de Dios a morir tan cruelmente en la Cruz? Si el Señor tuvo que sufrir tanto, es porque el pecado debe ser muy terrible. Así que huyamos del pecado como del único mal, para que el Señor no tenga que llorar por nosotros, y para que no nos deba separar de Él para toda la eternidad en el Infierno.

El silencio

¡Qué falta nos hace en esta vida de hoy el silencio; interior y exterior! El mundo está lleno de ruidos, de palabras, de imágenes, y cuánto cuesta hacer un poco de silencio para meditar las cosas de Dios, las cuestiones trascendentes de la vida como son la salvación de nuestra alma, la muerte, el Juicio, el Cielo y el Infierno.

Cuando queremos ponernos a rezar, nuestra mente está inundada de miles de imágenes que nos han bombardeado durante todo el día y se nos hace muy difícil la concentración en la oración. Por eso ha llegado la hora de que nos defendamos de tanto desorden y evitemos mirar televisión y escuchar radio. No es necesario que lo dejemos de hacer completamente, sino que tengamos precaución y moderación con su uso, evitarlos lo más posible, pues estos medios casi siempre difunden un pensamiento que no es el de Cristo y su Evangelio y, tanto mirar y escuchar, podemos terminar pensando y haciendo conforme al espíritu del mundo, que es contrario a Dios. Somos débiles y tanto escuchar las máximas mundanas, podemos terminar traicionando a Cristo. Por eso atención y vigilancia, que el demonio anda como león rugiente a nuestro alrededor viendo a quién devorar. No seamos soberbios pensando que “a mí no me va a pasar nada si miro esto o escucho aquello”, porque el demonio “entra con la nuestra y se sale con la suya”. Seamos humildes y precavidos, ya que nada de lo que vemos o escuchamos pasa por nosotros sin dejar una huella.

Recordemos que Dios habla en el silencio.

¿Queremos ser felices? Cumplamos los Mandamientos

Todos los hombres queremos ser felices, pero, ¿dónde está la felicidad? ¿En tener dinero, poder, prestigio? No. La felicidad en este mundo está en ser buen cristiano, cumplidor de los Diez Mandamientos y de las enseñanzas de Jesús en el Evangelio. Porque el tener una conciencia tranquila nos hace felices en este mundo, en medio de las pruebas que tendremos que sobrellevar como todos los hombres Y no solamente seremos felices aquí en la tierra sino, lo que es mucho más importante, seremos felices para siempre en el Cielo, después de nuestra muerte.

Jesús nos dice en el Evangelio: ¿De qué le sirve al hombre ganar todo el mundo, gozarlo todo, si después se condena en el Infierno? Por eso nosotros debemos preferir perderlo todo antes que ofender a Dios con el pecado, pues si morimos en pecado mortal perderemos el Cielo y seremos eternamente desgraciados.

Todos los hombres buscan la felicidad; incluso el que peca lo hace para lograr un placer, darse un gusto, porque quiere ser feliz y hace lo que a él le parece que lo hará feliz. Pero después del pecado queda un sabor amargo y descubre que allí no estaba la felicidad, y cada vez se siente más infeliz, aunque a veces trata de disimular con risas, ruido y diversiones. ¡No! La verdadera felicidad en este mundo y en el venidero está en cumplir la voluntad de Dios, en seguir sus enseñanzas.

Jesús no nos promete que no tendremos lágrimas y dolores, pero en el fondo de nuestra alma habrá paz y alegría porque tenemos a Dios con nosotros y en nosotros, ya que poseemos la gracia santificante que es el mayor tesoro que un hombre puede tener. Así que no vayamos por el camino ancho y fácil sino elijamos el camino que lleva al Cielo y que es dificultoso, pero es el único que nos puede hacer felices de verdad.

Nuestro lugar en el Cielo

Cada uno de nosotros tiene reservado un lugar en el Cielo, junto al Padre eterno. Ese lugar lo conquistamos cumpliendo la misión que tenemos aquí en la tierra. Todos los padecimientos que sufrimos aquí abajo, en este mundo oscuro, nos dan méritos para alcanzar ese puesto de felicidad eterna.

Debemos pensar todos los días en ese lugar que nos espera, para poder sobrellevar las pruebas de esta vida presente, sabiendo que al final del camino encontraremos unos brazos amorosos de Padre y el beso de una Madre Inmaculada. Pensemos en la felicidad inimaginable de que gozaremos para siempre y que ya nadie nos la podrá quitar y caminemos con esperanza por este mundo que con sus trampas nos quiere hacer desesperar y desanimar. Por eso recemos frecuentemente los misterios gloriosos del Santo Rosario y pongámonos en ellos como protagonistas del siguiente modo: 1) La resurrección de Jesús: Pensar cuando resucitemos el día del Juicio Final y con nuestro cuerpo abracemos a nuestra Madre la Virgen que tanto ha hecho por nosotros; 2) La Ascensión del Señor: recordemos que Jesús ha subido al Cielo para ir a prepararnos un lugar y que luego vendrá a buscarnos y llevarnos con Él ; 3) La venida del Espíritu Santo: sepamos que si tenemos a María, Esposa del Espíritu, Él vendrá a nosotros en plenitud y nos dará las fuerzas necesarias para vivir esta vida valientemente; 4) La Asunción de María Santísima al Cielo: la Virgen también ha subido al Cielo para ir a prepararnos nuestro lugar. Es el mismo lugar que nos preparó Jesús, pero Ella le dará sus toques femeninos y de Madre y ¡qué maravilloso será cuando estemos allí!; y 5) La Coronación de María Santísima como Reina y Señora de todo lo creado: María es la Reina de todo, ¿qué debemos temer si Ella es nuestra Madre? Refugiémonos bajo su manto para que nos ayude a llegar al lugar predestinado desde toda la eternidad que nos aguarda en el Paraíso.

Vivamos esta vida con la mirada puesta en el Cielo que nos espera, para no perder la fe ni la esperanza.

Persevera y triunfarás

Si bien en las cosas y negocios del mundo, el que persevera triunfa; muchísimo más triunfa el que persevera en la fe, y su triunfo no es pasajero, de este mundo, sino que es un Triunfo eterno, bendito, con mayúscula. Para ello debemos perseverar en la fe, debemos cumplir los diez mandamientos y las enseñanzas de Jesús en el Evangelio cueste lo que cueste y a pesar de todas las astucias del demonio, del ambiente contrario que hay en el mundo y de las pasiones de la carne.

Vivimos en un tiempo muy difícil en que se nos quiere robar la gracia de Dios y hacernos perder con ello el Cielo que nos espera. Por eso debemos ser fieles a Dios cumpliendo sus mandatos y no desanimarnos si caemos de vez en cuando o muy seguido en pecado, sino que SIEMPRE debemos levantarnos con una completa y sincera confesión con un sacerdote y seguir adelante, que Dios viendo nuestra buena voluntad no nos dejará solos sino que nos ayudará a conquistar el premio eterno.

Y para lograr el premio tenemos que rezar, y rezar mucho, pues todas las gracias y auxilios Dios los otorga a quien reza, y en nuestro rezo debemos pedir la “perseverancia final” como la pidieron todos los santos, es decir, pedir que nos encontremos en gracia de Dios en el momento de nuestra muerte ya que, como sabemos, en ese momento es cuando se decide nuestra eternidad de gozo o de horror, Cielo o Infierno. Por ello debemos pedir que en ese momento supremo de la muerte no nos encontremos en pecado mortal.

Recordemos las palabras de Jesús cuando se refiere a las calamidades de los últimos tiempos y dice que “el que persevere hasta el fin, ése se salvará”. Perseveremos entonces.

Lo importante es salvar el alma

Yo, ¿para qué nací? Para salvarme.

Que tengo que morir, es infalible.

Dejar de ver a Dios y condenarme,

triste cosa será, pero posible.

 

¡Posible! ¿Y río, y duermo, y quiero holgarme?

¡Posible! ¿Y tengo amor a lo visible?

¿Qué hago? ¿En qué me ocupo? ¿En qué me encanto?

Loco debo de ser, pues no soy santo. 

                                                      Lope de Vega

Tiene mucha razón el poeta en estos versos que dicen una verdad que debemos recordar desde que nos levantamos hasta que nos acostamos: Que lo importante es salvar el alma. Porque si al final de esta vida nos salvamos y vamos al Cielo, cantaremos victoria y seremos felices para siempre. Pero si en cambio nos condenamos para siempre en el Infierno, seremos unos eternos fracasados y nuestra vida habrá sido en vano.

Por eso tenemos que poner todo nuestro empeño en salvar el alma, pues esa es la cuestión más importante para nosotros. Es más, esa es la ÚNICA cuestión realmente importante. Así que a poner manos a la obra y utilizar todos los medios a nuestro alcance para asegurarnos la felicidad eterna en el Cielo junto a Dios y a nuestros seres queridos.

Secundar el plan de Dios. 

Todo el pueblo que lo escuchaba, incluso los publicanos, reconocieron la justicia de Dios, recibiendo el bautismo de Juan. Pero los fariseos y los doctores de la Ley, al no hacerse bautizar por él, frustraron el designio de Dios para con ellos. (Lc 7,29-30) 

Dios tiene preparado un lugar en el Cielo para cada uno de nosotros. Dios tiene un plan y nosotros debemos secundar ese plan para alcanzar la Gloria. Este plan lo descubrimos en la oración y también en la oración recibimos fuerzas y gracias para llevarlo a cabo, pues Dios tiene preparadas muchas gracias para nosotros pero Él nos las dará con la condición de que se las pidamos en la oración.

En este pasaje evangélico vemos cómo los fariseos y doctores de la Ley frustraron los planes de Dios sobre ellos. Es decir, se condenaron, pues al no secundar el plan de Dios, cayeron en la Muerte.

Por eso ¡qué importante es que recemos, y que recemos mucho! pues Dios que todo lo sabe, desde toda la eternidad nos ha preparado gracias para ayudarnos a alcanzar el lugar que nos tiene preparado en el Cielo; pero esas gracias nos las concederá siempre y cuando recemos. De lo contrario, esas gracias no las recibiremos y no se realizarán los planes de Dios para nosotros.

¿Qué debemos hacer entonces? Orar, orar y una vez más orar, especialmente con la oración del Santo Rosario, ya que así conoceremos la Voluntad de Dios para nosotros y tendremos fuerzas y ánimo para llevar adelante nuestra santificación.


Obrar por amor a Dios. 

Hay algo fundamental que debemos tener en claro para ser buenos católicos y llegar a ser santos, y es el obrar por amor a Dios.

Todo lo que hacemos cada día debe ser hecho por amor a Dios, y especialmente aquellas cosas que más nos cuestan. Por ejemplo: tengo que tender una cama, pienso que en ella dormirá Jesús, y lo hago por amor a Él; tengo por delante un día de trabajo complicado, lo realizo por amor a Dios diciéndole, por ejemplo: “Señor, este día de trabajo me va a costar mucho sobrellevarlo. Te pido ayuda para que lo pueda hacer todo bien y te lo ofrezco con amor y como reparación por mis pecados y los de todo el mundo”.

En cada acción decir: “Señor, es por tu amor”; “Señor, porque te amo hago esto o aquello”, y cumplir así nuestro deber de todos los días. Por ejemplo: estoy sentado cómodamente y me mandan a hacer algún mandado, al punto me levanto y obedezco por amor a Dios; y así en todas las demás acciones del día. Si hacemos esto estaremos cumpliendo el primer mandamiento de amar a Dios sobre todas las cosas y, por ser serviciales y prontos a hacer favores a nuestro prójimo, estaremos también cumpliendo el mandamiento del amor al prójimo como a nosotros mismos. Pero, además, estaremos siguiendo el consejo que nos da el Señor en el Evangelio cuando dice que el que quiera seguirlo que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y le siga. Nosotros con este modo de obrar estaremos renunciando a nosotros mismos como Jesús nos lo pide. Y veremos que durante el día tenemos muchísimas ocasiones para amar a Dios.

Pero también sabemos que nadie puede amar lo que no conoce. Por eso debemos conocer cada vez mejor a Dios a través de la lectura de la Palabra de Dios, en especial del Evangelio, a través de la oración en especial frente al Sagrario, y también leyendo libros piadosos de Santos o de personas inspiradas por el Espíritu Santo, y que la Iglesia reconoce como tales. Así conoceremos más a Dios y lo amaremos cada día más. 

Jesús, María, os amo, salvad las almas.

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